A una universidad con más de 232 años de historia no
la van a amilanar, podrán actuar con la ley de la fuerza,
a nosotros nos queda
la dignidad
Mario Bonucci
Todavía con el miedo en el cuerpo, la voz se le quiebra
cuando pide por favor no ser mencionada. Teme a represalias, pero quiere desahogarse,
sacarse de adentro el sabor a ultraje. Gritar. Desanimada por la poca afluencia
de gente a un acto de desagravio en el que, según ella, debería estar toda Mérida, se apropia de un pequeño rincón
que le dejan libre en la puerta misma de ULA TV para decir con tristeza que a
pesar de las amenazas, ella creía que nunca se atreverían a cerrarlos así, con
tanta maldad.
Es la más reciente de las acciones que parecen destinadas a
quebrar la Universidad de Los Andes. Ayer jueves 15 de junio, la señal de ULA TV, el canal de televisión de
la Universidad, que ofrece cobertura regional, fue sacada del aire antes de que
sus directivos fueran participados oficialmente de que el apagón era el
resultado de las pesquisas iniciadas el martes 13 por supervisores de
CONATEL.
- - Llegaron
en grupo, con esa especie de amabilidad del que sabe que tiene poder y se
instalaron casi todo el día entrando y saliendo de las oficinas; creo que lo
revisaron todo, todo. Creo que no dejaron sin mirar ni por debajo de las mesas.
Nosotros sabíamos que estaban buscando una excusa y la verdad, estábamos preocupados
de que fueran capaces hasta de “sembrarnos” algo. Al final no lo hicieron, pero
es porque tenían el caso sembrado - es la reflexión de quien ha vivido con
angustia el proceso de cierre que bien podría condenarla a languidecer sus días
en alguna oficina prestada, cumpliendo horario y esperando una jubilación que
posiblemente nunca llegue.
La señal se apagó, cuenta uno de los técnicos, cuando faltaba un cuarto para las diez de la
mañana.
-
- Nos fuimos a negro y no entendíamos. Pensábamos
que podía ser un problema técnico, que se había ido la luz, hasta que nos acordamos
de la visita de CONATEL, no necesitamos
ninguna aclaratoria -
No la necesitaron porque la esperaban. Desde que hace 75 días
empezaron las protestas que mantienen en vilo al país y en jaque al gobierno,
Alexis Ramírez, gobernador de Mérida, ha
abundado en amenazas contra la Universidad en general y contra sus medios de comunicación
en particular. La ULA tiene dos: una estación de radio (ULA FM 97.7) y un canal
de televisión local; de este último, puede leerse en su página web que “pretende ser un canal
de TV alternativo, ofreciendo en señal abierta una programación nunca vista en
un canal comercial: producciones propias donde se resaltan el quehacer
académico, científico, cultural, de extensión y de investigación, documentales,
cine de Asia y África, productos realizados por otras universidades de
Venezuela, y revistas académicas producidas por alumnos y profesores de la
institución que son la punta de lanza que identifica desde lejos a nuestro
canal”
Hoy, ese proyecto
educativo que por su amplitud beneficia a todos los merideños, ha sido privado
de su espacio pese al perjuicio que eso pueda ocasionarle a la ciudad, ya que no
solo ordenaron apagar la señal sino que, en un acto que deja sin lugar el derecho a la
defensa, decomisaron los transmisores
ubicados en la Estación La Aguada del Sistema Teleférico de Mérida; sin ellos,
su salida por televisión es imposible. Solo queda la opción de verlos por
Youtube o cualquier otra vía digital, mientras CONATEL no cierre esa ventana.
En la mañana de hoy, el Rector de la Universidad, Dr. Mario Bonucci recibió una
carta en la que le informan que la investigación promovida por la institución que regula las telecomunicaciones
en Venezuela, pretende evaluar también el funcionamiento del Internet de la
Universidad.

Los ojos más tristes que pueden hallarse en la ciudad a esa hora son los de ella, miembro de una de las primeras promociones de
esa escuela. Hubiese preferido no enterarse nunca de ese análisis tan claro. Aun así,
no se le borra la sonrisa torcida, se suma a la tristeza infinita de sus ojos y
recuerda una historia de la que es arte y parte.
ULA TV transmite formalmente desde el 2 de octubre de 1999, cuando
era el canal 22 y se conocía como AULA 22. Ese día, inició sus transmisiones con barras por 23
largos días de prueba: el 25 de octubre hizo sus primeras pruebas de video y
fue rebautizado como ULA TV, el modesto y discreto canal de televisión al que
se sintonizan los merideños que buscan información. El modesto canal de televisión
que se ha dedicado, sin descanso, a cubrir las diarias protestas que ha
enfrentado el gobierno, sin omitir detalle y, muchas veces, sin tomar más partido que el de
informar.
La consigna muchas veces repetida la trae de nuevo a tierra. Cientos
de voces la repiten: “viva la u, viva la u, viva la universidad”
deviene canto de honor que logra transformar la sonrisa torcida en voz potente
que se alza en el momento en que, en la
esquina de la calle 29 aparecen, en un solo bloque, los miembros más destacados del Consejo Universitario
y las autoridades rectorales, con una notable ausencia, se unen a la manifestación
de la “U” El rector, Mario Bonucci abre fuegos:
-
“Sabíamos
que sucedería, hace más de tres meses que las amenazas eran diarias, no es otra
cosa que una nueva afrenta. ULA TV ha sido acusada de presunta clandestinidad.
Se nos ha querido aplicar las secciones primeras de los artículos 165 y 172 de
la ley de medios, desconociendo que ULA TV es un medio de comunicación amparado
en un decreto del Dr. Ramon J Velasquez emitido durante su presidencia que ha
cumplido con todos los requisitos de ley para funcionar debidamente. Consta en
nuestros archivos las repetidas solicitudes que en cumplimiento de dichos artículos
se han dirigido a CONATEL y el pago de los respectivos aranceles. Mal se puede
hablar de medio clandestino. La clandestinidad no se presume, la clandestinidad
se ejerce y nosotros no la hemos ejercido. ULA TV no se calla. ULA TV no cierra
sus puertas. ULA TV se actualiza a los tiempos y desde anoche empieza a
transmitir por streaming. Estamos
seguros que seguiremos prestando un servicio a la libertad y la democracia”
Es casi mediodía y el sol de la sierra pica. La concentración
se disuelve lentamente y ella, parada en el pequeño rincón que le dejan libre
en la puerta misma de ULA TV, toma un poco de agua y pregunta eficientemente si
han transmitido las palabras del rector. Le responden que sí, que han salido
por la emisora FM. Un nuevo velo de tristeza parece cubrirla:
- - A
la radio también nos la van a cerrar, escríbelo. Esa es la próxima.
Sin despedirse de nadie camina hasta la puerta del edificio
donde todo el mundo sabe que
funcionan los medios de comunicación de la ULA. El sonido de sus tacones en la
acera marcan la rabia. La mirada en el suelo habla de miedo.
Ella no se graduó en la escuela de medios ni para irse del país,
ni para languidecer en una oficina perdida en este campus universitario enorme
que es Mérida.
Ella no sabe qué hacer, pero no quiere que nadie diga su
nombre.