Las semanas que más me asustan, son las que llenan las noticias de pequeñas tonterías que pasan casi inadvertidas pues son, después de todo, un poco más de lo mismo. Metidas de pata a las que ya nadie presta atención; regalos que no molestan a nadie, porque se suman a la increíble cantidad de dinero venezolano circulando en los “países amigos” o avances notables de la criminalidad, que tampoco sorprenden, pues vivimos esperando el parte de guerra de cada lunes, en el que agradecemos infinitamente a Dios, no encontrar en ellos, el nombre de aquellos a quienes queremos.
Algunas veces, sin embargo, algo pasa que despierta las ganas de sonreír y creer que sinceramente, no todo se ha perdido. Ayer fue uno de esos días de tímida alegría, que parece confirmada por la posterior observación de las horas transcurridas: las elecciones primarias organizadas por la Mesa de la Unidad Democrática salieron bien. Los electores c
onvocados, (ese miedo terrible a la abstención que molesta cada proceso electoral) acudieron a las urnas y expresaron su opinión. Los candidatos favorecidos por esos votos, fueron relativamente cautos en su aproximación a este primer triunfo y los que no resultaron electos, mostraron cierta gallardía, inusual en la política venezolana de pleitico cazado.
Tal vez sea demasiado temprano para hacer un análisis más profundo del día de ayer; análisis que en todo caso no seré yo quien haga. Simplemente me permito pensar y expresar, que en medio de tan pesimista vivir, una prueba de fuego para la vapuleada democracia venezolana, fue superada con honores.
Habrá que declararse en oración permanente para que siga la luna de miel y no revivamos nunca a los revanchistas, los machitos y los apatusqueros.
¡¡Que no sea frágil mi Dios, que no sea frágil!!
