
El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en apasionados opinadores de resignado estilo, siempre dispuestos a brindar el tonto consuelo de lo que nunca sucedió. Si nos roban el auto, por ejemplo, todos nuestros amigos intentaràn aliviarnos la rabia con el estéril argumento de haber salvado la vida, al menos; como si la violencia de ser despojado de tu auto no fuera suficiente afrenta. Si perdemos el empleo, siempre estará el recurso sanador de que al menos te pagaron una liquidación con la que vivirás hasta que aparezca otra cosa. Para cualquier desatino del destino, sea buscado o no, siempre existe la certeza de que pueden pasarte cosas mucho peores a las que están sucediéndote.
El sábado pasado, ante las medidas económicas que promulgó el gobierno, mucha gente celebró que la gasolina mantuviera el mismo precio simbólico de un país en quiebra. Es decir, las medidas económicas no fueron “tan malas”. Vamos a pagar un impuesto al gasto mucho más alto, pero de eso no se ha dado cuenta nadie, gracias al prodigio que nos deja pagando lo mismo por el tanque de gasolina y nos matiza el miedo que le tenemos a ese aumento, el único que realmente necesita la desgastada economía del país, en caso de que a alguien le importara ese tema, de verdad. En este país, la gasolina es tan absurdamente barata que incluso si doblan el precio actual, un tanque de gasolina no costaría más de cuatro dólares. ¿Por qué seguimos pensando que la crisis económica esta íntimamente ligada al aumento de la gasolina?
La crisis económica - con o sin gastos suntuarios - (Dios de mi vida… ¡que palabreja!) es una realidad que nada tiene que ver con el precio de la gasolina y sí con los anaqueles del supermercado y las sutiles diferencias en los tamaños del envase de ciertos productos fundamentales o la ausencia misteriosa de otros. Respeto el derecho de los demás a seguir pensando que nada de lo decretado por la voz altiva del teniente coronel, tendrá un efecto negativo en nuestra perjudicada economía doméstica. Respeto el derecho de los opinadores a decir que mientras la gasolina no suba de precio, todo está bien. Yo creo que esa, como muchas otras, es una opinión equivocada. Pero, de equivocaciones estamos viviendo hace más de 50 años.