
Hasta donde sé, Alicia proviene de una familia muy clase media - de esas que te dan una buena educación por toda herencia - y tiene metas claras en su vida: Estudió Derecho en la ULA y desde su graduación como Abogado (¿se dice abogada?) ha hecho cuanto curso y diplomado se le ha cruzado en el camino, mientras trabaja en asuntos de tipo “social – solidario” Su sueño, de verdad, es llegar a juez. No sé porque quiere semejante empastelamiento, pero eso es lo que aspira.
Hace poco menos de dos años, Alicia empezó a trabajar en un proyecto comunitario tan exitoso (según propia opinión) que al gobierno regional, no le quedó otra que incluirlo (a ella también) en un grupo que irá a Rusia - a algún intercambio misterioso entre gobiernos panas - a hablar de cosas sociales y solidaridad. Alicia recibió la noticia con alegría responsable, podríamos decir: durante más de 6 meses ha estado preparándose física e intelectualmente para no fallar: estudió cultura, costumbres rusas y algo más, mientras dedicaba horas extras a la presentación mejor lograda de proyecto alguno jamás.
La semana pasada fue la última reunión en la oficina del Ministerio del Interior que está organizando la tournée. Alicia fue de las primeras en llegar; atendió instrucciones, escuchó discursos, aplaudió decisiones y empezó a soñar con la plaza Roja y la momia de Lenin, hasta que la directora encargada del asunto, pronunció su nombre: Alicia no va pa´l baile. La presentación sin igual, los meses de preparación, los abrigos, los guantes y hasta los recuerditos que llevaba para complacer a los rusos, se regresaron a Mérida, junto a la maleta de frustraciones de Alicia. ¿La razón? Alicia firmó. Alicia, alguna vez, long time ago, entró en la lista Tascón. Se lo dijeron sin cortapisas. Se lo explicaron, es más: ante semejante afrenta autógrafa, Alicia se queda sin boleto para Stalingrado, sin ventanal de la Zarina, sin Bujarin doliente.
Me la encontré ayer en la calle, está desolada y ciertamente muy preocupada. Apenas terminen las Ferias del Sol, piensa irse a Caracas a tratar de limpiar su buen nombre revolucionario. Algunas personas le han asegurado que es posible borrarse de la lista. Ella no arriesga más su futuro. Si tiene que suplicar, si tiene que pagar, si tiene que llorar para que la borren de la famosa Lista, ella piensa que vale la pena y lo hará. Lo que está en medio de la lista Tascon y su futuro, son sus aspiraciones y un garabato.
Todo lo demás no le importa.
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