Espero también que no se me pase la preocupación ni se me acabe el susto. Pero, sobre todo, espero no convertirme en un hereje. Espero no tener que bailar sobre su tumba, ni alegrarme por su muerte o su sufrimiento; espero, como dijo mi amiga Carolina, tener fe de que estará rindiendo cuentas ante el único tribunal que no pudo comprar. Espero comprender a los que lo lloran, a los que se sienten huérfanos y a los que lo adversan. Sin embargo, no quiero comprender a los que desde el exilio, dan muestra de una venezolanidad que no me pertenece.
Construir un futuro sobre el cadáver de un hombre, seguramente es pavoso. Sentirse feliz por la muerte de un hombre no es nuestro. Los venezolanos de bien no reaccionamos así. No bailamos los funerales de nadie, no irrespetamos. Prefiero creer que no hemos cambiado tanto. Sencillamente, no me parece necesario guardarle rencor a un muerto, no me parece apropiado. Es una energía dañina, es agua sucia que se empoza en alguno de los desagües del alma y nos corroe sin remedio.
Sí, yo sí creo que haya que pedir por el descanso de su alma. Yo sí creo que debemos pedir que descanse en paz, yo sí creo que debemos, cómo me enseño mi madre, esperar que Dios lo saque de penas y lo lleve a descansar. Sé que muchos venezolanos no han tenido ni tienen paz en sus almas y en sus cuerpos, por su culpa. Sé que nos dividió, nos partió en dos una historia que ahora nadie conoce; sé que nos hizo daño a cuenta de su fría crueldad inconmensurable. Todo eso lo sé y lo siento muy dentro de mí. Pero, ya no podré cobrárselo, ya nadie podrá cobrárselo.
Ni modo, se nos adelantó Dios. Fue su destino inexorable. Que se ocupe Dios de ajustar cuentas; yo no puedo, lo siento; mi religión no me lo permite. Yo creo en el perdón, yo trataré de aprender a extender la mano, cosa a la que tampoco me atrevo hoy – todo hay que decirlo - y aprenderé a vivir con las malas noticias que vienen y a cuidarme, de mí y de mis demonios.
Los que celebran su muerte, los que bailan sobre su féretro, nos llenan de vergüenza y oprobio. Están equivocados y no tienen derecho a estarlo. Nosotros, aun desde el odio, se supone que no somos así, que no somos eso, que no fuimos criados de ese modo.
Soy de los que creo que ha llegado la hora del recogimiento y la reflexión. Posiblemente, ha llegado el futuro. Vamos a salir a saludarlo con humildad y decencia.
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