Creo que no había transcurrido una hora del anuncio de su nombre por parte del Proto Díacono Vaticano cuando empezaron a circular documentos de la prensa argentina que lo desprestigiaban seriamente, acusándolo de comportamientos bastante indignos en los tiempos horribles de la dictadura. En esa tarea, ingrata e irrespetuosa, no entro. Mi asunto, por purista es sí, quienes andan locos de contento con su cargamento, no han cometido un error, afirmando a los cuatro vientos que el nuevo Papa Francisco (quien no usará número tras su apelativo papal, a pesar de ser el primero) es un cura Jesuita. Voy a resolverlo rápidamente y argumentarlo enseguida: En realidad, jurídicamente hablando, Su Eminencia Jorge Mario Cardenal Bergoglio, el Papa Francisco, no es Jesuita. No, en la actualidad.
Fue la más importante discusión que tuvimos en la oficina al conocer la noticia, que nos llenó de gozo, de paso sea dicho. Discusión en la que participó, para suerte nuestra, un ex - sacerdote Jesuita y que sucedió, acertadamente, en un ambiente Jesuita. Veamos: los curas Jesuitas, entre los votos que hacen al profesar, expresan (está dicho en el artículo 138 de la Constitución de la Compañía de Jesús) su decisión de no “ambicionar dignidades eclesiásticas”. Es decir, el voto de humildad, que es uno de los más importantes votos del tercer grado, implica expresamente que un sacerdote Jesuita NO PUEDE (no debe, para ser más leves) ocupar cargo alguno en la Jerarquía general de la Iglesia Católica; excepción hecha de una posición en el Tribunal Eclesiástico…(si, por razones obvias). Para hacerlo, es decir, para satisfacer su ego y aceptar un obispado, por ejemplo, requiere de una dispensa especial que lo pone fuera de la orden religiosa. Dicho de otra forma: está obligado a dimitir, (la palabra la puso de moda Benedicto). De dimitir a la Compañía de Jesús, no al sacerdocio. Ojo; y se convierte en un sacerdote Diocesano, es decir, en un sacerdote “por la libre” que debe obediencia y lealtad al obispo de una Diócesis que quiera acogerlo.
En el caso de Su Santidad, sin embargo, este detalle que parece sin importancia, tiene sus bemoles, más bien de carácter político. Sí, jurídicamente el Papa Francisco no es Jesuita; para la Compañía de Jesús, su elección como Papa es un golpe providencial de mercadeo y jamás aceptará que, en estricto cumplimiento de la letra que soporta su existencia, haya dejado de serlo. Para el resto de nosotros, creo que lo que cuenta es que su formación ideológica y filosófica es Jesuita, una orden conocida por la inteligencia de sus miembros. Tal vez haya que mencionar, de paso, que se trata de una formación en el ala argentina de la Compañía de Jesús, ortodoxa y derechista como ninguna otra y eso, quizás, explique sus enfrentamientos con la parejita aquella; pero, no vale la pena, ahora, ahondar en eso. La verdad es que Jorge Mario Cardenal Bergoglio, ha debido renunciar a su condición de Jesuita al haber recibido la mitra obispal, hace algunos años; por lo tanto, no ha llegado al pontificado vistiendo los hábitos de la Compañía de Jesús; pero si, las enseñanzas de San Ignacio de Loyola.
Después de todo, es sano recordar que ni se deja de ser puta, ni se deja de ser Jesuita de manera tan fácil.
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