sábado, 23 de mayo de 2015

¿Susceptibilidades?...las justas.

Hace pocos días, muy para mi desconsuelo,  una conocida mía que vive fuera de Venezuela hace muchos años, vino de vacaciones. Yo ni siquiera lo sabia; pero tuve la mala suerte de conseguirla en una oficina bancaria. Me sorprendió mucho verla pues la se exitosa en algún país europeo. Me acerqué a saludarla y con genuina ingenuidad le pregunté, ¿Qué haces tú aquí? Nada más. Eso bastó para que ella montara un escándalo (desmedido, para mi gusto) en el que dejo salir toda la frustración que le produce ser la venezolana condenada por todo el mundo debido a su condición de exiliada. Ninguna otra justificación puedo darle a ese desafortunado desencuentro. Yo no soy de los que critica el exilio, al contrario lo aúpo; pero, ni  por una razón ni por otra, merecía semejante mal rato. Creo yo.
Días mas tarde,  una mujer desconocida, pero de muy buen ver, decidió pegarme la insultada de mi vida porque, sencillamente, no la vi en el estacionamiento de un centro comercial y le obstaculicé por un par de minutos su torpe maniobra de salida. Me puso verde, literalmente; mientras lo hacía, yo no podía parar de mirar su buena pinta, la cartera de firma y las pulseras “tendencia” que retintineaban con cada insulto. Si ella estaba fuera de sí, (sabe Dios porque, lo que yo hice no era para tanto) yo estaba impactado, la guapa del día se había transfigurado en un monstruo tan odioso que daba pesar.
Mudándome, cosa en la que ando por estos días, he tenido que sortear  todo tipo de antipáticas negociaciones para que mi viejo Tempra pase la noche en el mejor estado posible,  pues uno de mis nuevos vecinos encuentra difícil ceder la comodidad con la que él estaciona su motocicleta y se ha ocupado de hacérmelo saber, ofendido por mis intenciones aviesas de compartir con él un espacio que, de todos modos, sirve para cuatro camionetas. He conseguido que lo entienda es cierto, pero, mucha hostilidad me tuve que comer en el intento. 
Podría seguir contando anécdotas, (en los últimos días me han llamado racista, me han gritado durísimo, me han recordado mi mamá e, incontables veces, he sido el viejo XXXX – póngale el insulto que mejor le cuadre – y no soy el único)   Es como si el siglo XXI,  hubiese venido envuelto en  intocable susceptibilidad  o,  que  esta complicación inmensurable que conocemos como país se viviera merced a un gran dolor buscando salida. Razones sobran, indudablemente; aquí, con el perdón de Santa Teresa, todo nos turba, todo nos espanta. No tenemos ninguna razón para entender la guerra del día a día, ni cosa alguna que permita un respiro, ninguna buena noticia en ciernes; entonces, hemos  decidido vivir de espaldas a la naturalidad, esa cualidad estupenda de la Venezuela de antes en la que cierta flexibilidad Caribe  nos permitía resolver con sonrisas y buenas formas, el lado oscuro del otro. No deja de ser una pena, (especialmente para mí que pierde en este arranque de susceptibilidades mucho de su escasa estabilidad) y  lo  más grave es que está alcanzando unos niveles bastante difíciles de relacionar con lo que uno siempre conoció y apreció como propio.
En estos días pasados, una adorable perrita murió en circunstancias muy tristes. Palabras más palabras menos, fue víctima de mala praxis (o de abuso, no lo sé bien) ; lo cierto es que #Cotufa entró a una clínica veterinaria para recibir atención básica o algo por el estilo y salió de allí muerta; alguien lo supo, apeló a una red social (donde si no) y en poco, la triste noticia era viral en las redes sociales y el Hashtag daba vueltas por el mundo. Está muy bien, muy bien, ese tipo de denuncias son indispensables; es posible que al hacerlo se haya librado otra mascota de una suerte similar; pero, en nuestras circunstancias actuales, ¿ese escándalo era necesario? El mismo día, o un par de días después, al llegar a su casa después de un largo y habitual día de trabajo duro, un joven médico oncólogo pediatra fue asesinado a puñaladas, dejando sin seguimiento médico un grupo de 138 niños enfermos de cáncer, una familia devastada, y un hospital - ya bastante calamitoso - en estado de luto estricto. Pues bien, Jesús Reyes, nunca fue trending topic. Tampoco pasó desapercibido, es cierto, pero su muerte (tan trágica e innecesaria como todas las que día a día nos conmocionan pero muchísimo más triste por lo que implica) no logro el rating de #Cotufa. Tan simple como eso. Veámoslo bien: Jesús Reyes salvaba vidas, o por lo menos se ocupaba de hacer que niños enfermos de cáncer estuvieran tan bien atendidos como la situación-actual lo permite. Jesús Reyes, según parece, era un incansable gladiador de hospitales públicos, eso en Venezuela es demasiado difícil de emular. Cotufa, con todo lo linda que era y con todo lo dolorosa que fue su muerte, hacia feliz a una familia a la que le sobraba tiempo para jugar con ella. Ninguna cosa es peor o mejor que otra. Es más, a lo mejor son incomparables, pero nunca me voy a cansar de decir que cada tweet lamentando la muerte de Cotufa, debería haber sido acompañado por cien expresando la indignación que nos tiene que producir la muerte del Doctor Jesús Reyes. Eso no sucedió y yo lo lamento. Debe ser que este batiburrillo emocional que-nos-está-pasando, da para poner el acento en el sitio en que no va. Punto.

sábado, 16 de mayo de 2015

Chequera mata galán....


El reciente y abrumador triunfo del partido conservador en las elecciones del Reino Unido, (cuyo abanderado, cumpliendo un mandato más protocolar que político, ha recibido la bendición de SM Isabel II para que forme gobierno) ; los resultados de las encuestas más serias realizadas en España, que le dan un porcentaje relativamente cómodo al Partido Popular para alzarse con un decente numero de primeras posiciones (a pesar de los malos Ratos) en las próximas elecciones municipales, o el respaldo otorgado a Ángela Merkel frente a la cancillería alemana, si bien pueden ser vistos como reacciones lógicas a procesos democráticos sustentados por el miedo a repetir los horrores del pasado, están comenzando a demostrar una verdad irrefutable: la usó Bill Clinton como mantra para arrebatarle la Casa Blanca al muy gris y circunspecto Presidente Bush (padre): "es la economía, estúpido".
No hay ni el más pequeño espacio para la duda: la primera y más importante exigencia de los electores en cualquier lugar del mundo en que se celebran elecciones libres, es la de ejercer su derecho a vivir lo mejor posible; es decir,  en su acepción más rupestre, manejar con inteligencia (y probidad) los dineros de una nación. Usted puede mostrar evidencias de que, en su desempeño como líder del gobierno de un estado, su nivel de vida comienza a ser mejor y, usted puede asegurar que su partido ganará una y mil veces las próximas elecciones. No importa si, como David Cameron, usted es un hombre que exuda antipatía y engreimiento.
Otro ejemplo europeo, visto muy a vuelo de pájaro, viene a cuento: el desplome de ese "partido" de comiquitas bautizado en España como Podemos, al que hace apenas un par de meses se le consideraba el coco a vencer por los políticos del establishment. Pablo Iglesias y su pobre discurso populista radical de izquierda, convirtió una opción respetable de voto en una mamarrachada de lo peor que Venezuela, Cuba y Bolivia tienen que ofrecerle al mundo, el resultado: su intención de voto se reduce a un 18% y su programa de gobierno empieza a sonar a más de lo mismo en crisis.
¿Qué está pasando?: esa es una pregunta para economistas muy cultos. Pero, parece que los europeos entendieron que, con simples ayuditas para mientras tanto no se vive y que el camino, el gran camino, conduce a trabajar sin descanso - y sin cortapisas impuestas -  para asegurarse una vida decente. Nada más. Si a esa recuperación económica va aparejada una medida (despreciable, cierto es) endurecedora de las condiciones para emigrar, o un líder poco carismático o una discusión estéril e interminable sobre el destino de los dialectos en que tienen que hablar, pasa, es lo que hay.  Lo que importa es trabajar en paz. Vivir en medio de un mínimo confort (cosa que a los europeos les tomó décadas comprender) y tener derecho a que la plata que tienes en tu bolsillo sirva para comprar un sándwich y una planta de orquídeas si es que te dio por ahí y, a saber con alguna certeza que nadie te la está robando. Todo lo demás, (discúlpenme la insistencia) es accesorio: déjeme ganar – y gastar -  mi dinero como yo piense,  y yo le doy mi voto. No me convierta en méndigo de su populismo.
Al parecer, esa simplista forma de entender el asunto ha sido tomada muy en serio, por la gente seria que gobierna países llamados “del primer mundo” los que, aun con el abucheo permanente a que se someten, van convirtiendo Europa en el modelo a imitar, con todo y Grecia, el alto desempleo y las pateras que cruzan el mar mediterráneo llenándolo de muerte. Setenta años hace que terminó la más cruenta guerra que padecieron, setenta. Menos que la vida promedio de quienes lo habitan; pues bien, en setenta años, el milagro alemán no deja de sorprender a quienes lo estudian. El Reino Unido no puede parar de presumir de contar con una de las más fuertes (y estables) monedas del continente y los españoles, por mencionar solo los tres ejemplos con los que inicio esta nota, parecen ir, aun con todos sus desaguisados, en camino a salir del horrible problemón. No hizo falta más nada para acabar con los fantasmas perversos del populismo; perdón, si, en realidad hizo falta, además, convencerse de que hombro con hombro era posible dejar atrás la mortandad y el espanto de la guerra para esforzarse un poquito en adecentar esa cosa extraña que llaman la administración pública. Es cierto, como no, que apenas están comenzando, pero hay ejemplos palpables (tomados seguramente en cuenta por el ciudadano de a pie para sentir - y ejercer - un respiro): la caída del Presiden Pujol, por ejemplo, o la ley de transparencia recientemente aprobada por el Reino Unido, cuya única carencia es la exclusión de la familia real de la obligación de cumplirla. (Sé que es discutible, pero ni modo, los reyes ingleses son irreprochables. Punto). Todos los demás tienen la obligación de publicar sus cuentas de ingresos y egresos a la fecha actual. Mejor aún, los ciudadanos ingleses se pueden "agarrar de ahí" para exigir explicaciones...y lo hacen.
Sé que el tema es enrevesado, pero aun cuando la mayoría de las veces pienso que los políticos EN EL MUNDO ENTERO, son una raza completamente prescindible, hay llamadas de atención - hechas por ciudadanos - que me obligan a admitir preferencias por quienes, para bien y para mal, han comenzado a operar en sus países milagros de recuperación económica alejada del populismo que, aun cuando requieren ajustes mucho más profundos, sobre todos aquellos que resuelven o ayudan a resolver el terrible asuntillo de la corrupción, son indicadores que señalan cada vez más la obligación de andar en esa dirección.
Lo lamentable es que son ejemplos que a los demás no le sirven para nada,  nadie aprende de experiencia ajena; si lo dudamos,  demos una rápida mirada a suelo patrio aunque parezca tanto un disparate como un viraje demasiado violento: nuestro  difunto intergaláctico usó una chequera - que no le pertenecía - para comprar las conciencias del mundo y, por ese mismo desaguadero, mandó al demonio su proyecto mesiánico (hoy cuenta con un nivel de respaldo patéticamente bajo) mientras un empresario -  de éxito económico incuestionable - ve agigantarse su cuarto de hora. Parece que la realidad de la Venezuela del siglo XXI, que a propósito he dejado para el final,  puede escribirse en dos líneas, quizás por un refrán tan venezolano como la arepa: Chequera mata galán. Yo me permito agregarle, un poco en tono de consejo que,  bien llevada, consigue votos. Todos.

domingo, 10 de mayo de 2015

Madre solo hay una...


Posiblemente es un signo inequívoco de madurez. Uno de esos síntomas que acompañan mis canas y me convierten en un señor mayor; pero, no puedo pasar este día sin admitir cuan dura es la orfandad. Lo digo sin problemas de conciencia, sin deseos de despertar en alguien deseos de darme un abrazo de pésame. De esos he recibido cientos desde el día que Celinita cometió la indiscreción de marcharse; lo digo, meramente, porque ha llegado, otra vez, ese día en que a muchos como yo nos toca tragar grueso.
Celebré muchos Días de la Madre. Mamá adoraba este día aunque, por supuesto, en alarde de poca originalidad, empezaba a pedir un mes antes, "que no celebráramos nada" y "no se nos ocurriera regalarle algo". Esto último lo decía seguramente para evitarnos creatividades desoladoras:  Mamá tenía maneras muy particulares de dejarnos saber con claridad meridiana lo que se le antojaba recibir; nunca voy a olvidar, por ejemplo,  la forma en que nos convenció para que la obsequiáramos con su primer teléfono celular. Mamá era una fanática obsesiva del teléfono, usaba indiscriminadamente, y por muchísimas “urgentes” razones, el de casa o el de cualquier lugar al que llegara aunque fuera de visita; para Celinita, pedir un teléfono prestado era su comportamiento natural, al extremo que sus amigas más cercanas, al recibirla, lo primero que hacían era señalarle el sitio donde estaba el aparato. Mamá que hablaba sin parar, necesitaba del teléfono como del aire; por lo tanto, el advenimiento de los teléfonos celulares fue simple y llanamente lo mejor que le pudo pasar, solo que se tardó un poquito en anotarse a la moda; hasta que, superado su temor a la tecnología, nos volvió literalmente locos a punta de comentarios directamente dirigidos a enterarnos que, ese Día de la Madre, ningún otro regalo sería bien visto. En realidad, mamá siempre aceptó de buena gana los regalos que le dábamos (nunca se nos ocurrió darle una licuadora, o nos hubiera metido dentro) pero, creo que se debía a que siempre le regalábamos cosas para ella, no electrodomésticos ni artefactos para la cocina ya que, sencillamente, mi mamá nunca en su vida cocinó ni siquiera un tetero. Yo no guardo en mi  memoria el recuerdo de un arroz con pollo hecho por mamá pues ella nunca pisó la cocina. Cuando digo nunca, quiero decir jamás. Hoy, por cierto, lo agradezco muchísimo, si a todas las memorias que me dejó, tendría que sumarle la nostalgia de ciertos platos preparados por ella, creo que no hubiera podido soportarlo. Si, el Día de la Madre, al lado de mi madre, era una historia escrita en mayúsculas que, no pocas veces, nos llevó (a sus hijos) al borde de la exasperación y fue hermoso y divertido y especialísimo, porque ella lo hacía así.
Tal vez por eso,  pertenezco a los hijos que darían lo que tienen y lo que no, por volver a amanecer haciendo las payasadas con que solíamos despertarla ese segundo domingo de mayo en el que ella se había despertado muchísimo antes para esperarnos y que incluían todas las cosas cursis relacionadas con el Día de Mamá y que, creo, en el fondo, ella encontraba irresistiblemente enternecedoras; porque, a pesar de que en muchos momentos de nuestra vida, estar a su lado tuvo sus bemoles, Celina era una excelente madre, de acuerdo a todos los arquetipos con que el oficio se ha medido desde siempre. Cierto que era una mujer muy demandante y con unos humores un poco extraños que, según como se vivieran, podían ser una montaña rusa divertida o ensordecedora; pero, en esencia, era una mujer dispuesta a todo por sus hijos. Sobre todo dispuesta a permitir (a veces a regañadientes) que sus hijos caminaran su propio camino y en  lo  posible, no lo hicieran en solitario. Cuando me fui de Venezuela por primera vez, por ejemplo, nos despedimos al pie de su cama, ella casi dormida y sin ganas de despertar demasiado y yo con el corazón estrujado; sin embargo, nunca me dijo que no me fuera. Sucedió en todas  nuestras despedidas pues, a pesar de la distancia, nunca nos alejamos realmente. Mi madre era mi ancla a tierra: hablábamos por lo menos una vez al día y, en esa llamada, yo me enteraba de todos los sucesos de la ciudad que había dejado atrás. Gracias a mi mamá, nunca me fui realmente. Gracias a mi mamá, nunca tuve sensación de desamparo, nunca pasé necesidades y nunca, pero nunca, se quedó sin solución una dificultad práctica de mi vida. Cierto, no cocinó nunca para nosotros, pero hay que ver lo que hizo para que nuestra vida fuera más fácil y entretenida.
Toda la simpatía que sus innumerables amigos continúan ponderando, esa maravillosa manera de convivir en sociedad que era su marca de fábrica, esos ojos verdes, curiosos y divertidos que distinguían su buenamozura encantadora y esa cosa suya de ser señora de todos los rincones de una ciudad repleta de escondrijos, aun sin serlo realmente, es lo que me hace sentir, con toda la libertad de quien sabe lo que siente, que yo extraño mucho a Celinita, aunque haya aprendido a vivir con su eternidad, celebrando este día en su ausencia, con el corazón magullado y el talante amargado.
Por eso, permítaseme decir algo que casi nadie dice, junto a las múltiples frases hechas con que se festeja el Día de la Madre en esta marabunta matriarcal: Hoy, también (o sobre todo)  es el día de los que no tenemos madre que abrazar, ni regalar, ni llevar a almorzar y eso,  necesita ocupar en espacio en nuestra vida. No un espacio de conmiseración. Un espacio - incluso agradecido por tanta bondad y tanta suerte - que debemos vivir en la orfandad del que solo celebra recuerdos inmortales y sigue adelante.
Y como seguir adelante es la norma: Feliz Día de las Madres, a las tías que han hecho este camino en solitario más fácil, a las madres que admiro y atesoro como amigas, y a los hijos, que como yo, hoy lo que tienen es ir a ninguna parte, a celebrar con quien no está.

lunes, 4 de mayo de 2015

La mistela de Lukas...

Ariannys respondió el teléfono al tercer timbre, con la tranquilidad de quien tiene mucha vida atendiendo llamadas, para soltar la cabuya de la generosidad sin aspavientos de la gente andina. Después de los saludos, sus formas amorosas me enseñaron - de entrada -  una cara de la andinidad a la que poco conozco.
- No, nosotros no hacemos mistela para la venta
- Pero es que me dijeron que la de ustedes es la mejor mistela del planeta
- Es buena, pero es que eso va a depender de usted
- ¿Como así?
- Nosotros le hacemos la mistela con mucho gusto, pero usted tiene que venir con los ingredientes a hacerla con nosotros
- ¿Algo así como un taller de elaboración de mistela?
- Bueno, más o menos… respondió la risa alborozada de Ariannys; es que nosotros,  con todo el amor del mundo le hacemos mistelas a gente que nos la pide, porque esa tradición no puede perderse. Pero, no la hacemos para la venta.
- Perfecto, pero si ustedes trabajan en eso, ¿Cuánto me va a costar hacerla?
- No, señor. Nada. Usted viene a nuestra casa, nosotros le decimos y si usted quiere, nos da una ayudadita. Cuando la mistela esté lista, usted se la lleva. Eso no se cobra, eso lo tenemos que hacer nosotros,  porque ahora casi nadie lo hace…
Lo que siguió, fue una explicación muy detallada de una misión de vida: Ariannys aprendió a hacer mistela de su mamá, Doña Tila, quien a su vez fue enseñada por su marido, Don Inocente, el mejor hacedor del licor con que se celebra la llegada de un nuevo niño en cualquier familia andina.  "Es que usted sabe que esa es una tarea de hombres" me dijo, sin menoscabar un ápice de su bien plantada femineidad. "Y entonces, ¿es su papá quien nos hará la mistela?" Pregunté, escaldado por la  curiosidad.  "No, mi papá murió, y como ninguno de los hombres de la casa se quiso meter en eso, mi mamá me enseñó a mí, para que Dios nos libre de que se pierda la tradición"
Ariannys siguió explicándose,  con la sencilla naturalidad de quien ha hecho de su talento un objetivo de vida. Yo, encantado con la conversación, quería saberlo todo, ella poco a poco fue desgranando las cuentas de mi curiosidad:  Ingredientes que tan solo sugerían sabores deliciosos y que nosotros podíamos combinar a nuestro gusto (la mistela se hace de frutas combinadas, entre las cuales, entonces, tiene que haber balance de cítricos y dulces; o de una sola fruta, duraznos, por ejemplo, para lo que - de todos modos - es necesario comprar moras, guayabas y fresas para preparar una de las tantas mieles que la componen,  que yo trataré de explicar si la emoción me deja) 15 kilos de fruta en total, 3 docenas de naranjas, 18 kilos de azúcar blanca, un compuesto de especias dulces (canela en rama, guayabita, clavo de olor, semillas y flores de manzanilla, estrellas de anís y hojas de geranio o de higo) y 15 litros de miche callejonero, el de hinojo. (Que se compra en San Pablo, una aldea vecina famosa por sus bien cuidados alambiques caseros) Luego, Ariannys soltó la palabra con que sedujo para siempre mis oídos: “con eso se hace una caramoya de mistela” nadie nunca me había regalado palabra de tal sonoridad.  Debe haberme delatado mi silencio al otro extremo de la línea, pues ella me explicó sin demora que “es más o menos lo que usted puede meter en un botellón de agua mineral de los grandes”  La llamada concluyó con una promesa de reunión cercana (“si el niño nace en julio, ya casi no les queda tiempo para hacerla"  fue su advertencia) y el corazón alborozado de expectativas.
Dos días antes, mi amiga Coromoto Ramírez Angulo, tovareña de rompe y rasga, me había dado el número con el que estaba abriendo la puerta de los mejores augurios para la llegada de Lukas, el nuevo sobrino de la camada feliz. Pero, ni ella en su infinita bondad, pudo prepararme para una experiencia de las que en este país ya no se viven.  No es comprar mistela, que cualquiera puede;  es viajar hasta La Playa, en la ciudad de Tovar y abrirse un hueco en la hermosa casa de Doña Tila para apropiarse de sus fogones de leña ancestral a darle paleta a la inmensa caramoya del licor de dioses, con que se bendice la llegada de un recién nacido andino. De modo que en adelante, prevenido por la hija, me entendí con Doña Tila, convertida en maestra mistelera por obra y gracia de una tarea que casi le fue encomendada por El Espíritu Santo.  Ajustados los detalles, salimos para La Playa a media mañana del sábado, dispuestos a conocer los secretos de una preparación tan antigua, como la costumbre de regocijarse por el aumento de la familia.
Doña Tila nos recibió a las puertas de su impecable casa, nos paseó por el prodigioso jardín interior, sobre el que gobiernan de igual a igual una frondosa mata de mango y una guacamaya azul, de familia y  nos abrió sus puertas; nunca nos habíamos visto, pero, en pocos minutos, nos dio la misma confianza que se da a primos a quienes no se les ha visto en años. Poco después, habíamos montado campamento en la terraza trasera para obedecer sus órdenes: puedo jurar que no habían transcurrido 30 minutos, cuando ya la primera de las mieles estaba en el fogón;  era "la tripa",  es decir, la cocción de la pulpa y las semillas de guayabas, moras y fresas, lavadas y peladas, con las especias y las hojas de higo. Es fundamental, se usará mas tarde para "apagar" un caramelo que se hace con dos kilos de azúcar en una olla aparte y que está a punto cuando logra el color de los ojos de mi Rayi, ojos que me han parido al derecho y al revés en el camino de estos años. La miel resultante - digresiones las justas – es lo que da vida a una mistela de parida,  si no se usa, lo que se estaría logrando es un coctel intrascendente. Entre tanto, mientras algunos salíamos a comprar el miche (en un alambique que bien merece otra crónica) el resto de las frutas, el jugo de las naranjas y de 24 mandarinas,  más 15 kilos de azúcar, empezaban un proceso de tres horas de cocción en fogón de leña para obtener la miel base de la mistela; miel que, por cierto, tiene vida propia y no acepta que le hablen duro ni la traten con malasangre. Me consta. Doña Tila me mandó a apartarme de los fogones, porque mi estruendoso tono de voz y lo "malasangroso" de mis formas hacía subir la espuma de esa miel peligrosamente.
Durante ese proceso, la vida se nos llenó de anécdotas compartidas y generosidad sin límites. Tanto, que un conato de incendio - sofocado a tiempo y sin consecuencias - no le agrió el rato a nadie. Las horas transcurrían entre consejos a la primeriza madre, recomendaciones y cuentos, hasta que el momento final, el de la cata, estuvo servido en taza: Apagado el caramelo quemado con la miel resultante de la cocción de la tripa, coladas todas las mieles un par de veces y apagados los fuegos, llegó el momento de agregar el miche. Se hace cuidadosamente, mezclando partes iguales de miel (han sido unidas previamente) y miche para que los paladares expertos de madre e hija vayan determinando el grado alcohólico. Invitado a catar dije que me parecía muy buena, a lo que  Doña Tila respondió: "buena para mujeres, esta mistela está muy dulce y se pondrá más cuando la fruta termine de largar el dulzor, a esto hay que ponerle más miche". Agregados un par de litros adicionales, nuestra maestra sentenció como buena la reciedumbre andina de la preparación.

De inmediato servimos una copa de la que todos probamos, encantados con el logro. La mistela entonces fue cuidadosamente envasada para comenzar su proceso de maduración. Nadie podrá probarla hasta que Mariuska "rompa aguas" o empavaremos a Lukas. En ese momento, emocionados hasta lo imposible, ofreceremos un vasito a cada visitante que se acerque a compartir el día inolvidable,  o dos a quien le traiga un regalo, así manda la costumbre y reza el saber estar. En la habitación de Lukas, revolotearán las bendiciones de las manos de Doña Tila y en el alboroto, el cuento de este día en La Playa será una y mil veces contado como el regalo de amor que una mujer tovareña hizo a Juan Fernando y Mariuska para no olvidar jamás que, en tierras andinas, un niño llega a su cuna vestido de esplendidez.

miércoles, 29 de abril de 2015

Esa odiada clase media

Si me tocara definirme diría, entre otras cosas, que soy un hombre clase media no muy ajeno a ciertos sueños de grandeza, Me gusta vivir bien - no me ruboriza decirlo -  después de todo, quienes me conocen no dudarían en tacharme de sifrino. Me gusta la buena mesa, la buena ropa y las cosas bonitas. Ni siquiera es mi culpa, algo debo haber traído en los genes pues, tanta necesidad de rodearme de comodidades que a la mayoría de mis congéneres no les importan, sigue siendo un misterio que no logro entender y que convertí en modo de vida, sin problema alguno. No soy el único, por suerte; tal vez porque los burros se juntan para rascarse, estoy rodeado de personas que se me parecen mucho. Todos, sin excepción, sabemos que en la Venezuela del siglo XXI cada vez es más difícil mantener ese estilo de vida: no, la permanencia de la clase media no está amenazada, la clase media venezolana está siendo abiertamente atacada con la intención clarísima de acallar algo más que su voz.
Hay una diferencia fundamental entre ser rico (rico de verdad) y ser lo que somos nosotros; los ricos podrían prescindir de trabajar si quisieran y no verían mermar sus comodidades habituales. Nosotros no. Nosotros necesitamos trabajar muy duro para mantener nuestro entorno como nos gusta tenerlo y no tenemos tiempo sino  para disfrutar de lo que logramos como premio al esfuerzo. No para presumir de ello, por cierto; sobre todo, si recordamos que, como nos pongamos a mostrarlo, todo eso que tanto nos ha costado conseguir (desde un teléfono de última generación hasta un par de zapatos, pasando por las dos o tres joyas de familia) se puede perder en un segundo y con ello, aparejada, la vida.  Usar, o vestir, las “cosas buenas” que tenemos se ha convertido en nuestra peor indiscreción. Obtenerlas, nuestra mayor proeza.  
Es posible que suene demasiado frívolo, incluso grandilocuente; quizás ese universo gigante que es nuestra clase media no vea necesario que alguien levante la voz por ellos y les defina. Aun así, me atrevo a ser uno más de los que sostiene (porque lo soy) que la clase media venezolana atraviesa uno de los momentos más peligrosos de su existencia (porque lo vivo) y con ella, el futuro del país.
¿Por qué me uno a ese coro – algunos le dirán, de plañideras -  que se empeña en sostener, a pesar de lo que profesionales mejor versados opinen, que Venezuela siglo XXI va en camino de aniquilar su clase media? Pues,  porque históricamente ningún país en el que se ha impuesto un régimen como el nuestro, ha mantenido la clase media en su lugar, por una razón extrañamente simple: la clase media es el motor que mueve el capitalismo, es el sostén principal de los grandes centros de consumo, cree en la oferta y la demanda y es apasionada del trabajo. Nosotros, la clase media, trabajamos incansablemente para costear nuestros gustos, por eso, necesitamos estabilidad para que nuestros días de 12 o 14 horas alcancen su objetivo; además, sabemos cómo se hace eso, viviendo en sociedad. Es decir, viviendo en los mejores términos posibles con quien está a nuestro alrededor.  Ninguna de esas cosas cabe en el manual revolucionario.
Ahora bien, posiblemente el problema de Venezuela, de la Venezuela de hoy, trasciende el hecho - posiblemente tonto - de admitir que tiene una clase media en camino de extinción pues, empezando por la terrible corrupción y la falta absoluta de liderazgo constructivo en que nos movemos día a día, todo lo demás no deja de ser una pequeña cuenta en nuestro rosario de tragedias. Pero, los grandes países existen y son grandes porque han sabido  darle un lugar a su clase media. Han hecho lo posible por mantenerla “contenta” satisfaciendo sus necesidades más importantes. Es decir, la posibilidad de tener una casa, un carro y algunos bienes en situación de relativa seguridad; aun mejor, le facilitan el camino (tortuoso siempre) por el que debe transitar para obtenerlo. El progreso, y me perdonan los profundísimos intelectuales que estudian estas cosas muy sabiamente, se basa en eso y en nada más: usted le hace fácil la vida  la clase media y está se multiplicará en beneficio de su comunidad, pues sencillamente a nadie, absolutamente nadie, le gusta vivir mal.
Hasta aquí, muy bien; pero, ¿saben ustedes cuantos años de salario mínimo acumulado necesita un venezolano para comprar un automóvil nuevo?: (en el caso muy improbable de que lo consiga a “precio justo”)  27 años, según todos los cálculos. No voy a escribir aquí lo que ese mismo venezolano necesita trabajar para comprar una casa medianamente decente.  Esas cifras pueden rebatirse fácilmente argumentando que no se llama clase media a nadie que viva con un sueldo mínimo, sobre todo con el sueldo mínimo miserable que se gana en este país en este momento. Y de ser así, estoy de acuerdo. Pero es a partir de un sueldo que se gane trabajando, como un profesional construye una vida que lo lleva a subir niveles de vida. Y he dicho, recalcando, TRABAJANDO. No de otra forma. Pero, resulta que ahora trabajar – formalmente - comienza a ser una actividad de la que los venezolanos van a prescindir por obra de un gobierno, que además de no querer que sus habitantes vivan con comodidad, tampoco los quiere cultos, esforzados y exitosos.
Cabe suponer, entonces, que la medida del éxito en la Venezuela del siglo XXI, se mide por cuantos rollos de papel higiénico lograste colocar en el mercado negro esta semana o cuantas latas de atún lograste obtener en el último saqueo a un camión que transportaba mercancía.
No hay duda – ninguna - de que la falla más importante de las llamadas revoluciones comunistas es la creación del hombre nuevo.  Nadie lo ha logrado. Punto.

jueves, 23 de abril de 2015

Vivir para contarlo

Apurado por llegar a su trabajo a tiempo, Manuel tuvo el primer gran disgusto del día cuando, en la puerta del edificio donde ha vivido toda la vida, se enfrentó a un desperfecto mecánico que suponía solventado en la última visita al taller un par de días antes. Luego de una rápida cuenta, supo que encender el viejo Fiat que cuida - con su vida - para evitar la buseta, era en ese momento tarea imposible. Algo que desconocía por completo, iba a impedírselo irremediablemente (y-eso-que-le-pagué-una-bola-de real-al-mecánico-hace-dos-días, masculló entre maldiciones Manuel). Estacionado como mejor pudo al borde de la acera, sacó de su bolsillo el teléfono para pedir auxilio. Un par de segundos después vio como, de la cola que comenzaba a formarse en el supermercado vecino, se desprendió a toda velocidad un muchacho que no llegaba a tener 17 años. Manuel miró como corría desaforado en su dirección e intentó esconder el teléfono, cuando un manotazo lo dejó anonadado. El aparato que momentos antes tenía en su oreja, estaba ahora en manos del zagaletón de la cola. Entonces, tomó la más imprudente decisión de su vida: salió tras el ladrón en un arranque de impulsividad funesta. Le dio alcance, hubo un forcejeo (no muy profesional, todo hay que decirlo) y en un empujón, Manuel cayó al piso, inconsciente. Poco después, casi a las 8 y 30 de la mañana, atendido por un buen samaritano que lo vio todo desde su auto, Manuel ingresaba a la emergencia de un hospital cercano, en donde lo único que pudieron hacer fue ayudarlo a aceptar el golpe. Vivió para contarlo, no se sabe cómo, y hoy se recupera de las múltiples fracturas en los huesos de su cara e intenta, sin éxito, superar el nudo en la garganta, cada vez más parecido a un llanto de muerte.
A sus 19 años, David ha recibido entrenamiento de sobreviviente de guerra. Sus padres, víctimas honrosas de varios escarceos con el hampa, sencillamente no le dejan vida advirtiéndolo de cuanta cosa hay que hacer para preservar la vida. Los bienes, esas cosas superfluas y casi prestadas sin las que cualquier muchacho de 19 años se niega a respirar, son lo menos importante en ese hogar llevado por dos comerciantes esforzados y exitosos, que no se resignan a negarle a su único hijo, inteligente y aventajado estudiante de medicina, ninguno de los últimos gadgets con los que él sueña. Lo hacen con la condición explicita e inviolable de que no puede, por ninguna razón, hacer alarde de ello. David ha cumplido con obediente diligencia las recomendaciones paternas y la vida lo tenía a salvo de un mal rato hasta el lunes pasado. Saliendo de una oficina pública ubicada en las cercanías de la merideña Plaza de Las Heroínas, David se despistó unos minutos guardando el teléfono en su escondite preferido (casi dentro de su piel) cuando se le acercó una pareja muy joven y de buen aspecto, que llevaban un niño en la mano, a preguntarle una dirección, suficientemente distante como para ser difícil de conocer. David quiso ayudarlos y mientras guardaba el teléfono y ajustaba sus anteojos Rayban para responder, sintió la fría dureza del metal en un costado. La chica con quien intentaba entenderse blandía amenazante una filosa navaja. El hombre daba claras instrucciones: entréganos el teléfono, los lentes y la plata que lleves encima. David tuvo un fatal ataque de nervios que demoró un poco su intención de darles lo que pedían. La mujer enterró la navaja tan profunda como pudo mirándolo a los ojos. David se desmayó, los bandidos agarraron la cartera, los lentes y el teléfono y se perdieron entre la multitud que transita a esa hora por la zona. Un taxista que presenció el hecho levantó a David del piso y lo llevó al Hospital, donde un amigo de su padre casualmente cumplía guardia en emergencia. Estuvo grave un par de días, pero vivió para contarlo. Esta mañana sus padres han puesto en venta absolutamente todo lo que tienen; a David le espera la vida en algún lugar de Europa.
Fiel a su costumbre, Doña Margot sale diariamente a caminar por su urbanización a primerísima hora de la mañana. Dice que lo hace porque si y porque es la única forma de mantenerse ágil y lúcida a los 86 años. El resto del día, lo dedica a sus cosas de vieja, aunque se niegue a cuidar nietos y nadie le haya visto jamás una cana. Ya no conduce, pues se lo han prohibido los hijos, ni cocina pues se lo ha prohibido ella misma. Le sigue gustando la buena ropa, la peluquería, las buenas conversas con las pocas amigas que no han cometido la indiscreción de morirse y, en sus ocasos, ha descubierto lo entretenida que puede ser una misa. Doña Margot espera tener una muerte apacible hermoseándose en una salud de hierro a la que no vence ninguna de las terribles verdades del siglo XXI, capoteadas por cuatro hijos prósperos y buenos que se ocupan hasta del más pequeño de sus caprichos. El lunes, salió a caminar con el corazón estrujado de quien sabe que va a sucederle algo. Hizo sus cuatro vueltas de siempre, negándose a la compañía del ama de llaves que la cuida con celo de hermana,  por no darle paso al presentimiento. De regreso a su casa, en el momento en que metía la llave en la cerradura, tres muchachitos que tienen, quizás, la edad de sus nietos, salieron a su encuentro desde las frondosas cayenas del frente. El discreto grito de la anciana fue ahogado por la mano ruda de uno de los asaltantes, los otros dos violentaron la puerta y lograron llevarla hasta el salón de la casa; el ama de llaves y un jardinero que cobraba su jornada del día anterior fueron obligados a convertirse en victimas. Amarrados (más bien envueltos) con las cortinas brocadas que adornan la estancia desde tiempos de Matusalén, vieron como las tres sabandijas hicieron caída y mesa limpia con los pocos tesoros que Doña Margot conservaba. Una hora después los delincuentes escaparon con el botín, asustados por la llegada providencial del hijo de una vecina, urgido de un favor impostergable. Soltó los amarres que mantenían a los tres viejos cautivos, en el momento exacto en que Doña Margot mostraba síntomas de un ataque cardiaco. Desde el lunes está en terapia intensiva y, aunque su vida ya no corre peligro, nadie ha logrado escuchar de nuevo su acento gocho y cerrero ni su  risa de abuela. Esta mañana su hijo me ha dicho que posiblemente no la vuelvan a escuchar jamás.
Es lo que trae un lunes de abril en la Venezuela del siglo XXI. Lo llamamos vida, por ironía, quizás.

viernes, 17 de abril de 2015

Mi cupo...

No sé bien a qué hora exacta se produjo la noticia que tiene a toda Venezuela en estado de postración; pero, yo me enteré como a las once de la mañana, minutos más minutos menos, gracias al escándalo que se armó en todos los artilugios de comunicación del siglo XXI - todavía no se si para bien o para mal estoy, quizás excesivamente, conectado a los acontecimientos diarios por medio de cuanto chismógrafo existe - Si bien al principio la información era bastante confusa, los detalles más aviesos del nuevo esquema cambiario destinado a quienes esperan viajar al exterior, empezaron a tener claridad de mala noticia, poco antes del mediodía del pasado viernes 10 de abril. Llegado el momento de almorzar, la mayoría de las personas que conozco estaban de malas pulgas cambiarias.
No es para menos, reducir sin aviso el monto de un “privilegio” que la mayoría de los venezolanos considera un derecho derivado de la conciencia de vivir en una sociedad petrolera – rentista, fallida en enseñar a su gente a ganarse el pan con el sudor de su frente es, ni más ni menos, la peor de las muchas malas nuevas en las que el régimen es pródigo. De pronto, el "dinerito extra" que una infinidad de personas reciben como producto de las más inverosímiles transacciones (ilícitas en su esencia) con divisas baratas, se esfumaba de un presupuesto doméstico bastante apaleado ya por las circunstancias. Y las intenciones, realizables o no, de disfrutar unas merecidas vacaciones en algún paradisiaco lugar del "extranjero" (Si, para los venezolanos de hoy, paradisiaco incluye Miami) por lo menos se ponían en cuarentena. ¿Por qué? Pues porque este gobierno perverso nos hizo creer a la mayoría de los venezolanos (sorry, pero I me absolvo) que la fuente de la que manaban dólares, a un precio ridículamente barato, no iba a secarse jamás a pesar de la desmedida ambición corrupta de cualquier bicho de uña cercano tangencialmente al poder. No era cierto. Como tampoco ha sido cierto nunca el 90% de las promesas o de los inventos populistas acuñados por el difunto y perpetuados por sus secuaces. Le dimos tanto palo a la piñata que la secamos inmisericorde entre todos. Y, claro está, tendremos que llorar estas y otras penurias.
Es altamente probable que la inmensa mayoría de los que me leen utilicen y hayan utilizado siempre sus dólares de viajero, para viajar. Además, para viajar en plan disfrute de vacaciones. También lo es que pertenezcan a ese raro grupo de paisanos que al empezar el año fiscal que les corresponde, liquiden sus dólares de Internet comprando una Gift Card de Amazon (¿Amazon sabrá qué – alto -  porcentaje de su negocio tiene que agradecérselo a los venezolanos?) por lo tanto es posible que se molesten cuando sostengo que una buena razón para justificar esta nueva tropelía del desgobierno, puede hallarse en el enjambre de inmorales coterráneos que utiliza “su cupo” para conseguirse de cualquier manera ilícita, un buen rebusque. Sin embargo, no es la única ni la más válida de las razones: el desgobierno limitó el otorgamiento de dólares para viajeros, porque no tiene dólares que otorgar. Eso está más claro que el agua (que hace años no sale clara de las tuberías, por cierto) y además porque el régimen tiene una desesperada necesidad de controlar nuestros pasos, entre otras cosas. Seguramente también, porque en alguna de esas mentes podridas que se instalan en las cercanías del poder ejercido desde la tumba, alguien debe haber pensado que esa es una buena forma de embromarle la vida a la clase media. Júntelo todo y tendrá la justificación a la mano. Pero, eso no es lo que importa. Voy más allá y ruego me perdonen: Si hemos repetido hasta el cansancio que la única limitación para ir de viaje, debe ser la capacidad económica del viajero; ¿de dónde sacamos los venezolanos que “el cupo CADIVI” es la pócima mágica del que quiere viajar? Se me antoja una respuesta: de la perversa manía gobiernera de hacernos creer todo lo que es falso y de nuestra escasa capacidad para discernir lo que es falso-falso de lo que es probablemente un poco cierto. Por ejemplo: falso-falso es que, con una economía como la que tenemos, pueda existir un dólar a 12 bolívares o algo así. Mucho más falso es que ese dólar de embuste, sea un derecho. ¿Un derecho de que tipo? Yo se que sueno a gobiernero y eso me aterroriza, pero viajar (un lujo ciertamente superfluo) debe valer lo que vale: es decir, lo que cada quien puede permitirse de acuerdo a sus ingresos.  Lo que sucede es que el problema - que hemos reducido a la frívola bagatela de un siniestro “cupo” de dólares al que se supone debemos tener acceso los venezolanos - es en realidad que nuestra economía (la del país, no la de nuestros bolsillos) no está como para vacaciones.
El asunto no es disponer de la limosna de unos dólares a precio ridículo, cuya presencia es bastante virtual pues la mayoría de las veces dependen de que la tarjeta de crédito “pase” en el hotel, restaurant o tienda. El asunto es que estamos viviendo “de chiripa” y eso se nota, sobretodo, en nuestra capacidad  para sacarnos este desastre de encima metiéndonos en un teatro del primer mundo: sin boletos aéreos, sin facilidades para tramitar documentos de viaje, sin aeropuertos relativamente cómodos, sin la seguridad de que al pasar por el mostrador de migración no nos darán una sorpresa desagradable; pero, sobre todo, sin saber si amaneceremos vivos en la fecha escrita para aterrizar en Paris, Miami o Roma, ¿Cómo puede ser que el problema sea conseguir una tarjeta de crédito de la Banca Pública con la cual tramitar unos dólares que no existen?
Francamente, si “los camaradas” han tenido éxito en algo, sin duda su logro mayor es habernos convertido en este pueblo de borregos hipnotizados dispuestos a creerse lo bueno, (que es poquísimo) lo  malo y lo peor, saltando de rumor en rumor para fabricarnos derechos que no existen y peligros que no son los que son y luego,  saltarnos a la torera todas las normas y leyes que ellos mismos se inventan.
Por cierto, valga una anécdota para ilustrar “eso” en lo que nos hemos convertido: Alrededor de las tres de la tarde del mismos viernes fatídico, un ex alumno de 18 años de edad, líder de la juventud de un conocido partido de oposición y gente “de muy buen ser” me llamó para ofrecerme las tarjetas de cualquier banco público que yo escogiera por la módica suma de 60 mil bolívares. Según él, disponía de 30 otorgamientos de tarjeta que le habían sido asignados para la venta y a esa hora (apenas 3 o 4 horas después del anuncio de las medidas) tan solo tenía dos, uno de los cuales pensaba vendérmelo a mí, para su desconsuelo.
De verdad, ¿es posible que sigamos convertidos en un bululú de gente con las manos en la cabeza por la-barbaridad-que-nos-hicieron-con-CADIVI (o como sea que se llame bolivarianamente) pero paguemos por una tarjeta de crédito a un muchachito que no sabe alimentarse solo, o es que algún día de estos, por milagro divino, vamos a empezar a comportarnos como gente grande?

Etiquetas

#panamapapers (1) 19 de abril (1) 1S (1) 2010 (2) 2012 (5) 2016 (1) 2017 (1) 23 de enero (1) 6D (6) abstencion (2) abuela (3) abuso (2) accion democratica (2) acetaminofen (1) activista (2) adecos (1) adictos (1) adivinanzas (2) admiracion (1) adolescentes (8) adriana nunez (1) aeropuerto (3) áfrica (1) afrodescendiente (2) agresiones (1) agricultores (2) aguinaldos (1) agustina (2) AH1N1 (2) Ahmadinejad (1) ahorristas (1) al limite (2) albarregas (1) ALBOR RODRIGUEZ (1) alegrias (1) Alejandro (1) alemania (1) alerta epidemiologica (1) alicia (1) almuerzo (1) alvarez paz (1) amfar (1) amigos (9) amor (1) ana dolores (1) ana frank (1) anarquia (1) andinos (1) Andres (1) aniversario (1) año escolar (2) año viejo (3) apagones (2) árabes (1) argentina (5) armas (1) asalto (5) asamblea nacional (6) aseguradora (1) asesinatos (8) asesino (4) asi nos va (8) ataque (3) ateneo de caracas (2) atentados (3) atracos (2) ATREZZO (1) atun (1) auto desvalijado (2) autos quemados (2) ayuda (1) azucar (1) azzurro ristorante (1) Bacanos (1) bachaqueo (1) Bachelet (1) Bachianos (1) Ballet (2) Ballet Contemporaneo de Caracas (2) banco latino (1) bancos (5) banda sinfonica (1) BANESCO (1) banpro (1) Barack Obama (5) belgica (1) Benedicto XVI (3) benjamin (1) berlin (1) bicentenario (1) bizet (1) blackberry (1) blog (4) boda (2) bodega (2) bogotanos (1) bolivares fuertes (3) bonito (1) Bose (1) boxeador (2) brasil (2) bromas (1) brujerias (2) buen tipo (3) buen vivir (3) buena noticia (1) burka (1) cacería (1) cacerolas (1) cacerolazo (1) CADELA (1) cadenas (2) cadivi (1) café (1) Caitlyn Jenner (1) CAJERO (1) caldera (2) calsi (1) camino (2) campana electoral (6) campeón mundial de boxeo (2) Canal de TV (2) cancer (4) candidato (9) cantantes (2) CAP (1) capriles radonsky (7) caprilismo (1) Carabobo (1) caracas (17) Carceles (3) carestia (3) Carlos (1) carlos andrez perez (3) Carlos Escarrá (1) carmen (1) carnaval (1) carnicero (1) carpeta (1) carrera (1) carros (4) cartas (1) Casa Blanca (1) caserones (1) casita en el arbol (1) Cecil (1) cecilia matos (1) cedula (1) celebraciones (2) Celina (4) censo (1) censuras (2) centro de merida (11) chamos (3) Chavez (1) che vaisman (2) chela (3) chile (2) chilenos (2) chocolate (1) CICPC (1) cierre (1) cincuenta (1) cine venezolano (1) circulos bolivarianos (1) cirugia plastica (1) ciudadanos (2) clases sociales (5) clavos (1) CNE (5) cocina (1) colageno (1) colectivo gay (3) colombia (8) colores (2) comida (1) comida piche (1) compania nacional de teatro (2) compinches (2) compuerta (1) computador (2) comunicacion global (4) comunidad libre (3) concierto (2) concierto por la paz (2) conectado (2) conexión (1) confesiones (1) confrontación (1) conjunto residencial las marias (6) consejo nacional electoral (7) constitucion (1) controles (1) copa america (1) corinna (1) corridas de toros (2) corrupcion (1) cosas de la noche (1) costumbres (1) cosulich (1) credenciales (1) crimenes (4) crisis humanitaria (2) cristina fernandez de kirchner (2) Crucificcion (1) cruz (1) Cuba (11) cubanos (13) cuenta propia (1) cuentapropismo (1) Cultura (2) cumpleanos feliz (3) custodios (3) daniel zamudio (1) debate (1) deber (1) decencia (1) declaracion publica (2) dedo en la llaga (1) defensora del pueblo (2) deja vu (1) delincuentes (7) democracia (6) democratica (1) demonios (1) dengue (1) deporte (3) derecho (6) derechos de autor (1) desabastecimiento (2) desapego (1) desastre natural (3) despecho (2) despedidas (2) después de la batalla (2) devaluación (3) dia de la raza (1) dia de las madres (2) dia de los inocentes (2) dia de parada (1) dialogo (2) dictadura (4) diego arria (2) dinero (7) Diosdado (1) diputados (3) directores (1) disculpa publica (1) discursos vacios (2) disentir (1) Dislexia (1) disparate (1) disparos (4) disturbios (11) diversidad funcional (1) doble moneda (1) documento bonito (1) documentos (1) documentos de panamá (1) dolares (5) dolor (1) domingo (2) domingo salazar (2) Doña Gladys (1) dos paises (3) duelo (3) duquesa de alba (1) earle herrera (1) ebola (1) economía (1) ecos del torbes (1) ecuador (1) Edie Windsor (1) Eduardo Gomez Sigala (1) educacio (1) educacion (9) educacion media (4) edward snowden (1) Edwin Erminy (1) efectivo (1) ejido (1) el campito (1) el morocho (1) el nacional (2) elecciones (49) electricidad (1) elizabeth taylor (1) embajadores (2) emigrar (1) empleados (3) encuentro (1) enfermedades (8) escandalo (5) escasez (2) escuelas (18) espana (7) especulación (1) esperanzas (2) espionaje (1) esposas (1) esquina de cipreses (1) Estadista (2) estados unidos (4) estafa (1) estudiantes (10) etica (2) eufemismos (1) europa (5) eva gollinger (1) eventos (3) exilio (10) exodo (2) expais (6) expresidente (2) expropiado (1) extradicion (1) extranjería (1) facebook (1) facundo cabral (1) familia (9) fe y alegria (4) felicidades (4) Felipe (1) feliz año nuevo (5) FELIZ NAVIDAD (5) ferias (1) ferias del sol (5) fibromialgia (1) Fidel Castro (4) fiestas (3) fin del mundo (1) final (1) fiscal (2) FITVEN (1) flor por cada muerto (2) Florida (1) flotilla de la libertad (1) fotocopias (1) fotografias (4) fran (1) francisco javier rivas (1) francisco mujica (1) Franklin brito (2) freddy orta (2) freelance (1) frenesi (1) frontera (2) fuerza (1) fumar (1) fundación don bosco (1) fundacomun (1) fusiles (1) futuro en ciernes (7) gadafi (1) ganador (2) ganamos (1) gatopardo (1) gay (1) generacion y (1) gente brava (2) globovision (2) GNB (2) gobernador (2) gobierno (12) gochos (1) golpe de estado (1) graduacion (1) graffiti (1) gringos (1) gripe (1) guardaespaldas (1) guerra (5) guillermo zuloaga (2) Habana (19) hada madrina (1) haiti (1) hector torres (1) helicoide (1) herencias (1) hermano (1) hijos (1) Hilton (1) historia (10) hogar (1) holocausto (1) hombre nuevo (4) homilia (1) homofobia (1) homosexual (1) honestidad (1) hospitales (5) hotel (1) huelga de hambre (5) huelga general (2) Humala (1) humillaciones (1) humoristas (1) identidad (2) idi amin (2) Idi amin dada (1) iglesia (1) imagenes (2) impuestos (1) inca valero (2) independencia patria (4) indignidad (2) inflación (1) información (1) ingrid betancourt (1) inocentes (2) inscribirse (1) insobornables (1) internet (2) intervencion (1) invaden terrenos (1) invasiones (2) invasores (3) Iran (1) irrespeto (1) isaac chocron (2) israel (1) janani luwum (1) japon (1) jennifer carolina vielma de valero (1) jesucristo (1) Jesuitas (1) jibaro (1) jimmy kimmel (1) Josefa (3) jóvenes (1) juan carlos liendo (2) juan manuel santos (1) juan pablo II (1) Juanes (1) judas (1) jueces (1) julius nyerere (1) justicia (3) justicia sabanetera. (2) La Fria (1) la lucha (1) la vino tinto (1) ladrones (3) latinoamerica (2) Lava (1) lavidadenos (1) lester rodriguez (1) libertades (5) libertador (1) libre empresa (2) libros (1) liendos (2) Lila Morllo (1) lina ron (1) linchamientos (1) lista (1) listas de los viernes (17) literatura (1) liza minelli (1) lluvias (3) lochte (1) loma de los maitines (1) lorena guillen (1) Lorenzo Mendoz Gimenez (2) los malos (4) lucha de clases (1) Luis Chataing (1) luisa estela (1) luisa ortega (1) lutos (3) luz (2) madre (6) magdalena (1) magistrado (1) magnicidio (1) maiquetia (2) malandraje (3) maldad (1) Mandela (1) maniatado (1) mano dura (1) manuela saenz (1) maquina de votaciones (2) Margarita (2) Maria (3) maria corina machado (1) Maria Eugenia Barrios (1) maria leon (1) maria teresa castillo (1) mario vargas llosa (1) martin luther king (1) matrimonio (3) medicinas (2) medicos (5) medios publicos (1) megalomania (1) mercado negro (2) mercal (1) merida (72) mesa de la unidad democratica (11) miami (1) Michael Moore (1) miedo (3) migrantes (5) Miguel Angel Rodriguez (1) Miguel Ferrari (1) militante (1) militar (1) mineros (1) ministro (2) mis nietos (1) mises (2) mision imposible (1) misionero (1) miss universo (1) mistela (1) momentos (1) moneda (2) monstruo (1) montse (1) Montserrat Caballe (1) morgue (1) mosquito (1) moteros (1) motines (1) motorizado (4) movilnet (1) movimiento13 (1) Muammar (1) muchachos (1) mudanza (1) muerte (4) muerte por inanicion (2) muertos (5) mujer (5) mundalista (1) mundial de futbol (3) municiones (1) musulmanes (1) narco (1) NAVIDAD (11) nazareno de san pablo (3) negocio (5) Nelson bocaranda (1) nestor kirchner (1) netanyahu (1) nevera (1) new york (1) no es lo mismo (1) no se (1) no violencia (2) noche de los lápices (1) nochevieja (2) nona (2) nostalgias (4) noticias (3) Obama (2) obligacion de votar (4) odio de clases (4) odios (2) OEA (1) Offer Saks (1) oficinas (1) ojo por ojo (1) olimpiadas (1) Olvido (1) omnipresente (1) once de septiembre (1) opera (1) opinion (2) oposicion (4) oraciones (1) oraculo (2) organizacion de estados americanos (1) oriente (1) Orlando (1) orquesta (1) orquídeas (1) ortega (1) oscuridad (1) oso polar (1) oswaldo (1) pablo perez (1) padre candido (1) PAE (1) pais (7) paises (1) palabras (3) panaderias (1) panamericana (1) panteon nacional (1) Papa Doc (1) Papa Francisco (1) Papa Nazi (1) papel cuche (1) paraiso (1) paramos (1) pareja (1) parias (1) Paris (1) paro civico (2) parque tecnologico (1) participacion (1) partida (3) partido de gobierno (1) pasaportes (2) pasteles (1) patan (1) paternidad responsable (1) patria (8) paz (2) pdval (1) Pedro (1) peleas (1) perdedor (1) Perez (1) Perez Jimenez (2) periodista (6) perlas del horror (1) permuta (1) personajes (8) Peru (1) pesadumbre (1) pesos (1) pinera (1) plata facil (1) plaza bolivar (1) POLAR (1) polarizados (1) policia (9) politico (8) poliza (1) pon a volar un libro (1) precios altos (2) Premio Nobel (2) premio rodolfo walsh (1) prensa del corazon (1) prescindibles (1) presidente (11) preso (2) preso politico (4) primarias (12) primero de mayo (1) primos (1) probidad (2) problemas (1) profesionales (1) profesor (2) programa de alimentacion escolar (1) prohibido (3) propiedad privada (1) prostitucion (2) protestas (6) pueblo unido (4) puertas (1) PULSE (1) puntos rojos (1) rafael (2) rafagas (1) rajoy (1) ramiro Valdez (1) ramos allup (1) rating (1) Raul Castro (1) rayi (1) RCTV (1) referendo (1) reforma educativa (3) refrescos (1) refresqueria (1) regalito (2) regimen (4) registro electoral permanente (6) regulaciones (1) reinas del corazon (5) relaciones diplomaticas (1) religiosas (2) renuncia (3) reposo (1) rescate (2) residencias universitarias (1) resignacion (1) resistencia pacifica (1) respeto (3) respuesta (1) restaurant (2) retreta (1) revolución (1) revolucionario (3) revueltas (5) rey de escocia (1) Ricardo Fernandez Barruecos (1) rico mc pato (1) roberto (1) robos (3) rojo (5) RR (1) ruidos ensordecedores (1) rumores (3) sabanetero (20) saber que se puede (1) salida (3) San Pancracio Martir (1) Sanchez (1) sangre (1) Santa (3) Santa Cruz de Mora (1) santidad (1) sapos (1) sara delgadillo (1) sarita (1) sebastian (1) secuestradores (2) secuestro (3) seleccion brasilera (2) semana santa (3) Seminario Merida (2) septiembre esperanzador (2) SIDA (1) siglo XXI (3) silencio (1) silicon valley (1) simon bolivar (3) soborno (1) sobrina (1) socialismo (2) sociedad (3) Socorro (1) solidarios (3) sorpresas (1) sucesos (1) sufrimiento (1) suicidio (1) Sumate (1) surafrica 2010 (1) Tachira (2) tanzania (1) Tañon (1) tarjeta de credito (1) tascon (1) taxis (3) taxista (2) teatreros (6) teatro (2) teatro nacional (1) telefonico (3) televisión (6) tequila (1) Teresa Carreño (1) terremoto (4) terrenos (3) terrenos invadidos (1) terroristas (5) tetas (1) tia aida (1) tiempos revueltos (6) tiros (1) toldos (1) tolerancia (2) Toma de Caracas (2) tópicos (1) toros (2) Torres gemelas (1) trabajadores (5) tradicion (2) traducciones (1) traductor (1) tragedia (2) traidor (1) tramites (1) transformistas (2) transporte (1) tribunal supremo de justicia (2) trincheras (3) trolebus (1) tupamaros (10) turismo (1) turquia (1) twitter (5) ucrania (1) Uganda (2) ugandeses (1) ULA (4) ULATV (1) unidad (3) Universidad (6) Universidad Central (1) urbanizacion (1) vacaciones (1) valencia (1) valiente (1) Vaticano (3) vecinos (4) venezolanos (47) venezuela (89) venezuela telefonico movilnet (1) venganza (1) verdad (2) viajeros (12) viajes (1) vida (2) viernes negro (1) viernes santo (1) violador (2) violencia (11) virgen de coromoto (1) virus (1) viviendas (1) voluntarios (1) votar (4) votos (1) VTV (1) wilman (1) World Trade Center (1) Yoani (1) zaira andrade (1) zapatos (1) zapping (1) zuloaga (1)