
Antes de su detención la semana pasada, muy pocos venezolanos sabíamos que Ricardo Fernández Barruecos es dueño de cuatro bancos y uno de los empresarios más poderosos del país. Tal vez por un resabio cuartorepublicano, siempre hemos creído que los empresarios aquí están completos, atienden el negocio, mantienen el lustre de sus apellidos y de vez en cuando se vanaglorian de ello. Todo lo demás, en estos tiempos, lo llamamos “boliburguesia”, nuestra nueva clase social.
Clase a la que, según parece, representa muy bien este Midas en desgracia; cuyo único talento era reproducir magníficamente un dinero obtenido, sin escrúpulo alguno, a fuerza de estar en el momento justo, a la hora precisa, en compañía de algunos grandes cacaos del régimen, y tener, según dicen, línea directa con Miraflores.
Entonces, un hombre tan conectado, el mismísimo “Zar de Mercal” ¿Cómo fue a parar al Helicoide? Si este señor se hizo millonario robando al régimen – que palabras más, palabras menos, eso dicen que hizo - ¿Cómo es que
él, es el único responsable de los manejos oscuros de unos bancos donde se guarda una buena parte del dinero del desgobierno? ¿Dónde están y quienes son sus compinches? ¿Qué le quedó debiendo a quien?
No soy yo el único que siente que cada vez que un escándalo de estos aparece, lo poco que sale a la superficie esconde el grueso libro de facturas pendientes, que usan como cuchillo filoso, los verdaderos poderosos de la nueva casta venezolana.
¿Cuál es la verdad detrás de la detención de este señor? ¿Será que estamos ante una nueva “tribu de David”, que administra las libertades y los dineros de la nación bolivariana?
¿Por qué será que en este caso, hay tantas cosas que no creemos?