Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de enero de 2015

Del gusto de primear y sus finezas...


Al regresar de su trabajo, apenas si saludaba. Sentíamos su presencia porque era reverencial, pero por poco más.  Su habitación, perfectamente climatizada en el calor insoportable de Valencia, era un lugar sagrado al que solo nos aventurábamos en ocasiones de verdadera necesidad.  Allí, en ese sancta sanctorum, empiyamado desde muy temprano, descansando en su inmensa cama matrimonial, torcía un brazo por encima de su cabeza hasta rodearla completamente y pasaba horas atizando un bigote negro que ya hubiera querido para sí, Clark Gable. En el momento oportuno entraba a la cocina para cenar y - si la ocasión lo ameritaba – caerse a palos (y a boleros) con mi papá. Entre los dos,  y los que fueran uniéndoseles,  unas cuantas botellas de ron daban cuenta de algo que él me confirmó hace poco tiempo: aun sin la consanguinidad de los otros, fue más hermano de mi padre que los seis Liendo que si lo eran.  Debe ser por eso que si alguna cosa logra arrancarme en esta madurez llena de ausencias, mi tío Leopoldo me produce, sobre todo,  la emoción que producen los afectos viejos, indelebles, fraguados en la Quinta Mis Nietos de los años de El Trigal, insuperables.
Esta memoria, que es más que vida porque se vive varias veces,  ha sido el telón de fondo de mis días de fin de año. Un telón que además tiene por soundtrack aquellos mosaicos de Billo´s que ya nadie baila ni escucha y que suenan a Valencia en Noche Vieja, aunque ya no quede nada de la ciudad de mi infancia. Suenan también a Chichiriviche; pero, sobre todo suenan a la casa de los Romero y al placer de primear, un arte que en mi familia, numerosísima, se perfecciona en el tiempo. Hace poco leí por ahí una de esas cosas que circulan por las redes, haciendo referencia al gusto de crecer con primos (es decir, lo que yo llamo “primear”)  y aunque no me gusta utilizar memes de whatsapp como referencia para lo que escribo, hago la excepción del caso porque, en mi caso, mis primos fueron mis primeros y más solidarios amigos. Si por el lado materno crecí descubriendo las alegrías de una casa que tenía su propio espacio para construir casas en los arboles; por el lado paterno viví la libertad de corretear la vida misma, en compañía de una banda de primos que siguen teniendo buen talante, ojos saltones y buena pinta y son rápidos para el abrazo, la risa o la nostalgia feliz de unos tiempos que no se han ido porque aparecen cada vez que nos vemos; ahora, para enseñar a sus hijos a mantener viva la buena costumbre de encompincharse a la hora de comer, a la hora de beber y a la hora de dormir. Cosa que visto lo que vi en estos días de playa, van aprendiendo con meritos sobresalientes para enseñarme un universo al que poco a poco me acostumbro, sorteando las improvisaciones de no haberlo hecho nunca y no saber si lo hago bien: mis primos me han convertido en tío multitudinario que agota sus despertares repartiendo Dios los bendiga y se va a la cama pensando si todos habrán regresado, estarán durmiendo y habrán de tener una buena noche.  Alguna cosa más, como la seria conversación en la que uno de ellos me abrió su corazón, honrándome, para dejar escapar cuitas de muchacho a la orilla de Cayo Varadero, será el tesoro que vino conmigo para estrenar un 2015 que no pinta nada bueno, pero debe venir leve gracias al buen augurio que significa haberlo recibido entre amores tan auténticos.
Todo lo demás pertenece a nuestra historia, como el brazo que me machucó el rodillo de una lavadora en el patio de la casa de mi abuela o el recuerdo perfecto del día que Leo nos obligó a quedarnos despiertos, para descubrir con nuestros propios ojos la identidad del Niño Jesús de nuestros regalos navideños o los primeros cigarrillos fumados a hurtadillas en algún cayo de Morrocoy, o los presagios de una Ouija interrumpida por las bravuras de Ofelia. Las mesas rebosantes de comida, los tenderetes interminables de arepas para el desayuno y la dulce rudeza de una abuela a la que todos nos referimos en presente fue mi fiesta de noche vieja, la fiesta que significa siempre encontrarse con los primos.

Desde su silla, encanecido el bigote y disminuida  su altivez por la insidiosa enfermedad, mi tio Leopoldo sigue siendo el hombre al que esta familia reverencia aunque haya pasado de protector a protegido. A su lado, como si el tiempo se hubiera empeñado en no dejarse notar, mi tía Gladys, la uña aporreada de mi papá, sigue en su empeño admirable de no juzgar, ni entrometerse en la vida de nadie (no conozco a nadie más que lo haga con la misma maestría) y alrededor de todos, un enjambre de sobrinas y sobrinos, listos para que uno los quiera hasta lo imposible porque son dueños de todo lo bueno y lo malo que tienen los Liendo y están ahí para que sepamos que la estirpe es perdurable en el tiempo y va por muy buen camino. Vendran tiempos difíciles, como no, pero este baño de cariño que significó diciembre servirá para mitigarlos. Para eso se hizo la familia.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El (des)placer de un almuerzo en familia


Hemos tenido un fin de semana de celebración, el motivo: Rayita, la compañía más antigua, más sana y más auténtica que el amor le ha dado a mi vida,  festejó por todo lo alto su cumpleaños, (no voy a decir cuántos, pero alcanzó quite a milestone) y yo decidí seguir instrucciones para contribuir con el sarao. Nos quedó buenísima la fiesta el sábado y, como resulta que habíamos tenido visitas procedentes de ese lejano extranjero en que se ha convertido Caracas, se me ocurrió la pésima idea de organizar un almuerzo dominguero como para disfrutar los chismes de la rumba y superar el ratón de la noche tan preciosa.
Escogí AZZURRO, un restaurante a medio camino entre comedero y trattoria italiana de reciente data, montado con suficiente buen gusto como para parecer un lugar estupendo, en el que ya había ido a comer un par de veces anteriores. En mi mente, fanática del mangiare italiano, era ni más ni menos un plan perfecto. Fue una pena que a lo que pensaba mi mente, fanática del mangiare italiano, no le hicieran eco  los encargados de prestar un servicio y cobrar (muy buenos bolívares devaluados) por ello. La experiencia fue un verdadero desastre y algo más, como acostumbran decir los merideños.
Azzurro está en el CC La Hechicera. Un pequeño centro comercial que destaca por permitir la convivencia feliz de un restaurante de carnes, con un japonés que alguna vez fue excelente, un español muy famoso (la mejor caldereira de róbalo de la ciudad) otro que cambia de especialidad con frecuencia, porque nunca la pega, y este italiano de nuevo cuño.  Es un sitio relativamente pequeño en el que según mi experiencia, hasta ayer, por lo menos, la comida era rica. De lo demás, siempre salía quejándome. Una nueva (última) oportunidad se le da a cualquiera y yo, fanático del mangiare italiano, estaba decidido a coronar la celebración con el mejor plato de pasta de la comarca. Metí la pata.
Fuimos 19 personas. El restaurante estaba avisado desde el día anterior y confirmada nuestra asistencia con un par de llamadas que me hicieron ellos en la mañana para presagiar un gran condumio.  Más o menos a la hora pautada (en este país la puntualidad es un defecto, recordémoslo) estuvimos todos allí, listos para pasarla bien. Entonces, como por arte de magia, comenzaron los desencuentros y la tarde que pudo haber sido perfecta, se convirtió en un muestrario de lo peor que tenemos los venezolanos: muy poca capacidad de entender  lo poco preparados que estamos para apostar con eficiencia al éxito de un proyecto empresarial, aunque hayamos puesto en él los ahorros de toda la vida. Es muy sencillo, si usted no sabe cómo se maneja un restaurante, tiene dos opciones: se dedica a otra cosa (una venta de repuestos para motos, por ejemplo) o contrata la asesoría de alguien que si sepa pagando por ese servicio. Lo que nos sucedió ayer a nosotros es sencillamente imperdonable.
Nuestro primer deseo, 5 limonadas frappe para los sobrinos, tardó en llegar a la mesa, aproximadamente, una media hora. Ni hablar del resto de las bebidas que nos habríamos tomado encantados (mi hermano tuvo suerte, consiguió que su sangría llegara a su puesto con la brevedad del caso, no sabemos cómo) Transcurridos 45 minutos de habernos sentado en la mesa bien montada que nos habían preparado (aunque con servilletas de papel de la calidad más ramplona) lo único que habíamos conseguido era que un maître mal encarado y poco amable, nos regañara dejando claro que él atendía nuestros pedidos en el orden que ÉL decidiera hacerlo. Cuando finalmente lo hizo, convirtió en desastre el servicio del vino, trastocó las órdenes y desapareció como por encanto, dejándonos en el peor de los limbos  (luego supimos que había – oh sentido de la oportunidad – renunciado al cargo y abandonado el oficio en ese momento) y con un ataque de hambre que tornaba los humores en excusa para el crimen. Dos largas horas más tarde, la comida empezó a aparecer muy graneadita - por ejemplo, mi hermana comió sola, víctima de una equivocación propia de aquel orden de naufragio en el que finalmente  comimos, porque no tuvimos más alternativa:  lo que no estaba muy salado, estaba desabrido y lo que tenía que haber estado al dente, estaba vulgarmente duro;  para no mencionar que en esta familia existen alergias alimentarias que fueron debidamente explicadas y profesionalmente ignoradas o que, hacer un T-Bone Steak como Dios manda, requiere los esfuerzos de un cocinero en serio, no de la gente bien intencionada – y poco preparada – que manda en los fogones de Azzurro.
Por cierto en un momento de la desazón, ante los reclamos, una de las meseras, perfecta en aquello de “yo-hago-lo-que-yo-puedo”  nos informó - a modo de disculpa - que en el piso de arriba atendían mucha gente; Vaya sorpresa,  una media hora después de haber entrado nosotros, vimos llegar a un importante jerarca local de la cosa nostra roja, en compañía de su familia, un montón de camaradas en almuerzo de domingo – que ellos también tiene derecho – a los que sentaron en ese piso de arriba. Me gustaría llamarlo y preguntarle por su experiencia de ayer en AZZURRO, estoy completamente seguro que solo respondería elogios. Ellos fueron atendidos con presteza, la comida de ellos estuvo lista a tiempo, y ellos abandonaron el restaurante cuando nosotros todavía no empezábamos a comer  (Me imagino además que a ellos les encantó la comida, no es de rojos tener paladares educados).
Fue una experiencia penosa (que no se repetirá más nunca, por mi parte) condimentada, desafortunadamente, por la sospecha de haber sido objeto del desgraciado apartheid al que nos someten diariamente los camaradas; sin embargo, pienso que los motivos de nuestra desgracia trascienden ese detalle. Sencillamente, los dueños de AZZURRO están botando el dinero en un negocio que no tienen ni  idea de cómo se maneja. Lo más grave es que ellos todavía no se dan cuenta del asunto y creen que pueden excusarlo apareciendo en la mesa, cuando no hay nada que hacer, a presentar una disculpa sin argumentos, con la única finalidad de poder traer la abultada factura sin una gota de vergüenza y recibir, además, las gracias por nada que se dan cuando se recibe absolutamente nada.

jueves, 21 de agosto de 2014

Anita, la marrina...

La primera vez que escuche hablar de “la familia escogida” estaba cómodamente instalado en el inolvidable apartamento de Isaac Chocrón, compartiendo con él alguna de esas tardes robadas al trabajo incansable en las que empezábamos a fraguar una amistad que no la acabó la muerte. No recuerdo las circunstancias, pero hablábamos de algo que él había publicado por esos días, en los que hacía referencia a un término que él aseguraba haber acuñado y que usaba para hablar de esa otra familia que todos tenemos, o debemos tener, compuesta por personas a quienes les brindamos nuestro más íntimo afecto.  No sustituye la que la sangre nos ha dado, pero perfectamente hace sus veces y en ella no faltan ni los primos lejanos. Aunque suene a disparate paralelo (cualquiera diría que una sola familia es suficiente, válgame Dios) la familia escogida está en tu vida, porque tú lo has decidido -  muchas veces sin pedirle permiso sino al amor - y la otra está porque tiene que estar, porque naciste en ella. La primera la escoges,  la segunda la tienes y punto.
Asimilé la teoría de la familia escogida, en primer lugar porque quien me la estaba contando era en ese momento (lo fue, para mi suerte, siempre) una especie de padre en plan aleccionador. También porque, apartando toda consideración, en mi vida esa familia escogida existía, desde que tuve la oportunidad de aceptar su presencia; pero, no fue fácil, uno puede sacar a un muchacho de la ruana y el frailejón, lo que no puede – siempre – es sacar la ruana y el frailejón del muchacho. El día que tuvimos esa conversación, la cordillera andina de mis orígenes más cerreros, estaba demasiado fresca; aceptar que yo tenía una segunda familia en mi vida era, ni más ni menos, que traicionar a Celinita y los mogollones. No obstante, lo había hecho - sin traición alguna - a Dios gracias.  Al adoptar el mejor de mis amores, había adoptado (escogido, digámoslo chocronianamente) a una familia compuesta por tantos y tan disparatados miembros que en ellos tenía la extensión de una vida distinta a la que había vivido hasta entonces, pero igualita en lo que significaba recibir y prodigar unos cariños largos, definitivos y exigentes que, además,  habitaban  un palacio, con torretas y pasadizos modernos, ideado por Fruto Vivas para una familia de promiscuidades decentes y algarabías.  Si por pedir era, yo no podía pedir más.
Supongo que ese cuento detallado, esa nostalgia convertida en vida diaria es otra de las tareas que tengo pendiente. Hoy no voy a contarla. No, porque hoy esa familia, a la que amo como mía, todavía intenta reponerse de la herida que a cada uno de nosotros nos ha causado el estupor de pasearse por palacio, buscando en cada rincón la risa sanadora de su directora de escena. De la señora de sus  flores y sus exquisiteces, del abrazo cerrado y selectivo que tuve la suerte de recibir un montón de veces. En su lugar, ha ido encontrando su ausencia. Anita, La Marrina de todos, se hizo luz sin aspavientos, sin molestar a nadie y con el tiempo justo de una despedida a la que me uní en el ultimo minuto, con la tarea inacabada que aun pasados varios días sigue siendo sorpresa incomprensible, designio triste del destino, voluntad de Dios, que llaman.  Y no es fácil. Pasearse por palacio sin encontrar la presencia amada de Anita, es probablemente lo más duro de haberla despedido hace dos semanas. Enfrentarse a las soledades que dejó atrás  lo pone a uno chinito; por una razón fundamental: para mi familia escogida, Anita y los suyos fueron al mismo tiempo, su familia escogida. Escogida, como me dijo La Nona hace tres días, a fuerza de confidencias, secretos, amores y dichas compartidas.
Una cadena de amores, perdóneseme no querer llamarlo de otra forma, que retruca en cada uno de los que entramos a palacio, para entretejer una colmena de abejas que dan su  miel en cada fiesta de cumpleaños, convocados por el azar del destino a sorprenderse por gente que guarda duelos a las matas de mamón o juega dominó y bolas criollas mientras escribe poemas y canta un ave maría. Una familia que abre puertas, las de palacio, para recibir a todo el que entre con el talante altanero de los que saben que no saben.  Callada, guardando las puertas de ese palacio que aprendí a querer antes de que Rayita tuviera que contar  el curriculum vitae del joven que te acompaña, estaba ella, llegada con su carga de dolores, como su nombre, y su epifanía alegre a poner orden en una tribu que la necesitó en cada amanecer de sus largos días.
Me resuena su acento, sus erres arrastradas, su enorme menudez y su amistad; me resuena un mensaje en el que me mandaba besos exclusivos (de esos que no le doy a todo el mundo) y una promesa de silencio, porque tu vida pertenece a la Quinta Zaira y las cosas que pertenecen a la Quinta Zaira yo no las cuento.  Me resuenan sus conversas, su risa alborotada y los pedazos de tarde en el patio rojo, las cervezas, el gusto por la buena mesa, la buena música y la promesa incumplida del concierto en el Aula Magna al que nunca fui.  Me resuena su presencia, en lo privado de los afectos verdaderos y habrá de resonarme para siempre su generosidad. Después de todo, Ana Dolores fue testimonio vivo de amiga,  en amigos que me regaló la vida para combatir estos tiempos en los que esa palabra viene tan rápido a la boca de los que no la conocen, fue ejemplo de compañía en tiempos de soledad y autora prodigiosa de una sopa de cebolla exquisita que se marchó con ella a la eternidad.  Me resuena su vida, toda, y la certeza de haber tenido en una familia que me escogió cuando los escogí a ellos, hasta la dicha increíble de una madrina que no alcanzó a llevarme a la pila. No es poco.
Hasta siempre Marri...

lunes, 30 de junio de 2014

Despedidas y certezas...

Cuando nació yo comprendí que es verdad que uno es capaz de dar su vida por alguien, literalmente. No es una exageración (y espero no encontrarme nunca en el trance de comprobármelo) es una verdad, robusta y grande, de esas verdades que nuestros mayores comparaban con un templo, tal vez para que, de paso tuvieran la irrefutabilidad de lo sagrado. Si Andrea, mi sobrina mayor, necesitara mi vida para vivir la suya, yo no lo dudaría.
Tiene 20 años y todo lo que eso significa cuando se tienen 20 años y se ha heredado sin fallas el carácter impetuoso e impaciente de una familia  que acostumbra tropezar muchas veces con la misma piedra y quitarse las angustias de la vida con un gesto altanero y una carcajada. Andrea no nos perdió pisada; por eso, es la niña de nuestros ojos.
 A estas horas, mientras escribo estas tonterías, Andrea está en Maiquetía esperando un avión que la pondrá, por un largo periodo de tiempo -  tal vez para siempre - ya no tan al alcance de nuestros abrazos. Una más de los que ha decidido buscarse en otra parte una vida que, aquí, por más que lo hayamos intentado, no se parece  a nada.
 Dos años bregando un cupo en una universidad decente, un novio al que nosotros queríamos tanto como ella y resultó ni más menos el patán criollo, algunos teléfonos robados a punta de descuido o de navajas (que para el caso es  lo mismo) un par de sustos en la playa y un secuestro exprés en toda regla "con-unas-armas-enormes-tío" en el regreso de una fiesta en Tucacas, convirtieron la paz de esta familia en un sin vivir viviendo. Saberla en la calle, de rumba, empezó a ser una sucesión de noches tan preocupadas como preocupantes, en las que el teléfono era mejor aliado que la más dulce de las almohadas.
Fui yo el que comenzó entonces  con la propuesta del irse demasiado. Al principio, la niña no quería ni oír hablar de eso. Asustada al pensar en el despecho de la ausencia, Andrea temblaba de temor cada vez que yo le proponía alejarse de su padre, seguramente la roca sobre la que ella ha cimentado su vida. Hasta que la evidencia derribó sus temores: una corta - y en apariencia anodina - entrevista en una Universidad de prestigio, en la que nadie le preguntó si tenía plata para pagarla, la convirtió, en menos de tres horas, en estudiante internacional de Odontología. Una proeza que en este pueblo universitario no había sido posible lograr ni con ayuda del infalible  San Cayetano.
Ayer celebramos su fiesta de despedida. Hoy, después de ajustar en su dedo índice la última joya de nuestra estirpe,  los viejos de esta casa nos encontramos con el corazón como capilla sin santo.  Dentro de un rato, alguien avisará que la niña ha llegado feliz a enfrentarse a su destino. Para todos la vida sigue. Para ella la vida empieza. Por fin.
Atrás habrá quedado la insoportable frivolidad de la adolescencia complicada, las distancias de los días en que su tío padrino era demasiado mayor para entender su lenguaje, los seis grados de separación que la  acercan a cosas mías de esta vida y otras nimiedades que ahora se antojan un chiste del camino.  Ya no habrá Basílica de la Inmaculada que la reciba blanca y radiante, ni Aula Magna de la muy ilustre para imponerle medallas de familia. Los domingos almorzaremos a tiempo porque no habrá que esperar que esté lista, ni me aturdirá su tono de voz en algún "pórtate bien y respeta  carajita..." Las vacaciones empezarán a tener desvíos que hasta hace poco eran innecesarios o habrá encuentros de aeropuerto para darle una vuelta a la chama.
 No estaré al alcance de su mano por si una necesidad de su impaciencia requiriera nuestra ayuda y quizás no tenga argumentos para tenerle ojeriza al próximo novio cachaco. Una convicción, no obstante, arropa la tristeza: no habrá arraigo, ni nostalgia, ni ganas de abrazarla fuerte que nos haga traerla de vuelta. Todo se vale, cuando el futuro está en juego; así como yo dejé a Celinita enjugando lagrimas en un aeropuerto hace más de 20 años, Andrea, aun cuando me ha dejado desgajado en llantos, me ha enseñado en su despedida una valiosa certeza: no importa cuánto amor tengas para dar a los que vienen, si no encontraste la forma de darles un país que los retenga a tu lado.
Andrea será feliz, los Liendo Mogollón siempre conseguimos serlo, a pesar de todo. Está en sus genes.  Pero la felicidad de Andrea será un cuento que me han contado y no una vida que vi. Supongo que eso tendré que agradecérselo a los golpes que corren, en los tiempos que corren.
Que Dios te lleve con bien, mi niña...

viernes, 2 de mayo de 2014

"Me cansé de vivir..."

Hasta hace poco y a pesar de cargar con 83 años a sus espaldas, más un diagnóstico de Parkinson anunciado hace un poco mas de 10, mi tía Helena era una mujer admirable. Dueña de esa cosa indestructible de las mujeres andinas que yo suelo confundir con la inquebrantable fe de los buenos católicos, pero va mucho mas allá; Tía Helena es una mujer generosa, pizpireta, divertida y esencialmente buena. Creo que es ajena a toda maledicencia y recibe los golpes de la vida con la fortaleza impensable en una mujer que no levanta más de metro y medio del piso.
 A pesar de que la vida nos ha llevado por caminos más o menos diferentes, siento un profundo y verdadero afecto por la tía que siempre ha abierto las puertas de su hermosa casa para la cena de navidad en familia; además, sus manzanas asadas en gelatina son probablemente el postre que ocupa un buen pedazo de mis memorias gastronómicas de infancia. La quiero mucho, pues, y sé que afortunadamente, eso es reciproco. De modo que me esfuerzo (menos de lo que ese cariño aconseja) para  verla de cuando en cuando.
 Ayer fue uno de esos días. Aprovechando el muy proletario feriado del 1 de mayo me animé a pasar un rato con la tía de quien, además, he sabido, acusa variados achaques; caídas mas bien, producidas por cables desconectados en su cerebro, aun muy lúcido, aunque incapaz de ciertos controles debido al Parkinson. Tenía tal vez un par de meses que no la veía, de ahí el gran impacto que me produjo entrar a su habitación y encontrarme entre las sabanas de una cama impecable, a una desconocida anciana, maltratada no tanto por los estragos de la enfermedad, que no son pocos, sino por la profunda depresión que lleva instalada en la vida, quien siempre fue una mujer optimista.
Después de los saludos, los afectuosos cumplidos y esa cosa social difícil de superar hasta en familia cuando te encuentras ante el lecho de enfermo de alguien a quien te gustaría levantar de allí a toda prisa; aceptada en la retina la primera desazón, hicimos algo de conversación. Sentado al pie de su cama, buscando en su mirada una razón para el pesar lastimero en que se ha convertido su voz, le pregunté con mi mayor interés
-           ¿Cómo está tía? ¿Qué le ocurre?
 Ella me miró con los ojos más sinceros que le he visto en años y respondió enunciando cada palabra como si fuera una sentencia inapelable:
-          Ya me ve hijo...cansada, lo que ocurre hijo, es que yo me cansé de vivir...
 La habitación en penumbras debe haber absorbido el estupor de mis ojos en el silencio que siguió a esa declaración dolorosa. Pero, no se tragó su voz apesadumbrada:
-           Hace como dos años, me dijo, la doctora Suarez me mandó a tomar una pastillita nueva. Usted me pregunta,  hijo y yo la verdad, es que no se bien para qué es. Pero yo creo que esa pastilla y el favor de mi Papa Juan Pablo II me tenían levantada, animada, yo puedo jurar que hasta me había controlado mucho lo del temblor en el cuerpo; pero, hijo...hace como seis meses que conseguir la pastilla se ha convertido en una odisea tan terrible...
 Tragándose lágrimas que a mí me sonaron mas a frustración y rabia que a compasión, mi tía me narró, con todo detalle, el duro trajín por el que mis primos tienen que pasar cada vez que se hace necesaria una nueva dosis de un medicamento que en su prescripción, indica estrictamente no debe ser interrumpido. Ese trajín, a esta buena señora se le hace doblemente difícil, porque en fechas más recientes ha implicado "molestar" los buenos oficios de allegados, amigos y/o cualquiera que pueda conocer a alguien que conozca una forma de obtener el medicamento. En otras palabras, a sus 83 años tía Helena que ha sido siempre incapaz de perturbar la vida de nadie con solicitudes de ningún tipo, porque siempre se las ha arreglado muy bien para bastarse a sí misma, está en la dolorosa situación de "mendigar" (tía dixit) una medicina indispensable para su bienestar, que ella está dispuesta, además, a pagar al precio que se la pongan....
-          Ahora figúrese usted hijo, como hace la gente que ni siquiera puede darse el lujo de pagarla…
 Esa pregunta de mi tía, que en varias versiones se la he escuchado a muchísima gente, rebotó sin respuesta en las cortinas cerradas de su habitación de enferma.
 El silencio me venció. Yo no tenía la medicina salvadora en la mano ni manera alguna de materializarla; me le acerqué y le di el mismo beso en la frente que incontables veces di a mi mamá cuando enfrentamos juntos la mala hora.
 Tía Helena sonrió, volteó a verme y soltó la última estocada
-          Como va uno a querer vivir así, mijo...si ya uno no puede ni darse el lujo de enfermarse...
 Entonces cerró los ojos y dio por terminada la visita.
 Mis primos me contaron luego las llamadas a todas las farmacias, los mensajes por redes sociales, el precio - varias veces multiplicado - que han abonado por un par de cajitas y los viajes a Cúcuta de ir y venir a toda velocidad, para comprar (a tres o cuatro veces su precio de referencia) algunas cajas del salvador remedio. La tía está consciente de todas esas complicaciones, de modo que ellos están casi seguro que ese es el único motivo por el que mi tía esta tan decaída, el único motivo por el que probablemente se niegue, en serio, a seguir viviendo.
 Yo los abracé en la puerta enrejada de una casa convertida en fortaleza inexpugnable, caminé hasta mi automóvil, entré, subí los vidrios y me dejé aniquilar, de incertidumbres, de perezas, de mala vida, de frustraciones.
 De no saber si llegará el día en que nadie decida tirar la toalla porque le impiden dar la pelea.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Familia que baila unida...

Cuando bajé del auto sonaba la Billo´s y alguien preguntaba dónde poner las brasas a arder. En un mesón cercano a la cocina, las Romero picaban la ensalada y Leopoldito revisaba que todo estuviera listo. Nayarit salió a mi encuentro para no permitir que nadie le robara a ella la emoción del primer abrazo. Entonces, entendí que había llegado a casa después de muchos años de trasiegos y mudanzas, que mi papá se incorporaba en el diligente accionar de mi hermano, su tocayo,  y que, a partir de ese momento, por las lágrimas en los ojos y el silencio de todos los que nos  abrazamos en el abrazo de Naya, solo vivía la emoción de ser,  más que primos, los hermanos de esa extraña cofradía que, con cara de familia, se inventaron Don Juan Liendo - el abuelo principesco - y Doña Ofelia Tenias – la abuela refistolera -  en el marco inolvidable de la Quinta Mis Nietos de El Trigal y el rancho playero de Chichiriviche.
La última vez había sido la infeliz tarde en que despedimos a Ofelia y apresurados, guardando las composturas debidas,  los tíos, entonces completos, mostraron a sus hijos, prometiendo un acercamiento que no se dio porque la vida es así y toma rumbos a los que uno no puede oponerse. Algunos nos fuimos en ese entonces, otros se dedicaron a poner sus vidas a punto, otros se alejaron porque tenían que hacerlo. No es tarea fácil seguirle el paso a tanta gente.  Chabela y su marido, Arnaldo,  dieron el pistoletazo de salida hace un par de años, pero solo habíamos logrado – algunos – llegar de nuevo a la despedida de los que adelantaban el viaje;  eso, en los Liendo, no es natural. Los Liendo somos gente de fiesta, de trago y de baile fácil,  gente bien compuesta que si la dejan, se porta mal y lo cuenta.  De modo que hizo falta la determinación que Luis José heredó de Cheo, para ponerle fecha a la fiesta y dejar la convocatoria en manos de Chabela.  Así, con la sencillez de las cosas que son impostergables, llegamos el sábado 14 a Valencia, a recontarnos la vida sin prisas ni caras largas.
Estuvieron casi todos. Los mayores, el tío Chicho, imperturbable compostura de hombre presto a desparecer si el desorden lo amenaza, observador y callado en la impecabilidad de un cuerpo que no ha envejecido sino lo estrictamente necesario,  al lado de Ruth, compañera de risa fácil, a la que querer no es en absoluto difícil. El tío Enrique, el hombre de salud complicada y gusto por los estudios, que muestra sus cicatrices y su desfibrilador como trofeos de una guerra que por ahora va ganando, en la juventud de años bien vividos al lado de Laura, la tía que no conocíamos y le ha dado, por todo regalo, una vida de cuidados que se envidia y se agradece a la distancia. El tío Negro, eterno, insuperable, mal portado, amoroso, solidario y cercano, ahora cuidando el número y la calidad de los tragos que siempre se ha tomado, abrazándonos, besándonos, olvidando - como siempre - que la mayoría de sus sobrinos queridos, tienen el cabello mucho más blanco que él, santo y seña de su extraordinario parecido a Ofelia; la tía Gladys, piedra angular de nuestra historia,  ama y señora de una extensa familia que no dudaría ni un segundo en darle a ella el premio de un cariño que no se mide, pero se siente en la profundidad de la belleza feliz de los años compartidos con el tío Leopoldo, mas Liendo que los Liendo todos, dominando los temblores de la enfermedad insidiosa, para exigirme presencia constante e inmediata a su lado y confesarme, aunque no haga falta, que no pasa un día en el que no recuerde a quien considera un hermano del alma, mi padre, quien tuvo la mala idea de irse, dejándonos esta dicha por herencia.  Junto a ellos, la tía Beatriz, embellecida por su manía de ponerle al mal tiempo, la mejor cara, viviendo en el umbral de una vida sin el buenazo del tío Iván, otro de los ausentes más lamentados y la tía Trina, genio y figura de mujer, campeona en eso de pertenecer a una familia a la que se unió, aunque un juez haya dicho lo contrario hace un buen montón de años y ya el Tío Popito no esté para explicar cercanías.
Allí revueltos, 25 de los 33 primos hermanos,  los que comparten sus vidas, sus hijos y los hijos de sus hijos, con el ánimo tan alborotado como un 31 de diciembre en la sala de la casa de El Trigal. Los Juanes Liendo, hermanados por el nombre del abuelo, conectamos una conversación que no habíamos echado a andar nunca. Carolina y Alejandra repartieron entre las mujeres la estampa de los abuelos, Ricardito nos trajo el amado recuerdo de la tía Carmen, primera en partir y Nayarit se dio prisas en hacer cierto aquello de Liendo que no baila nació con problemas graves. A la Tía Gladys la zarandeamos tanto como nos dio la gana, Juan Rafael contó discretamente que hace poco, en Alemania,  fue nombrado uno de los mejores árbitros deportivos del mundo,  Juan Ernesto volvió a hacer las payasadas inverosímiles que lo sacan de su enfurruñamiento;  Trinella demostró que es mentira que alguna vez fue una niñita fastidiosa,  Chabela bailó hasta con los mosaicos del piso y Leopoldito no cesó de exhibir el buen talante Romero. Israel echó cuentos de vida y anunció a los cuatro vientos que será padre muy pronto. Juan Pablo nos regaló la otra Victoria Liendo, una belleza que garantiza la buena estirpe futura, Jhon cuidó de su padre y se prodigó en la galanura de una juventud que lo hace cercano reflejo de lo que somos. Mayra se soltó el moño cantando hasta las tantas,  mientras Luis José, a cargo de la parrilla, fue más Cheo que Cheo. Iván Darío y Juan Francisco trajeron en sus rostros al tío Iván de las mil bondades y  los menores, entre ellos, al mando del otro Luis,  nos aseguraron que la familia sigue por buen rumbo, mientras haya abrazos que lo certifiquen.
En un rincón, presidiendo la fiesta, Don Juan sonreía complacido apretando la mano de la abuela Ofelia. Estoy seguro que los vi, de otro modo no habría  podido salir de allí convencido de que al lado de los Liendo me siento en casa, porque son casa y bienvenida y familia, y eso, decía mi mamá, no es algo que se compra en botica.

martes, 18 de junio de 2013

De Tíos e intolerancias...

Llegue a la casa de mi madre entrada la madrugada. En la habitación,  que había sido la mía en la adolescencia y se mantenía más o menos igual,  a pesar de mis años viviendo fuera (quizás como recordatorio de aquella gran verdad según la cual uno ha de tener un lugar al que pueda volver siempre, aunque no regrese nunca) encima de la misma cama sin cabecero en la que  padecí mis primeros sueños de amor, estaba la nota,  escrita en una hoja cualquiera de cuaderno, con  la letra elegante de mi hermano Jorge Luis, que decía: “Gordo, vamos a ser tíos”.
Estaba sólo en la penumbra de una habitación en la que no podía hacer ruido. El resto de la familia dormía plácidamente.  A medida que mis ojos se acostumbraban a la media luz, entendí, entre otras cosas, que me acababa de perder la gran celebración. También, que me acababa de perder las lágrimas de alegría de mamá, la - seguramente escandalosa - emoción de mi hermano menor y que, por suerte, la vida familiar se extendía y festejaba a pesar de mis ausencias, cada vez más largas.
Fue, como todo en mi familia, un embarazo tribal del que participaron las hermanas de mi madre,  los primos, los amigos de mi hermano y por supuesto, los compinches de cada uno de nosotros, desde las trincheras de cada uno de nosotros y que rompió aguas una madrugada de junio, mientras, otra vez, yo estaba de fiesta. Después de muchos mensajes de mi madre en el contestador de mi teléfono y con un ratón de horas, ese día a media tarde  estaba yo cargando por vez primera a la primogénita de la estirpe, sangre de mi sangre,  para entender de una vez  que es verdad que uno es capaz de dar su vida por alguien.
La alegría de esas primeras horas duró muy poco. Los primeros meses de su vida, la niña (como la llamamos todos) los pasó entrando y saliendo de clínicas, como otros niños de esa edad los pasan descubriendo sonajeros. La caterva de tíos, desolados, llorábamos sin consuelo el dolor de ver una parte de nuestra carne, atravesada por agujas y sueros en los retenes pediátricos de casi todos los centros de salud de Mérida.  La niña había nacido intolerante a la lactosa y hacia gastroenteritis con mayor facilidad que pucheros.  No se iba a morir de eso, lo sabemos ahora, pero en ese momento, todas las fuerzas de aguante se pusieron a prueba y todos los remedios salvadores se intentaron sin éxito. Ha quedado para el anecdotario familiar, la cabra amarrada en el balcón para ser ordeñada algunas veces al día, en un acto desesperado recomendado por alguna “experta” medica alternativa que produjo la más grave de las estadías de nuestra niña en un centro hospitalario.  La niña,  sencillamente no podía consumir ningún tipo de leche, a riesgo de su vida.
En pocos días cumplirá 19 años.  Ha ido por la vida seduciendo pizzeros para que le preparen pizzas, (su comida favorita) sin queso y nunca un pretendiente, de los muchos que su hermosa juventud le ha regalado, ha osado invitarla a comer helados. En casa, si ella se sienta en la mesa, ni siquiera se piensa en ponerle trocitos de queso duro a la crema de apio;  el café con leche no está entre sus múltiples manías alimentarias y jamás, por ninguna razón, se ha ido a la cama con un vaso de leche tibia en las manos.
Es una decisión propia, obligada por las circunstancias. A la madre de la niña nadie le prohibió nunca comprar los alimentos importados con los que  fue criándola lentamente  entre biberones y pediatras que nunca fueron tildados de lacayos de nadie, aunque escribían récipes que contenían la obligatoria necesidad de mover cielo y tierra para conseguir un sucedáneo de leche infantil para darle a mi sobrina.  Su intolerancia, afortunadamente, se asocia sólo con los lácteos. Para todo lo demás, es tolerante hasta el dolor de cabeza (de sus padres).  Por eso ha superado con honores los 19 años que lleva vividos en este ambiente enrarecido de cambios que no llegan y prohibiciones absurdas. Para alegría nuestra, vive. Va a la universidad,  hace lo suyo y sueña con ser madre joven, como cualquiera que a su edad decida darle salida a su Susanita.
Lo que realmente lamentamos de esa parte del cuento  es que,  de seguir como vamos, para poder mimar a los hijos de la niña, habrá que tomar aviones. Nadie augura - ni por un segundo - que ella pueda amamantar a sus hijos y no será por no dañarse las tetas, ni por frivolidades imperializantes,  será por salud, una palabra que en esta tierra de (des) gracias, cada día significa menos.

viernes, 4 de enero de 2013

Turismo en casa

NAVIDAD 2012 016  NAVIDAD 2012 020  
Las fiestas de Año Nuevo me dieron la feliz oportunidad de recibir en Mérida una buena parte de mi familia. Hacía mucho tiempo que no estábamos juntos en esa fecha, como ha sido la costumbre de toda la vida, en esta familia que más bien parece una tribu sin caciques; de modo que, a algunos de esos primos que vinieron, no los había visto en años En total 26 personas, entre primos de varias generaciones, familiares de esos primos (que de algún modo también son primos) y amigos de esos primos, que terminan siendo parientes.
Desconozco las razones que tuvieron para escoger Mérida como destino de Nochevieja, más allá del hecho de tener primos aquí, tener acceso a alojamientos “no tan caros” y hacer un poco de vida campestre, alejándose de esa cosa agobiante que es la capital. Estoy elucubrando, pero me imagino que eso fue lo que pensaron todos antes de salir de sus casas, montarse en sus carros y poner a Mérida en el horizonte.
No contaban con las sorpresas del camino; un viaje que normalmente toma entre 10 y 12 horas de carretera, para empezar, a ellos les tomo creo que 16 o 17, debido fundamentalmente a las tomas de posesión de algunos gobernadores en la región central que obstaculizaban el paso por las autopistas que conectan esos estados con el resto del país. Con horas de retraso, sus mensajes indicaban cercanía a la entrada de Mérida, una forma cruel de decir a quien venga, que se equivocó de destino, porque en esta ciudad no cabe un carro y quizás una persona más. Si mal no estoy, la cola que comienza en Tabay y termina, por arte de magia, en La Vuelta de Lola, robó un par de horas a la emoción del reencuentro.
Mis primos no son ajenos a Mérida, vivieron aquí cuando eran chamos, algunos nacieron aquí y han venido con cierta asiduidad. Conocen la ciudad, o eso creían ellos. Una conversación distendida el segundo día de la visita, puso en su lugar el mito de “destino turístico por excelencia” que apellida mi ciudad. Estaban horrorizados (y no era para menos) con el deterioro y el tráfico de un lugar, donde ir de un punto a otro en el área central, toma fácilmente una o dos horas.
Optamos entonces por las ofertas suburbiales: El Valle (un sitio al que se puede ir doscientas veces y siempre es una belleza) hasta llegar a La Culata, donde, sin mirar la basura arrojada a las caminerias y los lugares donde uno pasea, se disfruta de un lugar realmente bonito, coronado por la dicha de unos riquísimos pasteles de trucha en una pequeña bodega completamente andina; poco mas, excepto hippies y mucho “turista” con cavas buscando un calentao que ya no es como el de antes y haciendo escándalo.
El Parque Tematico La Venezuela de Antier, fue otro de los destinos: está bien, es un lugar divertido, sumamente costoso y hecho para que el visitante gaste todo lo que llevó y se endeude un poco si puede, tal cual al estilo Disney. Encontré un poco fastidioso que insistan en llevar a los visitantes como en un rebaño, sin permitir que uno se dedique a recorrer el parque “por la libre” y me pareció cursi e insoportable el tono con que han enseñado a hablar a los animadores de cada “espectáculo” que presentan en las paradas. Eso sin contar la llegada: momento en que lo reciben a uno con una parodia malísima de alguna fantasía Gomecista en la que hacen, o intentan hacer,  todo el humor de este mundo, burlándose sin piedad de alguno de los visitantes que ha pagado sus 240 bolívares para ser públicamente humillado.
Después, más bien nos dedicamos a preparar nuestra fiesta de año nuevo, los mayores, y los que no lo son tanto, decidieron otro parque: una cosa que se llama Eco Wild y que a juzgar por sus comentarios, estuvo de lo mas bien. No lo conozco.
Sí fue una ocasión feliz, se debe, básicamente a que estábamos contentos por volver a vernos después de algún tiempo; pero, lamentablemente, no creo que se repita pronto. Se fueron escandalizados por el tráfico, la suciedad, el ambiente de inseguridad y la precariedad de la ciudad en general y yo no puedo más que apoyarlos. Esa es la Mérida de ahora. Esa es la ciudad que se prepara (o no se prepara, mejor dicho) para ese aquelarre de borrachos y delincuentes que aquí llaman Feria del Sol y que empieza sus tormentos en poco más de un mes. Esa es la ciudad, de la que muchísima gente opina, (yo incluido) que es el mejor sitio para vivir en Venezuela
Imaginemos el resto…

sábado, 15 de octubre de 2011

Doña Josefa

Dicen que cuando mi abuelo la vio por primera vez, ella estaba sentada en el pollo de la ventana y apenas salía para señorita. Cuentan que ella no sabía bien el por qué de las amabilidades, pero que no se negó a recibirlas. Alguien me ha asegurado que pocas muchachas de entonces tenían su belleza. A mí me bastan las fotos sepias y la buena pose, para saber que es verdad. Pero, claro, mi opinión está sesgada. Yo soy su nieto, yo entré a su cuarto aquel aciago 1 de Junio para cerciorarme de saberla dormida para siempre y entré también a la casa de la calle 19, un día cualquiera de mi infancia lejanísima, para recibir sus mimos, aprender a pegar botones, adorar la buena mesa, la cocina criolla de alto vuelo y grabar en mi memoria el escándalo de una risotada con la que se quitaba de encima los rumores y los problemas.
Mi abuela Josefa cosía togas y birretes en una época en que poco se alquilaban los símbolos de la inteligencia; hacia coloridos y hermosos trajes de noche a las señoras de Cuatro Piedras y elegantes atuendos a las damas de la Avenida Tres Independencia y más de una novia feliz (sus hijas por supuesto) caminaron al altar vistiendo galas en las que ella había puesto toda la belleza que le era posible encontrar. Mi abuela Josefa alternaba los pedales de la Singer, con las paletas de madera con que agitaba el mejor majarete de este mundo y un delicioso postre de naranjas, que se murió con ella. Mi abuela Josefa batía melcocha algún lunes por la tarde, en la cocina de su casa o en una piedra cualquiera. Mi abuela Josefa tenía un rejo torcido que dejó caer alguna vez sobre las costillas de sus nietos. Mi abuela Josefa daba abrazos grandes y gordos, servía meriendas, hacia disfraces y no le abría la puerta a ninguna mujer un lunes a primera hora de la mañana, probablemente porque, en el fondo de su alma generosa, desconfiaba de todas las mujeres que no fueran su entrañable Ramona Meza. Mi abuela Josefa tenía el genio atravesado y altanero, de quien no tiene cosa alguna de la que arrepentirse en esta vida y estaba segura que la suya no era vida de mujer casada.
Pero, mi abuela Josefa tuvo un talento mayor que empecé a descubrir con mis primeras canas. Mi abuela Josefa llenó de razones la maternidad con la que eternizó una familia de la que se cuentan, por los momentos, 2 hijos que sobreviven a los 4 que nacieron, 18 nietos, 24 bisnietos y 1 tataranieto, que no pueden renunciar a esa manera enrevesada de vivir que hemos convertido en adjetivo, ni a los sabores insuperables que nos han ido poblando una memoria mas genética que real: Los que no heredaron sus gracias de costurera, se aplican en los fogones, pero han sido incapaces de repetir su majarete.
Mi abuela Josefa, parada en la puerta del patio, escondida para sorprenderme a la llegada de la escuela, relatándome historias de cada pedazo de esta Mérida que se sabía de memoria, es mi ancla a tierra. A tierra o a familia, que en la forma Mogollón de ser familia, es lo más parecido a pertenecer a algo donde la vida, dura, se hace cómoda, porque está llena de eso que trajo Josefa Antonia a este mundo, cuando llegó hace un siglo.

Etiquetas

#panamapapers (1) 19 de abril (1) 1S (1) 2010 (2) 2012 (5) 2016 (1) 2017 (1) 23 de enero (1) 6D (6) abstencion (2) abuela (3) abuso (2) accion democratica (2) acetaminofen (1) activista (2) adecos (1) adictos (1) adivinanzas (2) admiracion (1) adolescentes (8) adriana nunez (1) aeropuerto (3) áfrica (1) afrodescendiente (2) agresiones (1) agricultores (2) aguinaldos (1) agustina (2) AH1N1 (2) Ahmadinejad (1) ahorristas (1) al limite (2) albarregas (1) ALBOR RODRIGUEZ (1) alegrias (1) Alejandro (1) alemania (1) alerta epidemiologica (1) alicia (1) almuerzo (1) alvarez paz (1) amfar (1) amigos (9) amor (1) ana dolores (1) ana frank (1) anarquia (1) andinos (1) Andres (1) aniversario (1) año escolar (2) año viejo (3) apagones (2) árabes (1) argentina (5) armas (1) asalto (5) asamblea nacional (6) aseguradora (1) asesinatos (8) asesino (4) asi nos va (8) ataque (3) ateneo de caracas (2) atentados (3) atracos (2) ATREZZO (1) atun (1) auto desvalijado (2) autos quemados (2) ayuda (1) azucar (1) azzurro ristorante (1) Bacanos (1) bachaqueo (1) Bachelet (1) Bachianos (1) Ballet (2) Ballet Contemporaneo de Caracas (2) banco latino (1) bancos (5) banda sinfonica (1) BANESCO (1) banpro (1) Barack Obama (5) belgica (1) Benedicto XVI (3) benjamin (1) berlin (1) bicentenario (1) bizet (1) blackberry (1) blog (4) boda (2) bodega (2) bogotanos (1) bolivares fuertes (3) bonito (1) Bose (1) boxeador (2) brasil (2) bromas (1) brujerias (2) buen tipo (3) buen vivir (3) buena noticia (1) burka (1) cacería (1) cacerolas (1) cacerolazo (1) CADELA (1) cadenas (2) cadivi (1) café (1) Caitlyn Jenner (1) CAJERO (1) caldera (2) calsi (1) camino (2) campana electoral (6) campeón mundial de boxeo (2) Canal de TV (2) cancer (4) candidato (9) cantantes (2) CAP (1) capriles radonsky (7) caprilismo (1) Carabobo (1) caracas (17) Carceles (3) carestia (3) Carlos (1) carlos andrez perez (3) Carlos Escarrá (1) carmen (1) carnaval (1) carnicero (1) carpeta (1) carrera (1) carros (4) cartas (1) Casa Blanca (1) caserones (1) casita en el arbol (1) Cecil (1) cecilia matos (1) cedula (1) celebraciones (2) Celina (4) censo (1) censuras (2) centro de merida (11) chamos (3) Chavez (1) che vaisman (2) chela (3) chile (2) chilenos (2) chocolate (1) CICPC (1) cierre (1) cincuenta (1) cine venezolano (1) circulos bolivarianos (1) cirugia plastica (1) ciudadanos (2) clases sociales (5) clavos (1) CNE (5) cocina (1) colageno (1) colectivo gay (3) colombia (8) colores (2) comida (1) comida piche (1) compania nacional de teatro (2) compinches (2) compuerta (1) computador (2) comunicacion global (4) comunidad libre (3) concierto (2) concierto por la paz (2) conectado (2) conexión (1) confesiones (1) confrontación (1) conjunto residencial las marias (6) consejo nacional electoral (7) constitucion (1) controles (1) copa america (1) corinna (1) corridas de toros (2) corrupcion (1) cosas de la noche (1) costumbres (1) cosulich (1) credenciales (1) crimenes (4) crisis humanitaria (2) cristina fernandez de kirchner (2) Crucificcion (1) cruz (1) Cuba (11) cubanos (13) cuenta propia (1) cuentapropismo (1) Cultura (2) cumpleanos feliz (3) custodios (3) daniel zamudio (1) debate (1) deber (1) decencia (1) declaracion publica (2) dedo en la llaga (1) defensora del pueblo (2) deja vu (1) delincuentes (7) democracia (6) democratica (1) demonios (1) dengue (1) deporte (3) derecho (6) derechos de autor (1) desabastecimiento (2) desapego (1) desastre natural (3) despecho (2) despedidas (2) después de la batalla (2) devaluación (3) dia de la raza (1) dia de las madres (2) dia de los inocentes (2) dia de parada (1) dialogo (2) dictadura (4) diego arria (2) dinero (7) Diosdado (1) diputados (3) directores (1) disculpa publica (1) discursos vacios (2) disentir (1) Dislexia (1) disparate (1) disparos (4) disturbios (11) diversidad funcional (1) doble moneda (1) documento bonito (1) documentos (1) documentos de panamá (1) dolares (5) dolor (1) domingo (2) domingo salazar (2) Doña Gladys (1) dos paises (3) duelo (3) duquesa de alba (1) earle herrera (1) ebola (1) economía (1) ecos del torbes (1) ecuador (1) Edie Windsor (1) Eduardo Gomez Sigala (1) educacio (1) educacion (9) educacion media (4) edward snowden (1) Edwin Erminy (1) efectivo (1) ejido (1) el campito (1) el morocho (1) el nacional (2) elecciones (49) electricidad (1) elizabeth taylor (1) embajadores (2) emigrar (1) empleados (3) encuentro (1) enfermedades (8) escandalo (5) escasez (2) escuelas (18) espana (7) especulación (1) esperanzas (2) espionaje (1) esposas (1) esquina de cipreses (1) Estadista (2) estados unidos (4) estafa (1) estudiantes (10) etica (2) eufemismos (1) europa (5) eva gollinger (1) eventos (3) exilio (10) exodo (2) expais (6) expresidente (2) expropiado (1) extradicion (1) extranjería (1) facebook (1) facundo cabral (1) familia (9) fe y alegria (4) felicidades (4) Felipe (1) feliz año nuevo (5) FELIZ NAVIDAD (5) ferias (1) ferias del sol (5) fibromialgia (1) Fidel Castro (4) fiestas (3) fin del mundo (1) final (1) fiscal (2) FITVEN (1) flor por cada muerto (2) Florida (1) flotilla de la libertad (1) fotocopias (1) fotografias (4) fran (1) francisco javier rivas (1) francisco mujica (1) Franklin brito (2) freddy orta (2) freelance (1) frenesi (1) frontera (2) fuerza (1) fumar (1) fundación don bosco (1) fundacomun (1) fusiles (1) futuro en ciernes (7) gadafi (1) ganador (2) ganamos (1) gatopardo (1) gay (1) generacion y (1) gente brava (2) globovision (2) GNB (2) gobernador (2) gobierno (12) gochos (1) golpe de estado (1) graduacion (1) graffiti (1) gringos (1) gripe (1) guardaespaldas (1) guerra (5) guillermo zuloaga (2) Habana (19) hada madrina (1) haiti (1) hector torres (1) helicoide (1) herencias (1) hermano (1) hijos (1) Hilton (1) historia (10) hogar (1) holocausto (1) hombre nuevo (4) homilia (1) homofobia (1) homosexual (1) honestidad (1) hospitales (5) hotel (1) huelga de hambre (5) huelga general (2) Humala (1) humillaciones (1) humoristas (1) identidad (2) idi amin (2) Idi amin dada (1) iglesia (1) imagenes (2) impuestos (1) inca valero (2) independencia patria (4) indignidad (2) inflación (1) información (1) ingrid betancourt (1) inocentes (2) inscribirse (1) insobornables (1) internet (2) intervencion (1) invaden terrenos (1) invasiones (2) invasores (3) Iran (1) irrespeto (1) isaac chocron (2) israel (1) janani luwum (1) japon (1) jennifer carolina vielma de valero (1) jesucristo (1) Jesuitas (1) jibaro (1) jimmy kimmel (1) Josefa (3) jóvenes (1) juan carlos liendo (2) juan manuel santos (1) juan pablo II (1) Juanes (1) judas (1) jueces (1) julius nyerere (1) justicia (3) justicia sabanetera. (2) La Fria (1) la lucha (1) la vino tinto (1) ladrones (3) latinoamerica (2) Lava (1) lavidadenos (1) lester rodriguez (1) libertades (5) libertador (1) libre empresa (2) libros (1) liendos (2) Lila Morllo (1) lina ron (1) linchamientos (1) lista (1) listas de los viernes (17) literatura (1) liza minelli (1) lluvias (3) lochte (1) loma de los maitines (1) lorena guillen (1) Lorenzo Mendoz Gimenez (2) los malos (4) lucha de clases (1) Luis Chataing (1) luisa estela (1) luisa ortega (1) lutos (3) luz (2) madre (6) magdalena (1) magistrado (1) magnicidio (1) maiquetia (2) malandraje (3) maldad (1) Mandela (1) maniatado (1) mano dura (1) manuela saenz (1) maquina de votaciones (2) Margarita (2) Maria (3) maria corina machado (1) Maria Eugenia Barrios (1) maria leon (1) maria teresa castillo (1) mario vargas llosa (1) martin luther king (1) matrimonio (3) medicinas (2) medicos (5) medios publicos (1) megalomania (1) mercado negro (2) mercal (1) merida (72) mesa de la unidad democratica (11) miami (1) Michael Moore (1) miedo (3) migrantes (5) Miguel Angel Rodriguez (1) Miguel Ferrari (1) militante (1) militar (1) mineros (1) ministro (2) mis nietos (1) mises (2) mision imposible (1) misionero (1) miss universo (1) mistela (1) momentos (1) moneda (2) monstruo (1) montse (1) Montserrat Caballe (1) morgue (1) mosquito (1) moteros (1) motines (1) motorizado (4) movilnet (1) movimiento13 (1) Muammar (1) muchachos (1) mudanza (1) muerte (4) muerte por inanicion (2) muertos (5) mujer (5) mundalista (1) mundial de futbol (3) municiones (1) musulmanes (1) narco (1) NAVIDAD (11) nazareno de san pablo (3) negocio (5) Nelson bocaranda (1) nestor kirchner (1) netanyahu (1) nevera (1) new york (1) no es lo mismo (1) no se (1) no violencia (2) noche de los lápices (1) nochevieja (2) nona (2) nostalgias (4) noticias (3) Obama (2) obligacion de votar (4) odio de clases (4) odios (2) OEA (1) Offer Saks (1) oficinas (1) ojo por ojo (1) olimpiadas (1) Olvido (1) omnipresente (1) once de septiembre (1) opera (1) opinion (2) oposicion (4) oraciones (1) oraculo (2) organizacion de estados americanos (1) oriente (1) Orlando (1) orquesta (1) orquídeas (1) ortega (1) oscuridad (1) oso polar (1) oswaldo (1) pablo perez (1) padre candido (1) PAE (1) pais (7) paises (1) palabras (3) panaderias (1) panamericana (1) panteon nacional (1) Papa Doc (1) Papa Francisco (1) Papa Nazi (1) papel cuche (1) paraiso (1) paramos (1) pareja (1) parias (1) Paris (1) paro civico (2) parque tecnologico (1) participacion (1) partida (3) partido de gobierno (1) pasaportes (2) pasteles (1) patan (1) paternidad responsable (1) patria (8) paz (2) pdval (1) Pedro (1) peleas (1) perdedor (1) Perez (1) Perez Jimenez (2) periodista (6) perlas del horror (1) permuta (1) personajes (8) Peru (1) pesadumbre (1) pesos (1) pinera (1) plata facil (1) plaza bolivar (1) POLAR (1) polarizados (1) policia (9) politico (8) poliza (1) pon a volar un libro (1) precios altos (2) Premio Nobel (2) premio rodolfo walsh (1) prensa del corazon (1) prescindibles (1) presidente (11) preso (2) preso politico (4) primarias (12) primero de mayo (1) primos (1) probidad (2) problemas (1) profesionales (1) profesor (2) programa de alimentacion escolar (1) prohibido (3) propiedad privada (1) prostitucion (2) protestas (6) pueblo unido (4) puertas (1) PULSE (1) puntos rojos (1) rafael (2) rafagas (1) rajoy (1) ramiro Valdez (1) ramos allup (1) rating (1) Raul Castro (1) rayi (1) RCTV (1) referendo (1) reforma educativa (3) refrescos (1) refresqueria (1) regalito (2) regimen (4) registro electoral permanente (6) regulaciones (1) reinas del corazon (5) relaciones diplomaticas (1) religiosas (2) renuncia (3) reposo (1) rescate (2) residencias universitarias (1) resignacion (1) resistencia pacifica (1) respeto (3) respuesta (1) restaurant (2) retreta (1) revolución (1) revolucionario (3) revueltas (5) rey de escocia (1) Ricardo Fernandez Barruecos (1) rico mc pato (1) roberto (1) robos (3) rojo (5) RR (1) ruidos ensordecedores (1) rumores (3) sabanetero (20) saber que se puede (1) salida (3) San Pancracio Martir (1) Sanchez (1) sangre (1) Santa (3) Santa Cruz de Mora (1) santidad (1) sapos (1) sara delgadillo (1) sarita (1) sebastian (1) secuestradores (2) secuestro (3) seleccion brasilera (2) semana santa (3) Seminario Merida (2) septiembre esperanzador (2) SIDA (1) siglo XXI (3) silencio (1) silicon valley (1) simon bolivar (3) soborno (1) sobrina (1) socialismo (2) sociedad (3) Socorro (1) solidarios (3) sorpresas (1) sucesos (1) sufrimiento (1) suicidio (1) Sumate (1) surafrica 2010 (1) Tachira (2) tanzania (1) Tañon (1) tarjeta de credito (1) tascon (1) taxis (3) taxista (2) teatreros (6) teatro (2) teatro nacional (1) telefonico (3) televisión (6) tequila (1) Teresa Carreño (1) terremoto (4) terrenos (3) terrenos invadidos (1) terroristas (5) tetas (1) tia aida (1) tiempos revueltos (6) tiros (1) toldos (1) tolerancia (2) Toma de Caracas (2) tópicos (1) toros (2) Torres gemelas (1) trabajadores (5) tradicion (2) traducciones (1) traductor (1) tragedia (2) traidor (1) tramites (1) transformistas (2) transporte (1) tribunal supremo de justicia (2) trincheras (3) trolebus (1) tupamaros (10) turismo (1) turquia (1) twitter (5) ucrania (1) Uganda (2) ugandeses (1) ULA (4) ULATV (1) unidad (3) Universidad (6) Universidad Central (1) urbanizacion (1) vacaciones (1) valencia (1) valiente (1) Vaticano (3) vecinos (4) venezolanos (47) venezuela (89) venezuela telefonico movilnet (1) venganza (1) verdad (2) viajeros (12) viajes (1) vida (2) viernes negro (1) viernes santo (1) violador (2) violencia (11) virgen de coromoto (1) virus (1) viviendas (1) voluntarios (1) votar (4) votos (1) VTV (1) wilman (1) World Trade Center (1) Yoani (1) zaira andrade (1) zapatos (1) zapping (1) zuloaga (1)