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domingo, 23 de octubre de 2016

El cuento de una decepción

Cuando llegó  a Mérida, hace ahora siete años, Marisela era una estudiante brillante de 18 años, cuya vida adulta había conocido solamente la voz – autoritaria,  suele llamarla –  de un presidente: el difunto, como le dice sin nombrarlo.  Proveniente de una familia en la que la academia es muy importante, escogió la Universidad de Los Andes  porque sabía que su facultad de arquitectura estaba entre las mejores de país y porque Mérida, lugar privilegiado de vacaciones,  le hacía sentir bien. Se mudaba sola, por primera vez,  a enfrentarse a la vida universitaria. Se integró rápidamente, según cuenta,  diciendo simplemente que para ella, era totalmente distinto al colegio privado en que estudió en Valencia. Eso la divertía.
No recuerda exactamente en qué momento empezó a tomar en serio lo-que-nos-está-pasando, tampoco por qué motivo. Sabe, y su voz lo revela cuando habla, que como muchos otros muchachos de su edad, no podía permanecer callada. Ella cree que, siendo Aries, el fuego que necesita para hacerlo le fue dado en el nacimiento; pero,  tampoco jura por ello. Sencillamente buscó como ser  parte y encontró muchas opciones que fue probando y descartando según le dieran o no respuesta a sus expectativas
-          En realidad, hay muchísima gente trabajando por producir un cambio, entre los estudiantes por supuesto mucho más. No tienes idea de la cantidad enorme de proyectos que surgen casi diariamente y mueren con igual rapidez. Es como si todo el mundo quisiera arrimar el hombro – cuenta con la voz alta y emocionada que lucha contra un rictus de rabia imposible de disimular
Marisela es una activista que extrañamente prefiere estar un poco a  la sombra. Ayuda en cuanto puede; pero,  tiene claro que estudió una carrera demandante y que para ella lo más importante siempre fue graduarse en tiempo record, cosa que consiguió con honores, para buscarse la vida en la misma ciudad que la había acogido. Un pequeño taller de diseño y algunos “tigres” con amigos que había conocido en el camino, le dan para sobrevivir en el pequeño apartamento que compró hace un par de años gracias a la ayuda de su papá y algunos golpes de suerte. Marisela, aun conociendo los obstáculos gigantescos de estos años difíciles, consigue tiempo para participar en cuanta actividad política o social se  le presente.  Le gusta la cosa electoral, muchísimo  y ha trabajado, incansable, en cuanta elección se ha celebrado en los últimos ocho años
-          Hago de todo – dice - de todo, es de de todo. Desde preparar sándwiches para los que están en las mesas electorales hasta custodiar actas y pegar gritos en los centros electorales cuando quieren embromar a los electores. Me encanta una elección, me encanta eso de ver la democracia validándose a sí misma. Definitivamente, soy apasionada del acto de votar. Eso lo juro. No sabes cómo defiendo lo de ir a votar, incluso cuando no tenia edad para hacerlo. La primera cosa que hice cuando cumplí 18 fue inscribirme en el REP. Para mí eso fue como ponerme tacones cuando cumplí 15 – relata, relajando a carcajadas el semblante adusto de la conversación.
Eso debe ser, quizás, lo que la impulsó a creer firmemente en el llamado al Referendo Revocatorio y abocarse a él. Dice, con el rostro ensombrecido, que estuvo a punto de cerrar su taller, que dejó de ver a sus amigos, que peleó mil veces con su novio, que se enfrascó en mil discusiones, que lo puso todo, todo, una vez más, porque estaba segura que aun en medio de todas las trabas posibles, ellos no iban a atreverse a suspenderlo, aunque sabíamos que lo postergarían para el 2017. – lo juro, yo nunca me imaginé que se atreverían a suspenderlo, nunca –
El Jueves pasado, Marisela estaba reunida en su taller, a puertas cerradas,  con un grupo de compañeros a los que ha reclutado en su empeño por ayudar, preparando estrategias (estábamos tan enfrascado en eso que todos los días inventábamos algo nuevo) cuando uno de los muchachos leyó en tuiter noticias alarmantes que anunciaban justicia (- una justicia que,  francamente, me cuesta entender - dice con  mucha rabia) A todos les preocupó la cosa;  pero, fue ella la primera en reaccionar, buscando mayores noticias
-          Fue un punto de inflexión, como dicen. Creo que nos pusimos como locos. Yo escudriñé los tuiter de todo el mundo, reventé la computadora buscando noticias, hice llamadas a gente que podía estar mejor informada que yo. Hasta que vi el tuit de un periodista que cubre la fuente del CNE (se refiere a Eugenio Martínez, a quien sigue con devoción de estrella de rock) y revise su timeline; sin decirlo, estaba anunciando lo que minutos después leeríamos en el comunicado del CNE. Te juro que me sentí destruida. No puedo ni siquiera recordar bien como llegué a mi casa. No estoy exagerando, era como si me hubieran anunciado la muerte  de un familiar cercano. No podía parar de llorar. No había nada en esta tierra que me consolara. Hacerlo de esa forma….Dios….es que son exquisitos en su maldad…
Marisela se refiere a la decisión del CNE de “paralizar, hasta nueva orden judicial, el proceso de recolección de 20% de las manifestaciones de voluntad, que estaba previsto para el 26, 27 y 28 de octubre próximos, y en el que el Consejo Nacional Electoral estaba trabajando” dictada al amparo de unas sentencias emitidas por tribunales penales de Carabobo, Apure, Aragua, Bolívar y Monagas que se tomó tras la admisión de “querellas penales por los delitos de falsa atestación ante funcionario público, aprovechamiento de acto falso y suministro de datos falsos al Poder Electoral”. Sentencias que, todos sabemos, son de dudosa legalidad al no encontrarse enmarcadas dentro de lo que se conoce en derecho como el debido proceso y han sido emitidas por tribunales que, según todos los analistas, no tienen la debida jurisdicción electoral.
-          Me quedé de piedra, herida y muy molesta – continua la conversación - Poco a poco  me di cuenta que además, me llené de decepción. Entendí cabalmente que el golpe estaba dirigido a los que creíamos, a quienes estábamos apostando por el cambio, que el golpe está dirigido a desmoralizarnos, a  repletar las redes sociales con fotos del piso de Maiquetía, a volvernos leña. Pensé que eso que llaman salidas constitucionales y democráticas, habían sido acabadas para siempre y no hay manera de que logre convencerme de lo contrario. Simplemente me convertí, en un segundo,  en militante del pesimismo.  No tengo idea de por qué no he tomado la decisión de irme del país. Mis dos hermanos ya lo hicieron y no están mal; yo no entiendo cómo es que no me les uno, aunque peligrosamente, esa idea me ronda cada vez más y más cerca.
Marisela asegura que no entiende cómo es que a partir del jueves hay personas llamando a mantenerse optimistas, tampoco como es que ha leído que esa decisión del CNE demuestra que el gobierno está acorralado y el final está cerca. En su vehemencia veinteañera, no comprende cómo puede alguien vaticinar un final distinto a la matazón y el sangrero y se asusta con una actitud que ella percibe frívola, anecdótica, una actitud que desprecia la forma, y hasta el fondo, quedándose en el titular. Nos despedimos, empieza una fina lluviecita a caer sobre la esquina en que nos hemos encontrado,  por casualidad,  para repetir el afecto de profesor y alumna con el que nos tratamos desde que la ayudé a redactar su tesis de grado. Marisela, bonita, altiva, bien vestida, con su eterno bolso gigantesco guindando de un hombro, me sujeta las manos en un gesto que antes tenía mucho de alegre. Me mira a los ojos, los suyos están conteniendo unas lágrimas que seguramente caerán cuando camine hasta el estacionamiento. Los míos están nublados desde hace rato.
-          Nada, Profe…Hay que bajar la cabeza. Nos guste o no, hay que bajar la cabeza. Yo por lo pronto, estoy fuera de todo. A lo mejor me verá en alguna marcha o no sé; pero, estoy fuera de todo, por lo menos hasta que me recomponga y ¿sabe qué? ayer mi hermano volvió a decirme que estaba loca. El problema es que estoy punto de creerle.
La abracé y le di un beso en la mejilla al que ella respondió diciéndome - te quiero mucho profe- lo hice porque me quedé sin palabras. En esa esquina, buscando un alero para protegerme de la lluvia de la tarde, me quedé sin palabras mientras la veía alejarse.
De pronto, lo único que pensé es en lo mucho que le dolería al país que ella también se vaya. Pero la entendí porque recordé algo que me dijo hace muchos años un profesor muy querido, “cuando uno es joven y tiene ganas, es preferible vivir, donde se pueda vivir”. Cabizbajo, limpié mis anteojos  y me vine a casa caminando bajo la lluvia.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Y ahora, la hora...

Cuando, en Diciembre de 2013, Carlos García, candidato de la plataforma unitaria opositora, ganó la alcaldía del Municipio Libertador del Estado Mérida y comenzó su andadura por la regencia municipal,  el gobierno regional - en manos de un desconocido oficialista - utilizó el caos ambiental como herramienta de saboteo a la gestión del recién electo, jovencísimo alcalde: En los primeros meses de gobierno de García, parecía que los merideños íbamos a perecer ahogados en la basura. Proliferaron las enfermedades gastrointestinales, era común tropezar con ratas cuando caminábamos por nuestras aceras y la ciudad, en una época, ordenada y "bonitica" que fue Mérida, se convirtió en un hervidero de porquerías. La basura (entonces  rebautizada bajo el eufemismo "desechos sólidos”) se convirtió en nuestro principal tema de conversación. Entre muchas teorías, los habitantes de Mérida favorecíamos dos: el problema de la basura se había comido al nuevo alcalde o el problema de la basura nunca había sido enfrentado con la eficiencia que merece. La verdad, si es que alguna vez la hubo, estaba más cerca del saboteo puro y duro que de la eficiencia o falta de ella.
La bolsita de plástico que contenía los desechos de las residencias citadinas, en manos de inescrupulosos defensores "del legado" se convirtió en un proyectil más dañino que bala de cañón y, realmente, estuvo a punto de hundir la gestión de García. Era muy sencillo: a primerísima hora del amanecer, camiones pagados por la alcaldía, reclutados de cualquier forma y a cualquier precio (no los compactadores adornados de propaganda oficialista) recogían las cantidades inverosímiles de bolsas de desechos, tiradas de cualquier modo en las islas de las avenidas o en algún rincón del casco urbano. Lo hacían sin preparación ni conocimiento; pero, lo hacían. Pocos minutos después, los habitantes de ciertos sectores, famosos por su apego al credo del  "intergaláctico" salían de sus casas con la bolsita de basura en la mano para volver a cubrir con ellas los espacios que habían sido limpiados. Ante el ejemplo, todos, sin distingo, imitaban el incivilizado proceder originado, según pudimos saber de muy buena fuente, en una orden "de arriba".
Si existe un mal recuerdo en la memoria de esta ciudad, sin duda, el horror de la crisis de la basura durante los primeros meses de la gestión de Carlitos, ha de ocupar sitial de honor; no obstante, Carlos García, continua desempeñándose como alcalde (contra todo pronóstico) y la ciudad, aunque mucho ha que perdió su cara más limpia y apacible, parece enrumbada a conquistar su derecho más básico: el de gozar de un ambiente libre de la peligrosa contaminación de nuestras migajas; gracias fundamentalmente a dos factores: la espontánea organización ciudadana y la resistencia terca y empecinada de un gobierno municipal comprometido con no dejarse doblegar.
Para bien (sobre todo para mal) ese "incidente" que acabo de contar, se convierte en ejemplo, pequeño tal vez, de aquello a lo que nos enfrentamos los venezolanos por habernos atrevido masivamente a decirle al gobierno central que estamos hartos de sus desmanes. Es una simple (muy dolorosa) ecuación: si logramos llegar a estas fechas del año 2016, sin haber vivido un día de hambre, podremos,  entonces sí, cantar a viva voz la victoria que obtuvimos el histórico 6D; fecha sobre la cual parecen haber dos grandes opiniones de consenso – según se desprende de la  miríada de artículos escritos y publicados desde entonces -  fue la respuesta de un pueblo cansado del engaño, deseoso de pasar factura y acelerar el cambio de un sistema fallido y/o es el inicio de un tiempo de grandes dificultades.  Dicho de otra forma: ya hemos visto que no se quedaran tranquilos cobrándonos voto a voto el NO rotundo que le dimos a su torpe, corrupta gestión. No es cosa de juego, las amenazas (no sé si construirles casas) que han ido soltándonos desde que no les quedó otra alternativa que reconocer el triunfo de la oposición, las increíbles jugarretas ilegales para disminuir el poder obtenido por la voz “del soberano” y las bajezas pergeñadas para desprestigiar a cada uno de los que velarán por nuestros intereses en el poder legislativo a partir del 5 de enero de 2016, no son sino un presagio. Lo peor, todos los sabemos, está por comenzar; se materializará en anaqueles vacios, medicinas inexistentes, servicios de salud colapsados, mezquindad y mucha, pero mucha corrupción. En solo 14 días transcurridos desde el momento en que se anunció el resultado del 6D, lo único que ha arreciado es la propaganda del régimen y los escándalos producidos por acciones tan fuera de la ley que lo que dan es miedo. En Venezuela ya a nadie le sorprende descomposición social alguna; ayer, sin ir más lejos, fue noticia en redes sociales la salida de los bienes del asesinado Robert Serra de su oficina en el Palacio Federal, de la misma manera en que lo había sido el día anterior la detención de allegados al otrora poderoso hombre fuerte de las finanzas coloradas y señor de PDVSA,  acusados en USA de blanqueo de capitales y otros delitos, así como la muerte de un bebe enfermo de leucemia al que no se pudo someter a tratamiento debido a no encontrarse los medicamentos requeridos para ello. Ese es el país que estrenaremos en breve y, de todo, tendrá culpa una Asamblea Nacional adversa al Poder Ejecutivo,  que no puede ser impugnada, eliminada, ni desconocida, pues se valdrá, para mantenerse en sus funciones, de leyes creadas por ese mismo ejecutivo, aplaudidas por ese mismo poder legislativo y refrendadas por el mismo poder judicial, inventado para satisfacer las mesiánicas aspiraciones todopoderosas de un gobernante que nos llenó de oprobio  y hoy  se encuentra no solo a varios metros bajo tierra, sino rodeado de herederos que han montado carpa en la acera del frente, solos, perdidos, abandonados y de espaldas al pueblo que dicen defender.
Lo que viene no es bueno. Ya lo sabemos; pero, quienes lo recibirán saben de primera mano que hay antídotos: que comunidades organizadas logran superar incluso las más adversas tragedias. Que solo basta el querer concentrado en un grupo dispuesto a sobrevivir para evitar ser vencido y que hemos trazado (eso quizás sea lo más importante) un camino directo a rescatar lo mejor de nosotros mismos.  Con ese capital, no valen de nada las amenazas. Mérida hoy, dista mucho de ser la ciudad impecable que vivimos hasta hace pocos años. Venezuela tampoco es el país divertido y promisorio de nuestra juventud. Empero, esas realidades pueden voltearse en contra de quienes las han propiciado, y lo harán, no por milagro; por tesón, por atrevimiento, por hartazgo. Será una lucha dura, desigual y agotadora para la que,  por suerte,  tenemos con qué.
No se trata de “vamos a ver quién gana”. Eso ya lo vimos. Los perdedores dan patadas de ahogado todos los días. Tenemos una Asamblea Nacional que legislará para exigirle al Poder Ejecutivo que gobierne en función del pueblo a quien le prometió el cielo. Si ese ejecutivo no cumple – que no cumplirá – a ellos les ira peor que a los 112. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

"Ganaron los malos" y otras cositas...

No podemos, quizás porque sea difícil hacerlo, bajarnos del tío vivo de la victoria. Estamos contentos, estamos esperanzados, estamos expectantes. Sabemos – bueno, mejor será decir que estamos aprendiendo a entenderlo – que será difícil, complicado y hasta peligroso. Pero, no nos atrevemos a renunciar a la alegría producida por el extraordinario resultado del 6D, aunque lo esperábamos. Fue una maravillosa sorpresa. Una sorpresa que aun resuena en los oídos y encharca el ojo; finalmente, por amplio margen, sin duda alguna, ganamos un proceso electoral en este duro periodo de conmoción política que ya suma 17 años y 20 elecciones, no del todo claras.
No es que esta lo haya sido. Es inevitable pensar que ante el CNE que tenemos, ninguna de esa veintena de elecciones ha tenido la transparencia que merece. Aun así, la avalancha de votos en contra de los desmanes del régimen, obligó a las “autoridades electorales” a reconocer y anunciar un resultado que deja muy mal parado al equipo de gobierno. Fue un triunfo de los venezolanos, que desafiando todo tipo de presiones y soborno social, decidió enviar un claro mensaje de reprobación a la gestión de quienes dicen llevar las riendas del país. Desde entonces, una verdadera revolución (me perdonan la palabreja) ha acompañado nuestras horas. Toda clase de rumores, toda clase de campañas, toda clase de noticias de última hora, han aderezado los días que transcurren, para algunos en jornadas de observación, para otros en jornadas de celebración y para todos, en periodo de expectación. Ha sucedido de todo. De todo, con claro sabor a historia; de modo que, quizás para evitar la tentación de olvidarlo, echo mano de mis listas en un registro muy personal de lo que nos ha pasado mientras, voto a voto, conseguimos la más importante victoria de nuestra historia reciente, la que nos pone al lado de la libertad. Estas, pues,  son algunas de las “cositas” que dieron o quitaron lustre al proceso magnífico por el cual obtuvimos la mayoría calificada de la Asamblea Nacional de Venezuela. Empecemos, pues:
-          La mesa 6 o la trampa sale: quiso ser ejemplo de fraude y de mala leche, pero se convirtió en ejemplo de voluntad heroica. En un centro de votación merideño (famoso por reunir un numeroso batallón de electores desafectos al régimen) en el que hay 8 mesas de votación; una de ellas, la que aglutina mayor número de electores, se dañó misteriosamente y no fue reparada hasta las 6 y media de la tarde, casi al momento de cerrar el proceso. Los electores asignados a esa mesa, ejercieron su derecho,  de manera manual, después de una batalla campal que se extendió por más de 8 horas. En esa mesa, lógicamente, la MUD obtuvo una mayoría abrumadora de votos.
-          Yo no sabía que ese señor era candidato: A un centro de votación merideño llegó Kiko Bautista a saludar los electores. Se armó el revuelo del artista que visita. Fotos con el periodista, autógrafos de buenas noches, muchos abrazos y amapuches. Una señora en la fila se preguntó en voz alta que estaría haciendo ese señor allí. Le respondí que ella estaba a punto de votar por él. Kiko Bautista era candidato en lista por el estado Mérida. No solo ella, la mayoría de los electores en la fila se quedaron boquiabiertos al saberlo. No les causó nada distinto a una gran sorpresa. Ellos iban a votar por la MUD, y les daba lo mismo, como bien dijo alguien cerca de mí, que el candidato fuera un chimpancé. Tremendo mensaje para la Mesa de la Unidad, ¿no?
-          Bravo por TOVAR: merece capítulo aparte y lo tendrá; pero, yo no hago sino pensar que el pueblo de TOVAR, ese pueblo gocho que tanto queremos,  dio la medida de lo que puede pasar si siguen con el fastidio. Mientras el país celebraba el triunfo, los tovareños se dejaron de miedos y armaron la grande: descubrieron un grupete de jerarcas  locales, falsificando cédulas de identidad y manejando un centro de votación tan ilegal como fraudulento. A fuego y piedra lo resolvieron, sin temerle a las represalias (que lamentablemente no las hubo ni habrá para los delincuentes) ni dejar que una sola de las cédulas allí preparadas se convirtiera en voto espurio a favor de la indecencia.
-          Y nos dieron las dos y las tres: Se llenan la boca diciendo que ellos han desarrollado el sistema electoral más perfecto, sofisticado y moderno del mundo mundial; sin embargo, una vez más, nos pusieron a ver la odiosa baranda hasta casi las dos de la madrugada, aunque toda Venezuela conocía el resultado merced a las redes sociales (No, Laureano, la baranda no tiene 113 palitos, aunque pudimos haberlos contado) Es siempre lo mismo. Nosotros aquí seguimos sin saber de qué va el juego. Ellos allá, tampoco.
-          San Vladimir Padrino: No, el Ministro de la Defensa no fue el héroe de la noche. El Ministro de la Defensa – aparentemente - cumplió con su deber. Hizo aquello para lo que lo tienen puesto allí. Todo lo demás es cuento de camino. Si le puso una pistola en la cabeza a un jerarca alzado o paró un par de tanquetas delante del Palacio de Gobierno; ese es su trabajo. Más nada. Vladimir Padrino no es ningún santo, Vladimir Padrino no es ningún héroe. Vladimir Padrino  estaba en su trabajo, no merece ovaciones de pie, ni campañas beatificadoras. Merece su sueldo de quince y ultimo y las gracias por el deber cumplido. Nada más.
-          “Ganaron los malos”: no es necesario explicar lo que semejante afirmación significa. No es necesario recordar la nimiedad infantil de juego de metras, en que el gordito vapuleado decide un día pulir sus estrategias y ruchar sus contrincantes. No es necesario siquiera mencionarlo; pero,  ¿había que decir semejante bolsería? ¿tenia, él, que  llenarse la bocota con una expresión tan puerilmente delatora de si mismo? Desde luego que no. Los líderes del mundo han dicho babosadas, lo sabemos; pero, ninguno ha comparado su paso por la historia con un juego de chapitas entre Meteoro y Fantasmagórico. Que poca y mala manera de intentar un liderazgo histórico. A ver, señor mío, ya sabemos que usted no se ha enterado, se lo aclaro: no, no ganamos los malos, perdieron los piratas.
-          El artículo 236, numeral 21: casi inmediatamente, salió el coco: alguien empezó con el cuento de que un artículo de la Constitución Nacional da poderes al presidente para eliminar la Asamblea Nacional y, aunque desconocemos el resto de la letra de la “Carta Magna” ese artículo en particular, nos lo sabemos al caletre en un bando y en el otro; en uno – minoritario – es alegría de tísico, en otro, sirve para cualquier demostración innecesaria de radical heroísmo. Lo cierto es que no, el presidente no puede eliminar la AN sin dar un golpe de estado. ¿Se atreverá? Capaz que sí, pero se va a encontrar con gente que no se lo va a aplaudir.
-          La 112: Karim Salanova, en Aragua, obtuvo su curul sabaneando actas y defendiendo voto por voto, hasta asegurarse de ser la voz número 112 de la bancada opositora. Ganó por 83 votos y no se supo sino hasta el martes a mediodía; pero, fue la mejor noticia de la jornada. De haberse dormido, le roban el puesto sin el menor remordimiento. Sin duda, dará que hablar.
-          Los meritos de una diputada electa: Aclarémoslo de una vez: Tamara Adrián seguramente está en el top ten de las personas mejor preparadas para ocupar un escaño en la Asamblea Nacional. Tamara Adrián es una guerrera, es una luchadora, es una mujer con un nivel de preparación que pocos igualan; además, es transgénero. Es decir, vivió un proceso de reasignación de género. Lamentablemente, ese es el único detalle de su vida que es señalado en los titulares que hablan de su triunfo personal. Nadie ha dicho, por ejemplo, “Tamara Adrian, destacada activista de los Derechos Humanos gana un puesto en la Asamblea Nacional”.  Señores, un poquito de por favor, el mérito de esta gran diputada no se aloja en sus genitales; desborda su cerebro.
-          Un exacerbado dirigente: Tal vez se ha excedido y tenga razones para ello; pero creo que llegó el momento de mandarlo a que le baje dos. El que, muy probablemente, se convierta en presidente de la Asamblea Nacional el 6 de enero de 2016, está teniendo un tour de force declarativo que empieza a parecer excesivo; su mesura es, o debería ser, parte de lo que algunos llaman “administrar la victoria”
Son solo 10, más bien anecdóticos instantes, que dibujan tanto el país como la sociedad que enfrenta uno de los procesos más difíciles, dolorosos quizás, de su historia republicana. Ese dibujo no es completamente feliz. Sus aristas permiten la revisión de sus costuras, esa quizás sea la mejor parte. Afinaremos, recortaremos, haremos lo que haya que hacer pues, si algo ha demostrado el 6D, es que hay una mayoría de venezolanos dispuestos a vivir mejor; quizás, dispuestos a pelear por eso. No lo tenemos fácil, pero, amanecerá…amanecerá y veremos.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Vamos a hacerlo bien

El reloj que tengo en mi mesa de trabajo marca las 9 de la noche; dentro de 9 horas, Dios y usted mediante, empezará la jornada para la que los venezolanos estamos preparándonos desde hace semanas y que, francamente, creíamos que no sucedería. A las 6 de la mañana, más o menos, abren los centros de votación y arranca el 6D: la elección de los 167 diputados que integrarán la Asamblea Nacional (lo que antes conocíamos como el Congreso de la República) el más alto ente legislativo que poseemos; hasta ahora. Una elección a la que sus contendores han dado carácter plebiscitario. Una elección en mayúsculas.
Hemos escuchado, hemos visto, hemos rumoreado, hemos conversado, hemos padecido un proceso preparatorio que, de manera bastante inusual, ha involucrado a todo el que ha querido dejarse involucrar. Estamos listos. Con el mundo entero encima, a Venezuela mañana, la está mirando hasta el gato. La razón es muy importante: por primera vez en 17 años de elecciones casi anuales, la Plataforma Unitaria que representa a la oposición, sale con ventaja en absolutamente todas las encuestas y la abstención parece haberse reducido de manera casi extraordinaria. Si me preguntan, como dije hace pocos días, aquí todo el mundo va a salir a votar y, para nuestra tranquilidad, lo hará abajo y a la izquierda. Ya está, no puedo evitar el lugar común (cursilísimo) la suerte está echada. Mañana, si todo se cumple como ha sido estudiado, empieza un largo y tortuoso proceso de cambio. De eso vamos a ir hablando luego. Hoy, hablemos de elecciones:
Supongo que usted ya sabe donde tiene que ir a votar, supongo que ya usted sabe cómo es que debe votar, supongo que usted ya sabe, por ejemplo, que no votar por el candidato indígena NO ANULA su voto (pero aun así, si a usted le toca,  va a votar por Virgilio Ferrer o el que sea candidato de su jurisdicción, porque esos tres diputados nos hacen falta) Supongo que ya usted revisó su centro de votación y ya sabe si es testigo de mesa, miembro de mesa o tiene, a esta hora, algún trabajo asignado con una de las miles de organizaciones que están armando centros de observación, veedurías, procesamiento de denuncias, asociaciones de ayuda y/u operaciones varias de cara a colaborar con el día grande de las elecciones. Ya todo eso está visto y atendido.  Pues bien, aquí van mis recomendaciones de último minuto: recuérdelas, puede que sean útiles:
-          Deje la atorrancia guardada en casa. Usted no es dueño de la verdad revelada. Si usted tiene la solución a la forma tan terrible como funcionan las cosas, ya no es tiempo para iluminarnos la  vida con su sabiduría. Bájele dos a la superioridad. Usted es un ciudadano mas, si no consiguió hacerse de una credencial, alégrese. No grite a nadie, no ofenda a nadie, no pase por encima de nadie. Mañana le toca jugar a ser alemán, por un ratico.
-          Olvídese de propagar rumores. Mañana, desde las seis de la mañana, van a llegarle vía Whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram, etcétera, millones de cosas QUE NO SON VERDAD: Si usted no lo vio, si usted no está seguro de que es cierto, no lo repita. Sobre todo, no repita nada que pueda producir miedo. Nos sobra miedo, no venga a ponernos peor.
-          Vaya al centro de votación vestido de lo que usted quiera, pero, por no dejar, póngase un pantalón largo y una cosa que tenga mangas. No me pregunte por qué, pero hay más de uno que no ha podido votar por salir de su casa en short y chancletas. En ninguna parte dice que no se puede, pero hay quienes prefieren no verlo mostrando pierna. Y por favor, por caridad, la gorra de las marchas (si, esa, la tricolor tan bella) déjela guardada en casa. Por favor. No busque lo que no se le ha perdido.
-          Colabore, en lo que pueda y en silencio, de ser posible. Las personas que están trabajando en mesas, en los centros de escrutinio, salas situacionales o centros de procesamiento de denuncias, ESTAN TRABAJANDO.  Están sometidos a intensa tensión. Están preocupados. Aunque sea su compadre, el que juega dominó y se echa palos con usted el domingo; muérase que mañana decidió enseriarse por un ratico. NO ATOSIGUE. Si va a llevar comida o refrescos, entréguelos, salude y salga.  Si va a servir de apoyo técnico, vaya, conecte lo que tenga que conectar y pregunte si hace falta alguna cosa extra, si la respuesta es NO, salga de allí. Entienda algo: el que tenga información privilegiada va a compartirla solo cuando sea “licito” hacerlo. No ponga a nadie en aprietos.
-          Es posible que hayan problemas de comunicación. Siempre los hay, nuestras plataformas de telefonía celular son horribles en tiempos normales, imagínese mañana. Esté preparado, incluso para un black out informativo. Por ejemplo, abra una  cuenta en FIRECHAT y siga a todo el que pueda seguir. Firechat no precisa internet para funcionar.  Es una opción. Suscríbase a VIVO PLAY, es muy barato y puede ser una fuente de información interesante, pero si “se cae” internet está frito.  Todas las televisoras internacionales que cubren el evento, estarán transmitiendo desde sus propios satélites, para evitar depender de satélites nacionales. Recurra a sus canales internacionales. Todos están aquí.
-          Haga denuncias. Eso es buenísimo. Pero, haga denuncias REALES. Denuncie las barbaridades que usted vea. No las que le cuente por Whatsapp, la mamá de la hermana de su novia que no es su suegra. Hay cientos de organizaciones que se ocuparán de procesar denuncias. Acuda a ellos cuando este seguro de que su denuncia es justa y necesaria. No sobrecargue de trabajo a quienes están DE VOLUNTARIOS atendiendo esos teléfonos. Sea considerado.
-          Vaya a votar a la hora que más le provoque. Acompañe a sus mayores, protéjase del calor, vista ropa y cazado cómodo, lleve una sombrilla por si acaso. No lleve cartera. Guarde su cedula en un sitio seguro y recuerde que en su cola de votación, todos los demás están allí por la misma razón que usted. No se pase de vivo.
-          Dese con furia por las redes sociales. Es el momento. Tuitee, retuitee, desquítese. Pero hágalo con prudencia de sabio. No use las redes para rumores (eso no estará nunca suficientemente dicho) Úselas para información contrastada. Úselas para ayudar. Puede que en algún momento del día sea la única forma que tengamos de decirnos lo que queremos escuchar. Hagámoslo, como gente grande.
Mañana, si lo hacemos bien, nos va a salir todo bien y aunque en el llano dicen que al picado de culebra, bejuco le para el pelo, vamos a dejar guardada la aprehensión de siempre. Esa que secretamente llevamos en lo hondo del pecho. Lo único que se me ocurre es repetir cursilerías, y voy a hacerlo a riesgo de empalagar, pero, mañana puede ser un gran día, plantéatelo así y  VOTA, abajo y a la izquierda, por la tarjeta de la manito.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Campaña de iniquidades

Según el decreto que así lo estipula, hoy finaliza la campaña que permite hacer publicidad para atraer los votos que candidatos de cada bando necesitan para hacerse de una curul en la Asamblea Nacional que se instalará en algún momento del mes de enero. Si esto fuera un país como cualquier otro, lo anterior tendría mucho sentido. En todas partes las "campañas electorales" empiezan un día y terminan otro y en el tiempo que resta se vive y se habla de otra cosa. Nosotros, que tenemos 17 años en campaña electoral, hemos optado por observar el incumplimiento de esos plazos por parte del ventajismo rapaz del partido de gobierno.
En cada elección vivida en el "proceso" (alguien me dijo esta mañana que van más de 20, yo no lo puedo creer, de veras) se establece, un periodo "oficial" de campaña en la que sale a relucir, más o menos, lo peor de nosotros. Pocas veces, la campaña se basa en contenidos serios, propuestas de futuro y credenciales para sentirse orgulloso. Quizás sea parte de lo que somos - valdrá la pena un estudio científico en el futuro - pero, cada vez que nos lanzamos a la difícil carrera de captar votos, el país se convulsiona de sorpresas en un espiral de asombrosa gravedad. Disminuidos los espacios para que la fracción opositora seduzca su electorado, lo que hemos tenido que padecer los venezolanos en estos días de proselitismo, ha sido, por decir lo menos, una seguidilla de asquerosas argucias.
No ha faltado nada. O mejor será decir que si: ha brillado por su ausencia el diálogo de altura y la propuesta de mejor país que esperábamos oír de los candidatos que, estando ya en el gobierno, tendrían la posibilidad de adecentar el porvenir. Lógico es suponer que no son capaces; de serlo, habrían intentado decirlo con claridad.
Guiados por el señor que dice ser el que lleva las riendas del gobierno, estas semanas de campaña han resultado verdaderamente escabrosas, a partir de una frase que resuena en cada nueva tropelía: "ganaremos como sea". Suerte de santo y seña para desmanes inimaginables, ese "como sea" tiene patente de corso para, empezando por el incontable peculado de uso, cometer el mayor número de delitos que sea posible.  Todos los recursos del gobierno, que deberían servir para palear la crisis puntual de medicamentos y comida, han sido desviados a "ganar como sea": autobuses, empleados, carros, horas laborables, papel, tinta, equipos, franelas, carteles, computadoras, teléfonos, tecnología, tracción humana, comida y espaldas que "pertenecen" al erario público, están en este momento prestados a la campaña del partido de gobierno. Medios de comunicación, recursos técnicos, creatividad y dinero, también lo están; sin embargo,  un poco más allá de cosas obvias, repugnantes para la mayoría, si algo ha tenido esta campaña ha sido cruenta bajeza.
Aunque nunca sabremos la verdad (en Venezuela aclarar un crimen de modo transparente es, hoy por hoy, imposible) hay indicios de que la mejor muestra de la anterior afirmación sea el asesinato, durante un acto de campaña, del dirigente opositor y candidato a diputado por el estado Portuguesa, Luis Manuel Díaz. Un crimen del que se culpan todos contra todos hasta quedar registrado en el inventario de barbaries que se suma a la insólita profusión de insultos y humillaciones con las que el señor que dice llevar las riendas del gobierno nos ha vapuleado, día sí y día también.
Irrespeto, cuentas que nunca cuadran, detención de periodistas, mensajes amedrentadores a los trabajadores petroleros en particular y a los empleados públicos en general, descarada parcialización publicitaria de la prensa nacional (es increíble el despliegue de avisos pagados a página entera en los periódicos) y una manía persecutoria contra quienes intentan ejercer periodismo objetivo - en donde destaca la carta compromiso que debe firmar todo periodista extranjero que intente cubrir la noticia de las elecciones  y la marimorena que montaron, atropellando groseramente a  los profesionales de CNN en su llegada a Maiquetía, habla de lo mucho que el gobierno en campaña no entiende de saber estar. No se detienen en tonterías:  han rebozado de dádivas a los sectores más arrinconados de la población (los que suelen favorecerlos en las urnas) han bajado precios de alimentos que no se consiguen, han repartido taxis, cerrado tiendas e instituciones y promulgado bandos tan absurdos como bajar el precio de los jeans, mientras dilapidan fortunas imprimiendo carteles en los que el rostro de conocidos lideres de oposición invita a votar por ellos y destruyen propaganda opositora con el cuidado de dispararle a mansalva a quien intente evitarlo o, aun incluso, denunciarlo.
"Yo no me voy a entregar" y frases por el estilo, han salpicado una vez y otra y otra las intervenciones del presidente en una campaña para unas elecciones en las que, sea cual sea el resultado, él único que no perderá el empleo es precisamente él. Aun así, él y sus adeptos se han limitado a agredir  el pueblo que espera, en vez, solución a sus problemas. Hasta hoy; aunque bien sabemos que las normas, en este país, no se han hecho para que el poder rojo las respete. Mañana, ya veremos por cual motivo, algunos de ellos continuarán en lo mismo que han estado haciendo desde hace 17 años: campaña electoral para aferrarse a un poder que cada día se les escapa más y más.
La campaña ha concluido solo para nosotros, los que creemos en el cambio. Por algunas horas, probablemente se aparcará la violencia y el desatino. Mañana, la instalación de los centros electorales y la preparación de los aspectos técnicos de una elección muy complicada, colmará nuestro tiempo y energías. Haga lo que le corresponde hacer (en caso de que usted sea parte de la fiesta) o si no, esté atento. Puede que alguien solicite su ayuda. Por un momento deje atrás los rumores y las noticias de todo el espanto que han sido estos días de campaña: amanecerá y veremos. Es bastante probable que el miedo detrás de todas las iniquidades vividas en estos días, paralice el rostro de quienes nos agreden. Entonces enterráremos las hachas y seremos capaces de una nueva campaña: la de la reconquista de nuestros espacios para la decencia. Nosotros somos capaces de ser mejores, eso seguro.

martes, 1 de diciembre de 2015

Es con usted, señor colaboracionista

Por suerte, conozco poca gente que no irá a votar el domingo, cosa que no es medida de nada pues vivo rodeado de demócratas convencidos,  adversarios de este régimen de horrores. En todo caso, si tuviera que medir el nivel de abstención esperado tomando como rasero la gente que me rodea, sería capaz de decir que, TODO EL MUNDO, acudirá a las urnas este domingo que viene. Eso nos complace mucho. Pareciera que después de varios años repitiendo argumentos convincentes a favor del voto, hemos ido calando en las conciencias remolonas de la democracia. Si hacemos caso a las encuestas, este domingo, además, puede que salga derrotada la abstención.
Por supuesto que no del todo. Existen aun personas que no terminan de comprender lo equivocados que están quedándose en sus cómodos sofás este domingo. Peor, existen personas que, a pocas horas de la hazaña, continúan pregonando sus discursos inútiles a favor de “salvar el voto”. Muchos de ellos se hacen llamar “miembros de la resistencia”; uno de las tantas cosas que en esta lucha contra el poder dañino, no ha logrado aclarar su significado, pero hace ruido constante. Muchos de ellos, pues, no están de acuerdo con votar, convencidos de que la alternativa al voto es una cosa dificilísima llamada “desobediencia ciudadana” que, si es verdad, suena de lo más bonito (ojalá y se pudiera lograr) pero está teñida del oscuro presagio de la utopía. Lo que más daño nos ha hecho. La utopia, lo que logró llevarnos a este caos en el que estamos. El error más grande: soñar con la utopía realizable quedándose del lado soñador, como quienes no irán a votar este domingo 6 de diciembre; es decir, como los verdaderos colaboradores de una dictadura que día a día nos avergüenza y nos humilla, despojándonos poco a poco de las herramientas con las cuales, si nos atreviéramos, podríamos enfrascarnos en una gran jornada de Desobediencia Ciudadana, el proyecto más bonito de todos los que nunca podremos realizar, mediado un siglo XXI en el que restablecer valores y conciencias es la tarea más compleja que deberá emprender el que venga o que deberíamos emprender sin demora, todos juntos.
Abstenerse… ¿para qué? ¿Con que argumento? ¿Cómo puede alguien que se llame a si mismo demócrata, perder la oportunidad de demostrar que lo poco que nos queda de decencia, va a salir a flote el domingo para empezar a armar el rompecabezas de lo imposible con un poco de compromiso y valor? ¿Cómo puede alguien que se llame demócrata, atreverse a perder la oportunidad de validar el acto que da sentido a la democracia? Nunca voy a poder entenderlo. Si me cuesta horrores entender que algunas personas viajen el jueves o viernes para no tener que enfrentarse a votar (es la única oportunidad que tengo para ir a ver a mi hijo, que pena, dirán algunos) mucho menos entiendo a los que se abstienen con argumentos rebuscados en los que siempre terminamos quedando, NOSOTROS LOS QUE VOTAMOS, como legitimadores del dictador y sus desmanes.  Dígame usted: ¿quien legitima mas al régimen: usted que se quedó en su casa bramando la pataleta del radical que preferiría prenderle fuego a la vida – ajena – antes que aprovechar la instancia constitucional que puede ser un salvavidas, o yo, que me levantaré temprano y entusiasmado a cumplir con mi deber de ciudadano demócrata? ¿Qué quiere usted? ¿Una guerra a la que se llegue por vía de las revueltas que seguramente causaran las armas represoras del tirano, cuando decidamos no volver a hacerle caso? ¿Va usted a ponerle el pecho a esas armas?
Estoy seguro que decir esto no hará que ningún abstencionista convencido cambie su tónica.  Me gustaría poder decir que lo respeto. No puedo. No puedo por una razón sencilla y clara como el agua: en este momento histórico, abstenerse no es una decisión personal que le pertenece a usted, como le pertenece su vida. En este momento histórico, abstenerse es voltearle la espalda a un colectivo que usted integra y del que, seguramente, alguna vez se ha expresado en términos grandilocuentes de admiración y cariño: SU PAIS. Sus novecientos doce mil kilómetros cuadrados de tierra llamados Venezuela que según muchos, de un lado y de otro, se conocen como PATRIA y está de moda amar con denuedo. En este momento histórico, abstenerse es una malcriadez de niñito inconsciente al que no le dieron su Barbie; en este momento histórico, abstenerse es una traición. Su voto, el que seguramente sería en contra del sistema, nos hace una falta enorme. Su papeleta en blanco no solo hablará muy mal de su ausencia imperdonable, dará pie a nuestro corrompido sistema electoral para que sea llenada a favor de quien usted dice adversar, allanando con bajeza su más inviolable intimidad: la de su conciencia. Si usted no vota, alguien votará por usted,  lo hará en contra de su libertad y de su esperanza; la culpa será enteramente suya. Usted pudo evitarlo, usted no tiene excusa,  no venga usted a decirme que no vota porque considera a la MUD un grupo colaboracionista. No venga con el cuento de los arreglos pactados y la pureza de su alma. No venga con el cuento de que la MUD, esa gran fuerza opositora que está a minutos de cristalizar el anhelo más grande de nuestra historia reciente, está “cuadrada con el régimen” y por tanto usted no dará su voto para legitimar acuerdos soterrados de sabe Dios qué infame especie.  No lo diga, no lo repita más. No caiga usted tan bajo. No desconozca usted el intrincado trabajo de filigrana que significa - y  significará - jugar en el tablero de Miraflores para restablecer  las libertades con las que usted sueña y está regalándole a su verdugo. 
Usted quiere una guerra, salga y empuñe las escopetas. Póngale el pecho a las balas, nosotros lloraremos su muerte. Pero, piense un momento en su postura: aun con todas sus horribles fallas y desgracias, el régimen que adversamos nos está abriendo una mínima puerta por la que entraremos con brío.  Las armas de un radical abstencionista son  físicamente letales. Las de un demócrata no;  pasa que las segundas, suelen ser las que la historia recuerda con gallardía.

domingo, 29 de noviembre de 2015

De hoy en ocho...

En contra de todo lo que creíamos que sucedería; andando sobre cascaras de huevo, con la zozobra en la boca y el peligroso triunfalismo en el alma, estamos a una semana de un día histórico. El primer día histórico de los últimos 17 años. Si nada se tuerce (hay serios indicios de que nada se torcerá) en apenas una semana, los venezolanos, estaremos celebrando las elecciones más particulares de su historia reciente: La escogencia de los 167 diputados que formarán la Asamblea Nacional para el periodo 2015 – 2020. Si hacemos caso a las encuestas, será la primera gran derrota de los rojos. Aunque ya les ganamos una (que el difunto reconoció llamándonos por un término escatológico que no debemos olvidar) esta vez, si los pronósticos se cumplen, ganaremos con mayúscula. Si salimos a votar.
Lo que tenemos enfrente es mucho más que una simple elección. Es el inicio de un proceso que bien podría acabar esto-que-nos-está-pasando. El inicio de un proceso (de cambio, lo llaman algunos) que podría significar el final de la dictadura más equivocada, más corrupta, más humillante y más vergonzosa que ha tenido Venezuela en su historia moderna. El inicio de un proceso cuya complejidad y dificultad supera todo lo previsible. La apertura de un espacio para vernos las caras y definir lo que queremos ser como país, como sociedad y, lo más importante, como gentilicio. La apertura de un dialogo incómodo, en el que se borrarán las buenas formas y se derramarán lágrimas que pudieron evitarse. Lo que tenemos en frente es historia y la historia normalmente se escribe con trazos gruesos, desfigurantes, a mano alzada, rabiosos. Lo que tenemos en frente es una pregunta cuya respuesta es difícil: lo que tenemos en frente es saber si estamos preparados para empezar a vivir un futuro que puede estar lleno más de días odiosos, que de amaneceres felices.
Si salimos a votar.
Dicen que alguien dijo que el hombre es del tamaño de sus dificultades, o algo así. Pues bien, el hombre venezolano en este momento es enorme. Tiene ante sí, el reto más importante de su vida. No es cosa de tomárselo a la ligera. El próximo domingo, si no deciden los de arriba otra cosa, estaremos dando fe de lo que somos. Mereceremos el resultado de lo que hagamos. Disfrutaremos la alegría trascendente del  saber hacer, la tristeza dolorosa del arrepentimiento o la mediocre resignación de lo que somos. Nunca, en todos nuestros días desde que Cristóbal avistó el Delta del Orinoco, la responsabilidad ha sido tan grande. O enderezamos el barco,  juntos,  o chapoteamos en el lodo,  juntos. Lo que queda en la otra orilla es el exilio y sus penurias. Un exilio que va mucho mas allá de la mudanza y el tonto resonar de una nostalgia tramposa. Un exilio que escudriñará nuestras culpas sacando a flote una emoción mucho más profunda que tres colores primarios y la querencia del monte y del cimarrón. Nunca tantos ejemplos habían sido necesarios. El voto es un arma que, junto a otras formas de expresar hartazgo, ha regresado a sus rieles el tren descarriado de muchos vecinos.  No existe razón alguna para esquivar el boche.
Entonces, sea que usted crea en la desobediencia civil o esté convencido que la Unidad no existe o piensa que quienes adversan a los rojos en realidad colaboran con ellos y se enfrenta a la duda de no entender lo que significa el juego; incluso si usted perdió la fe en todo y en todos (algo tan comprensible que no me atrevo ni siquiera a juzgar) tenga la bondad de hacerse el favor de revisar su postura y acordarse que hay oportunidades para ser decente que no se presentan dos veces. Es el domingo que viene, de hoy en siete días, o nunca. Piénselo bien. Continúe abogando por lo que usted crea, seguramente nos hará falta su aporte el día después. Continúe defendiendo las tesis del Mahatma Gandhi, la demostración Mandeliana del heroísmo, cante canciones de destemplada fiereza, ríase de todo cuanto le cuenten, haga memes, escriba Tweeters, comparta en FACEBOOK, llore su rabia y sus hasta-cuándo. Rebélese, vístase de tricolor, póngase alpargatas y rescate el cuatro y las maracas, grite y zapatee. Lo que usted decida hacer con su vida le pertenece. Lo que usted decida hacer con la vida de ese colectivo que usted integra llamado PAÍS, nos pertenece a todos: usted en corresponsable de su suerte. No arrastre culpas innecesarias, hay mucha gente que cree en el karma, no se cree deudas que después no le gustará pagar. Olvídese de los rumores y póngale freno al susto.  Muy poco de lo que se dice es cierto. Déjese de pendejadas.
Levántese con entusiasmo. Desayune bien, vista zapatos cómodos y energía de la buena. Hágase acompañar de alguien querido, muy querido. Deje su automóvil en el garaje. Guarde la gorra de las marchas y la rabia de las guarimbas para después. Póngase su buen ánimo debajo del sujetador y vista de esperanza sus bóxers colombianos. Meta la cédula en el bolsillo y fíjese bien, ese papelito plastificado jamás habrá tenido tanto valor. Sonríale a los efectivos del Plan República, deles una palmadita en el hombro, lléveles un Gatorade. Ellos no tienen la culpa o sí, un poquito, pero ¿qué se le va a hacer? Borre de su mente la prepotencia de creerse distinto. Salude a los miembros de mesa recordando que ellos están trasnochados, mal entrenados y peor alimentados, pero, están allí por algo más grande que usted. Espere pacientemente su turno. Cante si le provoque. De hoy en ocho, el domingo es suyo.  Una vez frente al tarjetón, dirija sus ojos a la esquina más de abajo, a la izquierda. Mire bien la manito. Asegúrese de que esa manito de colores sea la suya y con toda la calma del que presenta un examen para el que ha estudiado, oprima un seleccionar todo en el que estará seleccionando su vida. Si le toca, recuerde el diputado indígena y escójalo, asegúrese que sea el candidato opositor al régimen. Vea una segunda vez su tarjetón y si le provoca, piense en Venezuela. Si no, piense en usted; aunque tenga las maletas hechas, siempre es necesario tener un hogar al que regresar aunque no regrese nunca. Oprima entonces VOTAR. Salga de allí contento, deposite la papeleta en la urna en la que estará enterrando el oprobio. Mire contento la cara de los presentes. Verá en sus ojos un gesto de aprobación cómplice que, capaz que le arranca lagrimas, cónchale.
De hoy en ocho, haremos nuestro el futuro difícil que se nos viene encima. Podremos exigir, oponernos al poder, levantar la voz y arrimar el hombro. Seremos un poquito más, ciudadanos y un bastante menos, borregos. Sea que usted crea en eso o no, lo que llamamos PATRIA, (en formas distintas, según sea la prebenda recibida) empezará a tener un poco más de sentido y realidad. De hoy en ocho, seremos poder y seremos parte.
Si Salimos a Votar.

sábado, 16 de mayo de 2015

Chequera mata galán....


El reciente y abrumador triunfo del partido conservador en las elecciones del Reino Unido, (cuyo abanderado, cumpliendo un mandato más protocolar que político, ha recibido la bendición de SM Isabel II para que forme gobierno) ; los resultados de las encuestas más serias realizadas en España, que le dan un porcentaje relativamente cómodo al Partido Popular para alzarse con un decente numero de primeras posiciones (a pesar de los malos Ratos) en las próximas elecciones municipales, o el respaldo otorgado a Ángela Merkel frente a la cancillería alemana, si bien pueden ser vistos como reacciones lógicas a procesos democráticos sustentados por el miedo a repetir los horrores del pasado, están comenzando a demostrar una verdad irrefutable: la usó Bill Clinton como mantra para arrebatarle la Casa Blanca al muy gris y circunspecto Presidente Bush (padre): "es la economía, estúpido".
No hay ni el más pequeño espacio para la duda: la primera y más importante exigencia de los electores en cualquier lugar del mundo en que se celebran elecciones libres, es la de ejercer su derecho a vivir lo mejor posible; es decir,  en su acepción más rupestre, manejar con inteligencia (y probidad) los dineros de una nación. Usted puede mostrar evidencias de que, en su desempeño como líder del gobierno de un estado, su nivel de vida comienza a ser mejor y, usted puede asegurar que su partido ganará una y mil veces las próximas elecciones. No importa si, como David Cameron, usted es un hombre que exuda antipatía y engreimiento.
Otro ejemplo europeo, visto muy a vuelo de pájaro, viene a cuento: el desplome de ese "partido" de comiquitas bautizado en España como Podemos, al que hace apenas un par de meses se le consideraba el coco a vencer por los políticos del establishment. Pablo Iglesias y su pobre discurso populista radical de izquierda, convirtió una opción respetable de voto en una mamarrachada de lo peor que Venezuela, Cuba y Bolivia tienen que ofrecerle al mundo, el resultado: su intención de voto se reduce a un 18% y su programa de gobierno empieza a sonar a más de lo mismo en crisis.
¿Qué está pasando?: esa es una pregunta para economistas muy cultos. Pero, parece que los europeos entendieron que, con simples ayuditas para mientras tanto no se vive y que el camino, el gran camino, conduce a trabajar sin descanso - y sin cortapisas impuestas -  para asegurarse una vida decente. Nada más. Si a esa recuperación económica va aparejada una medida (despreciable, cierto es) endurecedora de las condiciones para emigrar, o un líder poco carismático o una discusión estéril e interminable sobre el destino de los dialectos en que tienen que hablar, pasa, es lo que hay.  Lo que importa es trabajar en paz. Vivir en medio de un mínimo confort (cosa que a los europeos les tomó décadas comprender) y tener derecho a que la plata que tienes en tu bolsillo sirva para comprar un sándwich y una planta de orquídeas si es que te dio por ahí y, a saber con alguna certeza que nadie te la está robando. Todo lo demás, (discúlpenme la insistencia) es accesorio: déjeme ganar – y gastar -  mi dinero como yo piense,  y yo le doy mi voto. No me convierta en méndigo de su populismo.
Al parecer, esa simplista forma de entender el asunto ha sido tomada muy en serio, por la gente seria que gobierna países llamados “del primer mundo” los que, aun con el abucheo permanente a que se someten, van convirtiendo Europa en el modelo a imitar, con todo y Grecia, el alto desempleo y las pateras que cruzan el mar mediterráneo llenándolo de muerte. Setenta años hace que terminó la más cruenta guerra que padecieron, setenta. Menos que la vida promedio de quienes lo habitan; pues bien, en setenta años, el milagro alemán no deja de sorprender a quienes lo estudian. El Reino Unido no puede parar de presumir de contar con una de las más fuertes (y estables) monedas del continente y los españoles, por mencionar solo los tres ejemplos con los que inicio esta nota, parecen ir, aun con todos sus desaguisados, en camino a salir del horrible problemón. No hizo falta más nada para acabar con los fantasmas perversos del populismo; perdón, si, en realidad hizo falta, además, convencerse de que hombro con hombro era posible dejar atrás la mortandad y el espanto de la guerra para esforzarse un poquito en adecentar esa cosa extraña que llaman la administración pública. Es cierto, como no, que apenas están comenzando, pero hay ejemplos palpables (tomados seguramente en cuenta por el ciudadano de a pie para sentir - y ejercer - un respiro): la caída del Presiden Pujol, por ejemplo, o la ley de transparencia recientemente aprobada por el Reino Unido, cuya única carencia es la exclusión de la familia real de la obligación de cumplirla. (Sé que es discutible, pero ni modo, los reyes ingleses son irreprochables. Punto). Todos los demás tienen la obligación de publicar sus cuentas de ingresos y egresos a la fecha actual. Mejor aún, los ciudadanos ingleses se pueden "agarrar de ahí" para exigir explicaciones...y lo hacen.
Sé que el tema es enrevesado, pero aun cuando la mayoría de las veces pienso que los políticos EN EL MUNDO ENTERO, son una raza completamente prescindible, hay llamadas de atención - hechas por ciudadanos - que me obligan a admitir preferencias por quienes, para bien y para mal, han comenzado a operar en sus países milagros de recuperación económica alejada del populismo que, aun cuando requieren ajustes mucho más profundos, sobre todos aquellos que resuelven o ayudan a resolver el terrible asuntillo de la corrupción, son indicadores que señalan cada vez más la obligación de andar en esa dirección.
Lo lamentable es que son ejemplos que a los demás no le sirven para nada,  nadie aprende de experiencia ajena; si lo dudamos,  demos una rápida mirada a suelo patrio aunque parezca tanto un disparate como un viraje demasiado violento: nuestro  difunto intergaláctico usó una chequera - que no le pertenecía - para comprar las conciencias del mundo y, por ese mismo desaguadero, mandó al demonio su proyecto mesiánico (hoy cuenta con un nivel de respaldo patéticamente bajo) mientras un empresario -  de éxito económico incuestionable - ve agigantarse su cuarto de hora. Parece que la realidad de la Venezuela del siglo XXI, que a propósito he dejado para el final,  puede escribirse en dos líneas, quizás por un refrán tan venezolano como la arepa: Chequera mata galán. Yo me permito agregarle, un poco en tono de consejo que,  bien llevada, consigue votos. Todos.

martes, 27 de mayo de 2014

Una Giornata particolare

La sociedad, es decir nosotros, esa especie de entelequia que según quien la nombre es, a veces pueblo, a veces colectivo y a veces, simple gentío, parece estar muy harta. Peligrosamente harta de pedirle, a quien debe hacerlo, que se ocupe de sus necesidades básicas: seguridad personal, cobijo y vida decente. Atrás parecen haber quedado los días en que institucionalidad y oportunidades de enriquecimiento, por ejemplo, entraban en ese pote. Con tener una vida en la que los sobresaltos no abunden, estamos empezando a darnos por bien servidos; y para ello, nos guste o no, estamos -  cada vez mas - echando mano de elecciones como instrumentos de castigo.
La gran utopía de todos los tiempos, por ahora, empieza a aparecer, más y más frecuentemente, como víctima del cepo. Cansados de la ineficiencia que significa y, tal vez, de la violencia que engendra, las tendencias izquierdosas del mundo comienzan a dar muestra de un desgaste, digno de mayores estudios, seguramente, que debería tener a los de por aquí en franco proceso de replanteos, si los de aquí sustentaran sus desmanes en ideologías argumentadas; cosa que, ya sabemos bien, no es posible pedir porque para eso hace falta inteligencia, asunto trivial que no abunda a la hora de, por ejemplo, sacar algo en claro de la jornada electorera que este fin de semana sacudió los establishments de una buena parte del mundo. Incluyéndonos.
Los Colombianos, para empezar con el vecino, pueden estar resintiendo tanta agua turbia proveniente de La Habana, tanta conchupancia silente proveniente de Caracas y tanto guabineo filosófico proveniente de Nariño y amenaza con dos armas tan peligrosas para Santos como para los planes expansionistas de los comunistas de al lado: una abstención mayor al 60% y una inclinación demasiado conservadora en la escogencia de gobierno que, entre muchas otras cosas, tiene que tener muy preocupado (por su significado real de derrota) a los que están en Miraflores sacando cuentas continentales.
Un poco más allá, en las lejanas Uropas o en la más lejana y convulsionada Ucrania ejemplarizante, los múltiples desaciertos del autoritario populismo con que se entiende el "socialismo de palacio" amenaza con mandar al traste el enorme esfuerzo europeísta, entronizando gobiernos de tendencia ultrosa (háblame tu de fascismo) que, si fuera yo el que pasea su porte por el Salón Ayacucho, estaría acusando el golpe rascándome la cabeza.
En suelo patrio, por no continuar revisando los efectos dañinos de una globalización en tiempos de crisis que a los de aquí no preocupa porque no entienden del todo; las cosas no pudieron estar peor: un par de inofensivos municipios convertidos en peñasco irreductible gracias al voto. Mas del 75% de reprobación a las tropelías que pusieron en la cárcel a dos alcaldes inocentes informa al gobierno que, si debe cuidarse de algo, que se cuide de unas elecciones a las que se acuda con sentido de unidad y ganas de revancha.
Los palazos recibidos por las izquierdas, urbi et orbi, mientras Su Santidad Francisco se abrazaba emocionado con musulmanes y judíos en el Muro de los Lamentos, no son de los que se curan con árnica. El mundo parece estar cambiando para dejarnos ver, probablemente, una nueva camada de errores y/o una nueva forma de construirse en tiempos donde cada vecino se aleja, a medida que lo acercamos. No, no son tiempos fáciles para encerronas comunales, ni intentos totalitarios: demasiados fracasos, a pie de urna, amenazan seriamente la sobrevivencia de la utopía constructora de un hombre nuevo y empezará más temprano que tarde a poner en entredicho apoyos fundamentales en un mundo que no acepta soledades bravuconas de poder.
Solo nos queda esperar que los señores de Miraflores hayan copiado el mensaje. Perdieron, aun cuando no todo fue derrota en su búsqueda de respaldos: su homófobo candidato a la mariquera más grande de este mundo se alzó con la corona de una noche tan linda como esta, vistiendo una fantasía moradita francamente imperdonable. El guapetón de turno hará compañía a otros faranduleros del disfraz en el andar revolucionario y tendrá su cuarto de hora. Tal vez hay una señal oculta en el oropel de los anabolizantes y las ceras depilatorias, ya sabemos que arrasan con todo lo bueno que de hombre, tiene el hombre.
Lo dicho, si yo fuera ellos, estaría asustadísimo.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Notas al despertar

Confieso que, nunca, un día después de elecciones me he sentido bien.  Alguna vez, incluso, me negué a levantarme de la cama hasta pasados cuatro o cinco días de la paliza. Jamás, en este maremágnum electorero al que nos han ido acostumbrando, he pasado buena noche después de Tibi y su barandita ni he sentido nada que no se parezca a un desconsuelo pavoroso. Para empezar, porque yo jamás he comprendido las jerigonzas de esa señora a la que le endilgan una cosa rarísima que aquí se llama Poder Electoral, como si el poder de elegir lo tuviera en sus manos un grupito de gente que uno no sabe de dónde sacó credenciales para adjudicarse el derecho.
Confieso que en mi carnet de baile, elecciones no es una pieza que me guste. Hasta ayer; a pesar de todo, hasta ayer. Hasta ayer, porque es la primera vez en que la oportunidad de elegir a una autoridad, por muy municipal que sea, se convierte en una medición de fuerzas sin precedentes, se gana con cierta holgura y es dada a conocer con certera prontitud, en un gesto que no merece reconocimiento alguno, salvo  el de haberlos vistos, por primera vez en años, sin otra alternativa que el anuncio plagado de pequeños errores anecdóticos. Ayer, aun en medio de lecturas analíticas que buscarán (porque deben hacerlo) una quinta pata al gato, los que adversamos el régimen pudimos, por vez primera, admitir públicamente una mayoría que está cansada de existir en privado: somos,  aproximadamente un 51% de venezolanos mayores de 18 años y en uso de casi todas nuestras facultades mentales (aunque no todos estemos sumados a la MUD)  Eso, lo quieran reconocer ellos o no, es un triunfo. Pequeño, está bien, pero es un triunfo. Un triunfo que llena de entusiastas esperanzas, que abre puertas y ayuda a la contienda.
No es todavía un triunfo que nos libere el camino; al contrario, a partir de ese 51% las cosas se han de poner muy difíciles. No es, perdonar, una de las tareas que el “gigante” haya dejado en herencia a sus hijos dilapidadores. No es humildad lo que aprendieron en los años de seguirlo, no es bonhomía o decencia. Todo tipo de disparates, saltándose cualquier ley a la torera, entorpecerá los espacios conquistados: nunca será tan difícil una acción de gobierno tan sencilla en apariencia, como el bienestar de quienes vivimos en territorios gerenciados por quienes, a partir de hoy, se convierten en enemigos del poder central. Hoy, la Constitución - que ellos se inventaron - pasará a convertirse en garabatos sin significado y nosotros en experimento de aguante y resistencia.  Esa entelequia inexplicable llamado estado comunal abreviará su improvisación mal pensada y la escasez de pensamientos lucidos, traerá consigo escasez de todo tipo. Aun así, estamos entrando en una fase interesante del juego. Anoche apenas se esbozaron titulares.
Las hordas de terroristas que por unas horas dejaron ver sus fauces, los cientos de motorizados que atemorizaron paisanos desarmados, el amenazante discurso escatológico de los jerarcas, las risas de guasón y el lumpen que los aúpa, dejaron de ser una amenaza para convertirse en peligro cierto; si este es el principio de algún fin por vía electoral, es bueno que sepamos que detrás de eso se viene la lucha armada. No obstante, dos victorias imposibles cimentan la certeza de que hemos alcanzado un buen nivel de desafío: Barinas, por su significado histórico – sentimental y El Vigía, en Mérida, una zona impenetrable que reúne mucho del dinero (bien y mal habido) de la zona sur del lago de Maracaibo, bastión de irreductible color rojo que anoche mudó de colores empujada por el sin sentido. Junto a ellas, una omisión imperdonable continúa poniéndole al camino un borde de precipicio: 48% de venezolanos que tienen la obligación de hacerlo, no salieron de sus casas a votar. Posiblemente, permítaseme el fácil y tendencioso análisis de mostrador, porque de hacerlo tendrían que haberlo hecho por un candidato de colorada ineficiencia; mas, aun ese caso, siempre nos quedará pendiente la respuesta a una pregunta que podría haber aumentado enormemente nuestra alegría, (o no) ¿Qué hubiese sucedido de haber tenido una participación electoral que rondara el 85%? Esa es la tarea que analistas mejor preparados tienen la obligación de resolver.
Por lo pronto, toca hacer examen de conciencia, arrimar el hombro y hacer todo lo posible para evitar que las malas mañas de quienes saben que, perdiendo el poder, pierden muchísimo más que un cargo, interrumpan esta convivencia forzada que hemos aprendido a soportar entre dos mitades de un país inmensamente dividido. Desde ahora, a pocas horas de conocer resultados de una elección que nos dejó sabor a triunfo en la boca y pasadas las horas de descanso, habrá que fajarse como los buenos. Yo solo espero que sepamos hacerlo.

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